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Espacios de Porosidad: Arte Lumínico 3

25.04.2013 | 09:01

Me decía el artista Luis Chacón -quien junto a Sebastián Mello (director de la Galería Nacional) fue el curador de la muestra Arte Lumínico 3, expuesta durante abril 2013 en ese espacio del Museo de los Niños, San José, Costa Rica-, que la fotografía de una de las salas parecía una de las tiendas ALTEA, distribuidores en Costa Rica de diseño contemporáneo. Para mi el diseño es el arte de este siglo, un arte para el cotidiano, que el producto en cuanto a técnica, tecnología y funcionalidad activen la vida del usuario, que le sean útiles, pero también lo sumen en una profunda contemplación de la producción cultural de nuestros tiempos. Una silla salida de la fábrica, ensamblada, equilibrada, que cumpla con los estándares de producción internacionales –aunque esta afirmación atice la polémica-, es una obra de arte.

Vista parcial de la muestra con la pieza “Modelos de geometría intuitiva” de Luis Fernando Quirós, tejido en origami de papel pergamino y dibujos; al lado la pieza de Herbert Bolaños “Descanso y luz”. Fotografía cortesía de Rodrigo Rubí. 

Al visitar las salas de exposición quizás no me interesé comentar todo lo exhibido, en tanto siempre hay piezas que no me motivan nada, pero quiero decir que de las tres ediciones (la primera realizada en la Galería García Monge y la segunda en la misma Galería Nacional, esta tercera alcanza mayor cohesión y algunas me anclan por su producción técnica, utilización innovadora de mecanismos lumínicos, materiales y cómo fueron usados, así como el impacto perceptivo al cual se expone el espectador.

Rodrigo Rubí, “Fulguris Vallem”, 2013. Fotografía cortesía del artista. 

Me encantó la pieza de Rodrigo Rubí “Fulguris Vallem”, caja lumínica con un ensamble de fotografías aéreas de la ciudad bajo una tormenta nocturna, lograda con diodos luminiscentes; anima el parpadeo lejano de la urbe que son todas, la que jamás duerme y advierte el bullir de fuertes vivencias humanas, incluso, ante el asecho de la misma naturaleza.

Herberth Bolaños, “Descanso y luz”, 2013. Fotografía cortesía de Rodrigo Rubí. 

“Descanso y luz”, es un sillón luminoso de Herberth Bolaños, acuña el sentido de “sentarse sobre la luz”, sin embargo, solo es una metáfora en tanto alguno de los visitantes a la exhibición no cedió al deseo de hacerlo y reventó la delicada piel de papel de arroz japonés que acuerpa la forma del asiento con su estructura de alambre. 

Luis Chacón, “Cascada”, 2013. Fotografía cortesía de Rodrigo Rubí.

De Luis Chacón me queda la transparencia y luminosidad del papel hecho a mano con inserción de reminiscencias de la naturaleza sobre la superficie de una larga tela de apariencia metálica, entre la cual vertió las surgentes de luz para que fluya la idea de aquella cascada azul que impacta el silencio y oscuridad de la sala. 

 Iris Terán, “Planeta en lágimas”, instalación 2013. Fotografía cortesía de Rodrigo Rubí

En la pieza “El planeta en lágrimas”, de Iris Terán, nos sume en la idea del contenedor del llanto, iluminado con luz negra; es una instalación muy sutil aumentada por la sensación del espacio, de la meditación interior por un entorno violentado y en peligro como es el de la Tierra.


 

Carolina Matamoros, “Y ahora!!! Qué me pongo???”, 2013. Fotografía cortesía de Rodrigo Rubí. 

Carolina Matamoros presentó “Y ahora!!! Qué me pongo???” Se trata de una construcción de tejidos en materiales blancos, transparentes, de fuerte textura táctil e impacto visual; estimula al espectador a acercarse y disfrutar la visión de lo que se tiene, como la memoria, pero que de repente desvanece.


 

 Loida Pretiz, “Sin nombre. Con luz”, 2013. Fotografía cortesía de Rodrigo Rubí. 

Loida Pretiz elabora un ensamble con su acostumbrado uso de maderas, en este caso pintadas para ejercer tensión interpretativa con el particular uso de las fuentes de luz, también en color; uno se detiene ante la interrogante de qué habrá más, qué otro argumento propone anudar la artista, sin embargo ese es el arte: un acertijo que nos motiva a andar y recorrer las salas expositivas volviendo cada vez que se pueda, a retornar la mirada hacia “Sin Nombre. Con Luz”.

Arte Lumínico 3, vista parcial. Fotografía cortesía de Rodrigo Rubí. 

