Blog de José Manuel Mateo

Cotidianidad del Diseño Industrial
La cotidianidad del diseño industrial se compone de muchas pequeñas cosas. Rutinas, pensamientos, decisiones, ideas y labores que en su conjunto conforman la realidad del ... [+]

Un mundo feo, ¿Un diseño pésimo?

08.05.2011 | 07:10

Un domingo como cualquier otro. Me levanto temprano para aprovechar el día. Hoy hace más sol que días anteriores. Salgo temprano a comprar el pan, la prensa, leer, tomar café,…. Pero hoy, quizás más sensible que otros días e inmerso totalmente en mi propia deformación profesional, paseando por mi ciudad he advertido que el mundo que me rodea (no utilizaré ningún eufemismo) es FEO.

Esto no es nuevo para mí, ya tenía consciencia de ello, pero hoy se me ha mostrado de forma especial, lo he mirado con otros ojos. Puede ser que mi mirada haya evolucionado un poco más… o "involucionado". A veces estas cosas no se saben si son para bien o para mal. Es como aquello de que la ignorancia, siendo en general algo negativo, es a veces el mejor estado posible.
Para mi propia tranquilidad seguramente mañana volveré a mirar de forma habitual y el mundo, aun siendo feo, será menos feo seguramente por estar habituado a él y es que a todo se acostumbra uno.

Hoy me han abordado farolas descompensadas, papeleras aburridas, bancos sin ergonomía, fuentes sin sentido y sin agua (que es casi peor).
Al comprar la prensa, en el estanco, me han invadido decenas de displays, expositores y otros artefactos que parecían venir de otro planeta. Esta invasión se ha hecho extensible en la panadería, en el bar y en el quiosco. Nos están colonizando extraños objetos totalmente ajenos a nosotros y nuestro mundo natural.

Viviendas mal orientadas desaprovechando la luz y los recursos. Parques oscuros, desorden y arbitrariedad, urbanismo laberíntico y complejo. Información gráfica y visual escandalosa que provoca una gran contaminación cromática y comunicativa….
Quizás el mundo es simplemente un reflejo de lo que somos y quizás no nos merecemos otra cosa. Pero estoy seguro que podemos mejorarlo, y es nuestra obligación como profesionales del diseño industrial hacerlo. De esta mejora depende que nos sintamos (los seres humanos) a gusto, cómodos, protegidos y felices en nuestros contextos sociales y de vida.

La naturaleza es el patrón ideal seguido y deseado por todos desde siempre, es armónica, rítmica y bella. Nada desentona por encima de otras cosas y todo está perfectamente integrado. El ser humano, desde todos los tiempos, ha intentado imitarla bajo su consciencia mimética pero esta acción ha chocado normalmente con una malísima labor de copia consiguiendo precisamente el efecto contrario y ha creado cosas antinaturales en vez de crear algo artificial ligado a lo natural.

La belleza no es subjetiva, ni en su contemplación ni en su reconocimiento, aunque muchos puedan pensar lo contrario y hasta que no reconozcamos esto no lograremos cambiar el mundo en este sentido.
La belleza se sustenta en la estética de las cosas y la estética no es el resultado formal de los objetos como erróneamente se suele pensar, nada más lejos. La estética es la percepción de las cosas bien hechas, bien compensadas, debidamente estructuradas en todos los sentidos. Es armonía e integración por encima de todo.
Así pues un mundo estético es en realidad un mundo compacto donde nada destaca y donde todo tiene su propio papel y función. Es un mundo un poco más perfecto.

En el lado contrario, nuestro entorno actual fabricado por nosotros. Nuestras ciudades que están llenas de cosas que destacan. Y destacan precisamente porque son feas, carentes de estética, y porque no están integradas. Destacan esos edificios sin sentido que se acercan al cielo en un contexto de casas bajas, destacan modernos artefactos de materiales espaciales al lado de objetos sencillos de madera, luminarias públicas que nada tienen que ver su entorno y destaca todo aquello que no ha logrado integrarse de forma natural.

Siempre he pensado que el mejor diseño es aquel que pasa desapercibido. El mejor diseño en realidad creo que es aquel que el usuario interpreta como algo natural e ideal y ese diseño, esos objetos, ese entorno artificial se integra normalmente en nuestro espacio de forma natural confundiéndose con el entorno más próximo.

Los diseñadores somos conscientes de que cualquier objeto ha de ser “pensado” antes de ser producido, es decir que todo nuestro entorno artificial tiene siempre un culpable de forma forzosa. En mayor o menor medida tiene siempre diseño esté realizado correctamente siguiendo una metodología que busca un fin concreto o esté nacido desde la más absoluta subjetividad individual. Así que lo que quizás nos demuestra este espantoso entorno colectivo no es más que un pésimo nivel de diseño.

