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Las Dormidas 01

08.03.2011 | 12:45

A orilla de las carreteras, en el tránsito por los cordones umbilicales que cosen ciudades con ciudades parecidas, esos que Augé llamó los "no-lugares", emergen hoy estructuras de hierro herrumbrosas, en diversas combinaciones de verticales y horizontales, memoria de mensajes publicitarios en el olvido. A la velocidad del automóvil, los paisajes se suceden unos a otros: enormes superficies de trigo bailando sin prisa; infinitos ejércitos de olivos trepando por las lomas; verdes mares norteños entre blancos jirones.

Y jalonando la vista, el recuerdo convertido en azarosa escultura metálica, el esqueleto de algún mensaje publicitario que no sobrevivió a su soporte. Y es tanta la emoción de esos restos de valla, en equilibrios en ocasiones imposibles, encuadrando  retazos de esos paisajes, que uno gustaría de llevarse estos gigantescos objets trouvées al patio de su casa, (siempre que uno tuviera la fortuna de vivir en una casa con patio.)

El recorrido va hallando así una serie de puntos de referencia situados estratégicamente, desde un punto de vista comercial, y que con la pérdida de su uso original y sus referencias se convierten en un mar de posibilidades.

¿En qué se pueden convertir estos hitos del camino, desnudas masas de hierro, abandonados mensajes de progreso?

Hace algunos años, y a la puerta del recinto ferial de Madrid donde se celebraba alguna edición de ARCO, me crucé con unos operarios que se afanaban en montar un cartel de una valla convertida en enorme espejo reflectante. La imagen de aquellos  hombres, sobre su plataforma elevadora, luchando por fijar el mensaje sobre aquella enorme superficie incendiada de luz, fue la que me llevé en la memoria de la feria.

Etienne Boulanger introdujo, en algunas de las pocas zonas desocupadas de la ciudad de Berlín, entre Mitte y Kreuzberg, vallas publicitarias. Su hotel de una habitación, ponía en valor los espacios marginales e intersticiales dentro de las tramas urbanas, y se convertía en un ejercicio arquitectónico que se valía de la valla publicitaria para la viabilidad económica del microedificio.

Alquilando sus fachadas, este single room hotel hacía frente tanto al alquiler del terreno sobre el cual se asentaba como a su completo equipamiento. Descubrí este proyecto en el fantástico libro Spacecraft 2. Imprescindible.
 

Estas navidades, hace apenas un suspiro y ya estamos en Marzo, un servidor recibe una felicitación tardía bajo el título de propuestas contra la crisis del estudio madrileño de arquitectura modulab. Y uno reconoce la mano del gran Pablo Saiz en los dibujos de unos monopostes publicitarios convertidos en viviendas autofinanciables.


Una vivienda de 36m2 y 18m2 de terraza que genera unos ingresos de 1500€ al mes. Si vivimos en un mundo capitalista, reza la tarjeta, ¿por qué no vivir dentro de un anuncio?

Y, ¿por qué no?

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Espacios de Viaje

Alberto Marcos

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