Los recursos visuales y creativos, como se dijo, son abundantes: proyecciones, instalativos, escultóricos, ensambles, cada uno acuerpa un sentido que quizás no detone en ese momento de la visita en nuestra conciencia crítica, ni registremos todos esos motivos que atañen a la memoria, pero que encadenan lo que para los artistas significa la luz, en la alternativa de crear no solo con su aspecto físico, sino con su inmaterialidad.

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Luis Fernando Quirós

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Mariana Castillo Deball en Teorética/CR

02.03.2013 | 10:14

Los estudiosos de los antiguos manuscritos mesoamericanos, como el llamado “Códice Borgia” (“Yoalli Ehecatl” en lengua náhualt, encontrado en el Valle de Teohuacán, enviado a España y de ahí a Italia en el Siglo XVI), definen su existencia en el atributo de retener el tiempo y plasmar la historia; fueron usados por esos pueblos ancestrales como objetos de celebración o contemplativos de sus formas de cosmovisión.
La artista Mariana Castillo Deball (México 1975) radicada en Berlín, con su propuesta El donde estoy va desapareciendo –intervención expuesta en una de las salas de Teorética, San José, Costa Rica, inaugurada el 28 de febrero 2013-, lo traduce a una producción cultural donde el espectador como receptor universal puede sentir el paso de un tiempo sin métrica -sin siglos, sin años, meses, semanas, días, horas, minutos, segundos-, pues el todo atañe a una noción de lo excelso o cualitativo, en tanto lo cuantitativo se desvanece, desaparece, pero que la artista, en esta construcción simbólica lo sujeta, y por ello, el arte persiste en esos poéticos trazos, tan propios de las manifestaciones actuales, y en un video que –como toda la muestra en sí misma-, es un continuum de imágenes animadas que entran, son advertidas por la mirada la cual las registra para agregarlas a la memoria personal y cultural, pero desaparecen, lo único que cambia son los lenguajes verbales traducidos al náhualt, al español, al italiano, al alemán, al inglés, voces que nos mantienen observando lo que se ve o confronta y que permanece en esa cartografía de datos visuales traídos desde el códice.

Vistas de la Sala. Foto LFQ.

Mariana Castillo Deball, El donde estoy va desapareciendo. Foto LFQ

La artista explica que el códice original, pintado en piel de venado –una técnica ancestral utilizada para estas proto-escrituras-, fue descubierto por el interventor de la inquisición romana el Cardenal Stefano Borgia probablemente en el Siglo XV, quien lo depositó en la biblioteca vaticana, donde se resguarda hasta nuestros días. Se tiene conocimiento de este registro histórico sobre las culturas que poblaron la gran república mexicana, gracias a que en 1805 Alexander von Humboldt incluyó su existencia en sus escritos. En las investigaciones para la creación de esta propuesta, Castillo Deball conceptualiza su narrativa simbólica que exhibió por primera vez en la Bienal de Venecia 2011, y en la Documenta 2012, de Kassel, Alemania.

Mariana Castillo Deball, El donde estoy va desapareciendo. Fotos LFQ

Porosidad del recorrido
El acceso a la sala de Teorética está marcado por un mapeo de signos o puntos que en mi caso personal son un activador perceptivo y emocional que me desafían a interpretar, a consumirme en las aguas de los significados. Al preguntarle a la propia artista lo que representa para ella este recurso del signo, responde que en el códice los puntos existen, que son abundantes; pero, aunque no me conecta con lo que yo quería escuchar, sí despierta la libertad de extrapolar la transparencia de los bordes del significado, y dar rienda suelta al libre ejercicio de ser espectador delante de la propuesta.

Mariana Castillo Deball, El donde estoy va desapareciendo. Vista del video. Foto LFQ

En el primer ángulo, ella trazó una estructura compuesta por una buena cantidad de dichos puntos proyectándose a todo el conjunto, acrecentando tensiones, ópticas e interpretativas, marcando sugestivamente el espacio donde se mueve el observador. En la pared opuesta, pintó de negro un cuadrado con un punto blanco central, quizás como indicación de salida o entrada o de sumirse aún más en el agujero del tiempo o no-tiempo. Este componente gráfico carga al recinto de sensaciones de atracción y/o repulsión: es un ente de mínima expresión sin embargo potencia los sentidos que atraen ( fuerzas centrífugas) o repelen (fuerzas centrípetas) y que –como dije-, permea de actividad a lo circundante para que suceda un algo más que el simbolismo narrativo de la aludida traducción del símbolo de la cultura mexicana; se trata de un algo que no sea mera suma de componentes sistémicos: trazos, imágenes, conceptos, proyección, voces, acentos, sino una fuerza capaz de acrecentar la relación, yuxtaponer o superponer sus ámbitos de cohesión.