Pensando en positivo podemos decir que tenemos trabajo para toda nuestra vida mejorando simplemente lo que no funciona o lo que desentona.
 

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Cotidianidad del Diseño Industrial

José Manuel Mateo

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Diseño Industrial... a medias

25.04.2011 | 14:09

Comparto mi vida profesional entre la libertad proyectual que me permite diseñar desde mi propio estudio y la realidad, la practicidad y las restricciones del mundo industrial real desde el Dpto. de Diseño de una empresa fabricante.

Esta dualidad me ha permitido siempre entender que, por encima de todo, la profesión de diseñador industrial o el acto de diseñar debe siempre contemplar que la totalidad de las soluciones planteadas deben poder fabricarse, con todo lo que eso conlleva, que no es poco.
Para mi esta dinámica es algo natural e intrínseco en mi labor diaria y jamás intento dar un paso de proyecto, ya sea desde mi estudio o desde otro contexto, sin saber si aquello que estoy planteando tendrá, no solo ya total solución de fabricación sino que es además la solución esperada en todos los sentidos. No es una tarea fácil, la verdad es que siempre estas sometido a grandes complejidades, tensiones y problemáticas pero imaginemos a lo que estaríamos sometidos si no contáramos con ese 'control'.

Este enfoque, que es más riguroso que estricto, pienso que es una de las mejores maneras para abordar un proyecto de diseño industrial. Me refiero a tener pleno control del proyecto hasta que éste ve la luz tal y cómo se ha planteado inicialmente.
De esta manera y sintéticamente se puede decir que el diseño industrial no es más que el planteamiento previo de un artefacto, normalmente innovador, que aporta unas soluciones que deben ser siempre abordables y factibles dentro de los tiempos y las inversiones previstas.

Dicho esto y dado que este espacio habla de mi propia cotidianidad como diseñador industrial comentaré que esta introducción viene dada porque esta semana pasada han puesto sobre la mesa del Dpto. de diseño que dirijo un conocido, aunque reciente, producto para intentar solucionar algunos aspectos (más bien bastantes) pues el fabricante no ha logrado aún, tras casi dos años de 'lucha', sacar una producción mínimamente decente o, por lo menos, sin problemas y el estudio de diseño original que proyectó el producto no aporta las soluciones fiables necesarias.

No es la primera vez que debemos atender revisiones de este tipo. Principalmente análisis estructurales porque las piezas no salen como deberían, o aquello que debería aguantar no tiene apenas resistencia, o los materiales seleccionados no son los más idóneos, o existen muchos problemas vs las formas diseñadas. Y es que todo –como solía decir un gran empresario industrial que tuve la suerte de conocer– se aguanta sobre el papel pero la industria necesita que se esos dibujos “tan bonitos” se aguanten también en el espacio y los aparadores.

Tras la revisión, en la que se intentará conservar como es obvio la máxima totalidad del proyecto, habrá seguramente cambios que afectarán posteriormente a los materiales y sus posibilidades, al aspecto final de las piezas, al número de elementos, al coste, etc. Nuevos factores que probablemente incidirán sobre el concepto inicial planteado por lo que el proyecto final distará, por lo menos en términos económicos e industriales, de lo que se planteó inicialmente.
Para ser sincero debo decir que tampoco es que esto se suceda a diario, o que sea una cosa de lo más normal, pero es bueno saber que no es nada extraño ni inusual (normalmente siempre hay mejor relación de la que uno se cree con la propia competencia) que muchas empresas busquemos soluciones junto a empresas que tienen experiencia de fabricación en productos y/o tecnologías similares a las nuestras, sobre todo si se han enfrentado a problemas similares y los han resuelto solventemente.

Cabe decir que el proyecto a revisar me parece realmente interesante, muy bueno y que el resultado teórico es muy elevado. En realidad, sólo deseo con este escrito, más que hacer una crítica a ciertos afamados estudios y/o diseñadores, hacer visible lo que ocurre a veces en la rebotica del diseño, mostrar y hacer evidente una enorme carencia de rigor porque creo, a partir de mi experiencia directa, que es mucho más común de lo que podemos imaginar en el seno de algunos de los grandes estudios de diseño y de algunos de los grandes diseñadores que muchos conocemos e idolatramos. Hacer una crítica, siempre positiva y constructiva, de nuestro colectivo desde dentro antes de que la realicen desde fuera y pueda ser más hiriente, es mejor.

