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Experimenta Milano. Experiencias de arquitectura y diseño desde Milán, entendiendo Milán como un planeta cuyos movimientos de rotación y traslación están guiados por el eje ... [+]

Art and the city

19.12.2010 | 15:36

La Torre Eiffel es a París lo que el Duomo es a Milán, podríamos también decir que las ramblas son a Barcelona lo que la galería y el corso Vittorio Emanuele son a esta ciudad Nord-italiana, y si Londres tiene su Buckingham Palace, Milano ha il suo Palazzo Reale que nada tiene que envidiarle. La diferencia que encontramos desde un punto de vista urbanístico es que todos estos lugares de gran interés cultural e histórico de la capital Lombarda, definen un espacio estratégico en la composición del centro de la ciudad y distan pocas decenas de metros los unos de los otros, ordenados escrupulosamente delimitando la plaza del Duomo (catedral), que si queremos seguir utilizando comparaciones, podríamos definirla como una plaza mayor madrileña rodeada por un palacio de Buckingham al sur, unas ramblas comerciales al norte, una catedral que se ha convertido en el símbolo de la ciudad al este y una luz maravillosa que produce la caída del sol sobre la meseta padana al oeste. 

Dicho esto entendemos que no sea casualidad que el arquitecto milanés Italo Rota (junto con el arquitecto Fornasari) haya querido hacer del recientemente inaugurado museo del novecento (siglo XX) un lugar donde la vasta colección de arte albergada en su interior haga continuos y multidireccionales guiños de ojo a la ciudad que le rodea. 

Photo by Vittorio Zunino Celotto/Getty Images Europe.

La fachada del palacio Arengario ha sido solamente restaurada, mientras que el verdadero proyecto arquitectónico ha revolucionado (casi literalmente) el interior del edificio: una espiral encastrada en la parte más cercana a la plaza invita a los visitantes a comenzar la ascensión hacia el descubrimiento de lo que fue el arte del siglo pasado, con especial énfasis en el arte italiano. 

La espiral nos permite mantener un constante contacto visual con la plaza gracias al muro cortina que la aísla del exterior. A su vez sirve de acceso a la tienda del museo y a las diferentes galerías para finalmente desembocar el bar restaurante situado en la tercera planta.  

Los cerramientos vítreos ofrecen un panorama espectacular que invita a que nos sentemos en la barra donde se preparan los más reconocibles cócteles milaneses, antes de disfrutar de una comida con vistas al Todo: Duomo, Galería, Palacio Real, en definitiva, a la ciudad.    

Volviendo al punto de unión entre la espiral y el primer piso del museo, encontramos una primera sala con el arte de la Vanguardia, con obras de artistas que van desde Kandinsky hasta Picasso. En sucesión lineal encontramos la sala de las columnas, que hace de templo al movimiento futurista, que alcanzó su máximo esplendor en esta ciudad. Aquí las paredes han sido revestidas de tejido, como si pretendiesen amortiguar el impacto de las obras, a la vez que calentar el ambiente más bien frío producido por el mármol de las columnas que dan nombre a la sala. Comenzando por Boccioni, encontramos también a Balla y muchos otros como Severini, Sironi o Soffici. 

Continuando la visita encontramos un sistema confuso de escaleras mecánicas que nos conducen hacía el arte de los años 20 y 30, representados principalmente por retratos de Carrá e Guidi, esculturas de Melotti y Martini, hasta llegar a los lienzos de Morandi o De Chirico.
Además el museo está conectado con el Palacio Real a través de una pasarela externa, suspendida sobre la calle que separa ambos edificios.

La parte más alta del edificio o salón de la torre está dedicada al artista Lucio Fontana. Resaltan en este espacio el emblemático neón colgado del techo, diseñado en 1951 para la Triennale, visible desde la plaza que, a su vez, es contemplada por los visitantes que toman fotografías de la galería desde las alturas. El techo de esta sala es también obra de Fontana y proviene del Hotel del Golfo, en la isla de Elba (Toscana). 

El recorrido continua de la mano de Burri (gran experimentador de la materia), pasando después por el arte pop italiano, la pintura analítica y terminando con el arte pobre.

Estoy yo de acuerdo con Massimiliano Finazzer, asesor de cultura de la ciudad, cuando dice que la principal característica de este proyecto es la ausencia de discontinuidad entre el espacio museo y la ciudad. Su arquitecto, Italo Rota, afirma que el proyecto se trata de un teatro de la memoria, por lo que ha buscado mantener un carácter al estilo collage, entendiendo la arquitectura como un acompañamiento para las obras, pero también como una gran instalación contemporánea. 