Mariana Castillo Deball, El donde estoy va desapareciendo. Foto LFQ

Una lectura no lineal
El sentido de universalidad y la no linealidad de la arqueología y antropología moderna, nos instiga a mirar desde otros ángulos o perspectivas, para extender su inconmensurable sentido de observación -como el propuesto por esta artista mexicana que hoy se presenta en Teorética con una muestra ataviada de matices creativos y conceptuales. La artista traza el contorno de la piel del venado y éste es un actor más en la escena, como lo es el mono, el lagarto, el ave, la serpiente, el sol, la lluvia, el rayo, el fuego…, y todo ese imaginario presente en el arte mesoamericano. Dibuja en el conjunto una mano que sostiene uno de estos entes geométricos, pequeño gesto que desata en mi caso personal la sed de saber más, y por ello puedo decir también que la muestra me sumerge en las aguas del río de la interpretación, que aunque siempre son agua nunca son la misma.


Mariana Castillo Deball, El donde estoy va desapareciendo. Foto LFQ

Una de las imágenes en particular representa la transportación del códice y su inserción en la cultura europea, otra la trasposición cultural que demuestra la (des)información que prevalecía en un tiempo no tan lejano cuando se creía que todo ese legado pertenecía al arte de los egipcios pero no al local. Castillo Deball reescribe poéticamente los acontecimientos para afirmar que “El donde estoy va desapareciendo” es otro espacio, noción desmaterializada de la propuesta para motivarnos siempre a buscar, en tanto lo encontrado no reta más, y para crear en arte contemporáneo necesitamos siempre del desafío.

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Luis Fernando Quirós

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3 Salón Anual de Fotografía

06.10.2012 | 10:28

Lo fotográfico, hoy en día, ante la innovación tecnológica que aventaja la cámara fotográfica, donde el amplio domino de lo digital redimensiona el escenario de la imagen, en contradicción pareciera entrar en crisis cuando todo mundo se cree diestro en esta forma de creación visual; digo, crisis en el sentido de que el artista fotógrafo requiere marcar la diferencia, en tanto ya él –como profesional del campo-, anduvo por todos esos recodos del oficio que lo hacen, lo forman y transforman a cada momento. Hacer fotografía no es lo mismo que tomar fotos, e intentarlo tal vez con una cámara profesional o hasta con la camarita del celular; hacer fotografía requiere pensamiento, como expresa Jorge Luis Ramírez de la Fundación IMAGO en el brochure de la muestra: “Es hora de darnos cuenta que la mejor cámara es el cerebro”.

Damaris Betancourt, Cuba. Fotografía cortesía de IMAGO.

René Peña, Cuba. Fotografía cortesía de IMAGO.

Tercer Salón de la Imagen
El pasado mes de setiembre de 2012 se realizó en el país el Tercer Salón Anual de la Imagen, organizado por la Fundación IMAGO, en la Galería Nacional de nuestra capital San José. Constó de dos salas, la primera, curada por Juan Antonio Molina, se título “El Baño, la fotografía Contemporánea, entre lo Público y lo Privado”, con artistas internacionales como Abigail Gonzales de Cuba, Alinka Echeverría de México, Arelí Vargas Colmenares de México, Cia de Foto de Brasil, Damaris Betancourt de Cuba, Daniela Edburg de México, Eduardo Muñoz de Cuba-USA, Jorge Sáenz de Argentina-Paraguay,  Katiuska Saavedra de Cuba-México, Marcos López de Argentina, Melissa Valenzuela de México, Omar Gámez de México, René Peña de Cuba, Roxana Naguigueller de Costa Rica, Yolanda Andrade de México, Fernando y Gerardo Montiel Klint de México, Francisco Mata de México, Pedro Meyer de México, Joan Fontcuberta de España y Mariana Do Vale.

Baño Dorado y Bordes, Muestra El Baño. Fotografía cortesía de IMAGO.


Jorge Sáenz, Ducha en Reclutamiento. Fotografía cortesía de IMAGO.

En la segunda sala se exhibió “San José, Ciudad de Contrastes” curada por Jorge Luis Ramírez, con artistas que producen su obra en el ámbito local como Anel Kenjekeeva, María José Torres, Gretel Monge, Lidilia Arias, Mario Acosta, Mariela Víquez, Luis Gutiérrez Rubino, Jeffrey Arguedas, Isaac Martínez, Priscilla Castro, Victoria Cabezas, Walter Rojas, Julia Murillo, Luis Diego Matarrita, Elías Marín Lara, Carlos Antonio Gutiérrez y León Reyes.