En este caso el equipo de diseño que está tras el producto que nos ha tocado revisar es de un conocidísimo estudio de diseño que seguramente habrá cobrado lo suyo por el proyecto y que lógicamente cuando esté todo solucionado se llevarán también todos los méritos, los premios y aquí no habrá pasado nada. Nada de nada, estando nuevamente listos (con otro producto más en la calle) para que otra empresa les contrate.

Mi excepcional circunstancia en poder compartir dos diferenciados contextos (el de mi propio estudio y el desempeño del diseño desde una empresa fabricante) bajo el mismo enfoque del diseño industrial seguramente no me posiciona como un experto o me hace mejor que otros profesionales pero sí que estoy seguro de que el hecho de estar integrado en el interior de la industria me ha permitido realmente conocer un mundo necesario y obligado que a muchos diseñadores les es, o eso parece sorprendentemente, ajeno.

Pienso, y ya lo he reiterado con otras opiniones evidenciando con ello una notable carencia del sistema educativo, que el diseñador industrial está obligado a conocer este contexto real porque sin él muchos proyectos pasarán en un futuro por mesas ajenas para que sean revisados y/o solucionados por otros. Y desde luego eso a mi me haría plantearme muchas cosas como profesional.

Para acabar, y esto es realmente lo sustancial de esta reflexión, es importante dejar expresado que el problema va mucho más allá pues estos mismos proyectos a revisar y/o solucionar algunas veces ya han sido premiados con prestigiosos reconocimientos internacionales y expuestos con gran éxito en ferias sectoriales, lo que permite imaginar el “sin sentido” de toda esta situación y lo especulativo que tiene también el entorno más visible del diseño industrial. Soy consciente que el mundo de diseño no es ajeno a otros sectores, por ser en realidad un importante motor económico, así que no es de extrañar que tenga su propia burbuja. Pienso que desde hace muchos años hemos vivido una enorme burbuja del diseño industrial que parece que empieza a desinflarse.

¿Es este el diseño que queremos para el futuro ahora que se habla tanto de él?, ¿Es este el diseño que precisan las empresas? Vistas las críticas recientes (a raíz de la clausurada feria de Milán) sobre el papel superficial de las vacas sagradas del diseño está claro que algo tiene que empezar a cambiar. Y es que no sólo basta, en realidad jamás ha bastado aunque en otros periodos más sobrados  todo valiera, hacer un proyecto sustentado únicamente en la apariencia o la superficie sin profundizar en su estructura y tener controlada su fabricación de forma total. Estos diseñadores, por lo menos a todos ellos a los que mi empresa y desde el Dpto. de diseño que dirijo les ha tenido que aportar soluciones, deberían ser sinceros con ellos mismos y preguntarse si es moral y decente vender esta cultura de proyecto y/o este Diseño Industrial a sus clientes, empresas o a la misma sociedad. Y puestos a exigir preguntarles también a esas empresas porque no apuestan por otros diseñadores tras esas constantes experiencias negativas que sufren por los productos de firma que hay que revisar constantemente y que rompen todo tipo de previsiones.
 

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José Manuel Mateo

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Si no sabes diseñar una lámpara en 5 minutos es que no sabes diseñar

08.04.2011 | 10:34

No me mal-interpretéis que la frase no es mía. El título del post es una afirmación de un profesor que tuve y que utilizó para dar por acabada una clase de metodología.
Puesto que es una frase que ha acabado siendo bastante importante para mí como profesional y que me ha permitido comprender un poco mejor como se articulan los tiempos en el proceso de diseño industrial hoy, si me lo permitís, os contaré una anécdota.

Fuera de contexto es realmente una afirmación muy rotunda que además deja poco espacio a la especulación. Incluso puede parecer dura -y así lo fue en su momento- si la situamos en el seno de una clase llena de estudiantes recién llegados al mundo del diseño y aún con muy pocos esquemas sólidos sobre él.

Recuerdo muy bien esa tarde concreta. Estábamos en clase de metodología y el profesor, del que debo decir que aprendí muchísimo, seguramente mucho más de lo que él se podrá imaginar jamás, nos dijo para acabar:

- En un viaje en tren, viniendo hacía Barcelona junto con algunos alumnos, uno de ellos abocetó en una libreta en tan solo unos minutos una lámpara. Hoy día esa lámpara se vende en Vinçon (es uno de los templos obligados del diseño cuando eres estudiante así que la historia adquiere mayor dimensión si cabe).
- Así que si no sabes diseñar una lámpara en 5 minutos es que no sabes diseñar.

Y concluyó así la clase saliendo por la puerta despidiéndose con toda naturalidad.