Cabe solo añadir que los espacios han sido diseñados ad hoc para las 400 obras, con mayor o menor acierto según los casos, distribuidas en los 3500m2 que forman la superficie de exposición que resume lo que fue el arte del siglo pasado desde una perspectiva italiana.

La visita es gratuita hasta el 28 de febrero de 2011. Para más información: http://www.museodelnovecento.org 

Fotografías de Alfonso Martínez Vega.

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Joven y arquitecto, difícil pero cierto.

05.12.2010 | 08:05

Milán es una ciudad en la que fijar el límite de edad que diferencia la juventud de la madurez resulta casi imposible.

Pongamos un ejemplo práctico para explicar a lo que nos estamos refiriendo. En un apartamento compartido por tres jóvenes profesionales encontramos la siguiente situación: Uno ha estudiado bellas artes, tiene 28 años y aún hace prácticas en una galería de arte porque se le considera demasiado joven para hacerse cargo de una galería por si mismo, otro es modelo, tiene 24 años y algunas de las firmas más famosas que le impulsaron en la escena milanesa ya no le contratan porque es demasiado mayor, el tercero tiene 30 años y es arquitecto, o eso dice su título universitario, porque en lo que a la búsqueda de trabajo se refiere, parece ser que si no tienes un buen número de años de experiencia no optas a los puestos de arquitecto.

Y yo me pregunto, ¿Se puede llegar al “estatus” de arquitecto antes de los 40? La respuesta parece ser afirmativa, es más, parece ser que dentro de la especie del homo arquitectus se nos considera especialmente jóvenes. Esta reflexión surge después de visitar la exposición proyectos de jóvenes arquitectos italianos, inaugurada el jueves pasado en el pabellón satélite de la Triennale de Milán – Triennale Bovisa (aunque sita en la periferia milanesa, se encuentra a unos 10 minutos en tren de la sede principal) que recoge 80 proyectos de arquitectos italianos menores de 40 años.

Entre los 80 proyectos seleccionados encontramos algunos tan ingeniosos e interesantes como la Eco-Cúpula de bambú del arquitecto Mauricio Cardenas Laverde, en la que el bambú viene utilizado a forma de listones unidos por juntas de acero y neopreno creando una geometría geodésica compleja (la estructura puede resistir una carga de hasta 30 veces su peso), ligera, versátil y moderna.

Cristales modelados con la posibilidad de integración de paneles fotovoltaicos y módulos de tejido traslúcido completan la cubierta. La cúpula fue presentada dentro de los eventos que dan vida al fuorisalone en la semana del diseño milanés.

El estudio Traverso/Vighy presenta un particular proyecto de adaptación de una arquitectura existente en estudio para un diseñador en Vicenza, Italia.

Estructuras nuevas que transforman un pequeño edificio de los años 50 el cual mira de forma privilegiada al verde urbano que recorre la orilla del río. Los cuerpos adjuntos entran en contacto físico con el edificio existente modificando la organización interna.

La exposición está compuesta por una serie de estructuras modulares hechas con barras de acero de construcción en la que cuelgan los paneles que muestran los proyectos, así uno de los elementos más comunes de la construcción se convierte en el hilo conductor de la red que liga el trabajo desarrollado por los diferentes autores.



Recorriendo los pasillos creados por estas estructuras de acero encontramos un proyecto particularmente interesante construido en España. Se trata del pabellón y jardín en Monjuic, Bacelona, del estudio Fondarius Architecture.



Un sistema de plataformas es el punto de partida del proyecto.
Dos muros abrazan el jardín, uno antiguo, construido a forma de muralla con la típica piedra del lugar, y uno nuevo de pizarra que reviste el volumen de la construcción existente.



El pabellón es descrito por sus autores como ligero, diáfano, abierto completamente hacia la ciudad, transparente de forma y materiales, aún cuando la presencia de un gran salto en la cubierta y de un muro ciego que contiene todas las instalaciones transmiten protección e intimidad.

Con un par de horas entre los proyectos de estos jóvenes arquitectos comprendemos que la arquitectura es una profesión que requiere de años de experiencia, pero que desde el inicio de su práctica genera ideas y proyectos muy interesantes.