Mariela Víquez, San José Ciudad de Contrastes. Fotografía cortesía de IMAGO.

Elías Marín, de la serie Cronotopias. Fotografía cortesía de IMAGO.

“El Baño”
Impacta, esta muestra curada por Juan Antonio Molina, en tanto acuden una serie de visiones e interpretaciones acerca del significado de ese recinto íntimo o público, que, en la muestra, son espacios lúdicos donde tiene cabida la metáfora en la vivencia cotidiana de usarlo para limpiar el cuerpo, pero además visto desde la noción del tiempo -otra forma de intersticio para la remembranza o internamiento existencial donde reflexionar sobre el gozo de vivir, o en situaciones incluso el discurso atañe a la fatídica muerte que acecha a nuestras espaldas.
Es impresionante la foto del cubano René Peña por tanto silencio, extrañamiento y pensamiento de todo aquello que acude al terreno de la fotografía, que no es pueril captura de una imagen sino que dicho recinto se vuelve laboratorio de situaciones sociales, culturales, míticas o vividas desde el ser, un alguien dentro que vive, goza o quizás hasta fenece. La propuesta de este veterano de la fotografía cubana posee distintos ángulos para ser vista, de ahí la riqueza de sugerencias estéticas que la resaltan. Disfruté la pieza de la también cubana Damaris Betancourt en la cual el recinto de baño quedó aislado en medio de un paisaje desolado y hasta abatido por esos temporales de la vida: No por la apariencia de un día soleado todo sea pasajero o rutinario, tal vez –volviendo a la pieza de Peña-, exista aridez, sequedad, desierto, soledad que nos instiga y mueve recordar. También me detuve a valorar la fuerza que detona el uso del blanco y negro en “Ducha en reclutamiento” del argentino-paraguayo Jorge Sáenz, porque es otra manera de deleite del desnudo en este caso el masculino situado bajo las aguas, signo que alude a otra manera de limpiar el cuerpo abatido por las contingencias y el no saber de los tiempos actuales. Fue una muestra para ejercer el grado de libertad que nos motiva el rol de espectador, quien llega a colmarse para recordar y sentir el impacto de esa huella en la memoria, que –como he repetido en mis comentarios de arte-, revuelca las aguas del río de la interpretación en el instante de visitar la sala, pero de vuelta a la vida de cada quien esas aguas apacientan, la turbiedad cede, y la claridad trae la comprensión cuando la mirada se posa en la virtud de sus fondos.

Lidilia Arias, San José Ciudad de Contrastes. Fotografía cortesía de IMAGO.

San José Ciudad de Contrastes
Como en toda visión de la urbe, el curador mezcló algarabía y regocijo -como en la pieza de Lidilia Arias-, pero también el antagonismo de tener que situarse al margen, ante el embate de la ofuscación y el desenfreno que acecha el entramado de la metrópoli actual. La ciudad es como una enorme pantalla donde detona la tensión social y proyecta lo infundado por el mercantilismo actual, los símbolos y mercancías de una sociedad consumista que ve por todo mitos y vaguedades; el asunto central es que nos ha tocado vivir épocas de una levedad que engorda, y una aparente salud que mata.


Priscilla Castro, ST. Fotografía cortesía de IMAGO.

En mi caso personal, como perceptor de estas propuestas del Tercer Salón Anual de la Fotografía, más que disfrutar el despliegue de técnica y demostración de buen manejo de recursos fotográficos y tecnológicos que tiene a su haber el fotógrafo en la actualidad, me anclan aquellas propuestas de minimalismo conceptual y formal; aquellas otras, las elaboraciones “magistrales”, aunque dicen mucho e impresionan no me inquietan ni motivan a detenerme para intentar apaciguar dichas aguas de la interpretación. Me encantó, por ejemplo, el ensayo fotográfico de Mariela Víquez que dentro de aquel terrible silencio y vacío bajo los puentes de las autopistas que llevan a la urbe y -por la situación que aqueja a muchas personas en esta sociedad, sobre todo la mujer-, entre la oquedad de esos espacios solitarios la artista puso su pensamiento para hacer mover un signo quizás reivindicador.


Jorge Luis Ramírez, Templo Hamburguesa. Fotografía cortesía de IMAGO.

Es memorable que el mes de setiembre sea tomado por los fotógrafos para mostrar sus investigaciones y creaciones de la imagen, como esta muestra en la Galería Nacional, y, no muy lejos, allá en la Universidad Véritas, otras muestras de fotografías agitan las aguas en espera de que la mirada del perceptor las apacigüe.

 

 

 

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Luis Fernando Quirós

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