Y así nos dejó. Clavados en nuestros asientos. Puestos en contexto y teniendo en cuenta, como estudiantes que éramos, lo que nos habíamos empapado de teoría, metodología, técnicas de representación, geometría, dibujo… podemos entender que ese final de clase nos cayó a todos como un jarro de agua fría. Los años que nos quedaban por delante como estudiantes se nos antojaban ahora demasiado largos para aprender aparentemente tan poco.

La mayoría en ese momento no entendimos la afirmación y discutimos muy poco el tema entre los compañeros. Imagino que porque cuestionar ese pensamiento, salido de la boca de un profesor al que “adorábamos” la mayoría, era dudar de nuestra propia capacidad y eso era muy frustrante porque todos los compañeros coincidíamos -y quedaba sobradamente demostrado en cada nueva clase de proyectos- en lo que nos costaba a todos realizar un buen proyecto de diseño industrial.

Con el tiempo y a través del desarrollo de mi profesión como diseñador industrial esta frase siempre me ha ido acompañando. Me ha permitido reflexionar desde otras ópticas y puntos de vista. Siempre supe que era una parábola y que ocultaba un mensaje. Al fin y al cabo venía de un excelente profesor y estábamos en clase de metodología. No podía ser todo tan simple.

Personalmente siempre he intentado seguir un riguroso método de diseño y no negaré que el acto de diseñar me supone un considerable esfuerzo así que no entendí hasta poco tiempo después realmente el significado de esa frase.

Colocando las piezas que seguramente faltan en el puzzle podemos entrever lo que mi profesor deseaba trasladarnos. Recuperados del impacto inicial estaba muy claro que esa afirmación estaba excesivamente descontextualizada y que no se derivaba el proceso previo que había realizado, con casi toda seguridad, ese alumno aparentemente tan brillante. Ni se nos explicaba tampoco el posterior trabajo de desarrollo a partir de aquel primer boceto. Tan sólo se nos hablaba de la generación, presumiblemente espontánea, de una idea que motivó un producto de éxito.
Ese día nuestro profesor nos habló de los tiempos que se dan en diseño industrial y de lo importante que es llevar a cabo un buen método de diseño así como madurar muy bien las ideas a partir de información previa, análisis y síntesis para ser lo más efectivos posible.

Pongamos atención en como gestionamos un proyecto y podremos distinguir tres grandes etapas. Una es aquella en la que recibimos el brief y recopilamos todo tipo de información para proceder con un análisis tanto general como particular. Otra gran etapa es aquella en la que maceramos y maduramos toda la información, normalmente con un concepto ya preseleccionado o posible y… ¡Zas!... ¡Aparece la idea!…
Y, ¿qué tardamos en cazarla? ¿uno, tres, cinco minutos…? No muchos más, ¿verdad? Y nos ponemos a dibujar casi de forma automática plasmando con bastante detalle, pero a grandes rasgos, lo que será el proyecto final. Aquel que seguramente enseñaremos al cliente porqué -y esto suele pasarnos a muchos- por más que abocetemos e intentemos trabajar para dar con nuevas propuestas la que tenderá a tener siempre más vigencia y solvencia, la más idónea, fresca y natural será normalmente la primera.

Así que en parte sí. Mi profesor tenía razón con aquella escueta afirmación. El proceso sintético en el que damos con la idea y que se oculta tras la afirmación que da título al post no dura en realidad más de 5 minutos si utilizamos una rigurosa metodología. Por si fuera poco las ideas son como un relámpago, como un flash cegador… Y si no las cazamos al instante desaparecen para siempre. Hoy, con años de experiencia, debo darle la razón a mi profesor y afirmar también que si no surgen estas ideas en unos pocos minutos es que no sabes diseñar o te has olvidado de algo.

Para acabar de ilustrar lo expuesto tan solo decir que esta semana pasada hemos cerrado en el estudio un importante proyecto de diseño industrial que iniciamos en noviembre pasado y que quedó cerrado muy rápidamente. Tan solo semanas después de recibir el encargo.

Aunque hemos tardado 5 meses más en poder desarrollarlo. Aquí está la última gran etapa de diseño que aun no se había citado. Para que el objeto entre en producción debe sumarse un tiempo más. Así que si hoy tuviera que ser yo el que diera la clase de metodología y no deseara darles quebraderos de cabeza a mis alumnos les diría:

- Si no sabes diseñar una lámpara en 5 minutos es que no sabes diseñar. Porqué para diseñar un objeto tan solo hacen falta 5 minutos… 5 minutos, 5 meses de desarrollo (en el mejor de los casos) y un periodo previo de análisis, para ser exactos.

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José Manuel Mateo

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