La exposición permanece abierta al público hasta el 9 de Enero de 2011.
Junto con la exposición tendrán lugar una serie de conferencias y la publicación de dos volúmenes del libro “Progetti di giovani architetti italiani”.
Para más información: http://www.bovisa.triennale.org/


Fotografías de Alfonso Martínez Vega + Area prensa de la Triennale.

Gracias a la Triennale por su colaboración.
  

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Una pausa en el espacio de Pawson

23.11.2010 | 12:38

El manifiesto milanés se desplaza temporal y geográficamente para convertirse en manifiesto londinense, y es que la exposición dedicada a John Pawson por el Design Museum de Londres bien merece una pausa.

La experiencia comienza en Tower Hill, la estación de metro más cercana al museo. Apenas emergemos nos encontramos la Torre de Londres seguida por el famoso puente “comprado” por un americano el siglo pasado, que deberemos atravesar para encontrar, girando a la izquierda al alcanzar la orilla sur del Támesis, el Design Museum o museo del diseño de Londres. Exposición: Plain Space, del arquitecto John Pawson.

plain [plein]
adjetivo
1 claro,-a, evidente
2 simple, sencillo,-a

space [speis]
nombre
1 espacio, sitio

Que los espacios diseñados por Pawson son claros y evidentes es seguramente reconocido por todos, pero que sean simples o sencillos es algo que desde mi punto de vista es muy discutible, porque, según mi opinión, a menudo encontramos la mayor complejidad en las formas aparentemente menos complicadas. Y es precisamente esta sencilla complejidad la que se hace evidente en la segunda planta del museo del diseño de Londres.

Plain Space celebra la carrera de Pawson desde principios de los 80 hasta hoy e incluye una selección de edificios-monumento encargados al arquitecto inglés como el paso Sackler de los jardines botánicos reales de Kew, Londres, o el nuevo monasterio cisterciense de Nuestra Señora de Novy Dvur en la República Checa, además de proyectos actuales y futuros. En el corazón de la exposición encontramos un espacio a escala real realizado a propósito para la ocasión y el lugar, diseñado por Pawson con el objetivo de ofrecer una experiencia arquitectónica directa que sólo se alcanza mediante la inmersión en el propio espacio.

Desde el exterior uno comienza a entender el interior a través del tejido que cierra una de las 4 paredes; observamos a las personas entrar, moverse, detenerse, sentarse y salir por el hueco de la pared opuesta, cuyo espesor está recubierto con cristal opaco blanco retro iluminado por neones, al igual que los dos bancos “flotantes” alineados con cada una de las paredes restantes. El espacio, completamente blanco a parte del suelo, está rematado cenitalmente a forma de bóveda, lo que da al visitante un cierto sentido de infinidad.

Los proyectos principales que identifican la carrera de Pawson vienen expuestos siguiendo una fórmula sencilla y eficaz: una fotografía de gran formato del proyecto construido y visto en su contexto, con el título y localización a un lado, y varias fotografías de los interiores en formato pequeño al otro, completando la composición dos paneles de aproximadamente 1m x 1m que muestran los materiales principales del proyecto.

De esta forma se nos permite tocar el bronce, la piedra de lava, el granito, las maderas y el resto de los materiales que caracterizan la arquitectura de John Pawson. Para los que defendemos que es el conocimiento de la materia el que permite proyectar de forma precisa y acertada, el hecho de poder tocar los materiales de los proyectos que vemos colgando de las paredes del museo añade un valor enorme a la visita y nos ayuda significativamente a entender las decisiones del arquitecto.

Sackler Crossing, Kew gardens, London, 2006. Bronce y piedra de lava.

Baron House, Suecia, 2005. Madera negra de Falun y Zinc corrugado.

Apartamento Mar del Norte, Belgica, 2009. Piedra de lava y onix.

En 2001, Vanity Fair publicó un ensayo de John Pawson acerca del teatro Armani de Milán, proyecto del arquitecto japonés Tadao Ando, en el que explica que ya con catorce años se dio cuenta de que “la arquitectura que te hace sentir algo es la verdadera arquitectura”. Yo estoy de acuerdo con su afirmación y me atrevo a añadir que la arquitectura de Pawson es verdadera arquitectura.

Hasta el 30 de Enero de 2011 en el Design Museum de Londres.
Más información en http://designmuseum.org/


Gracias a Ashley Woodfield y al Design Museum por su colaboración.
Fotografías: Alfonso Martínez Vega
 

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