Blog de Gabriel Jiménez

Retórica del Diseño
Se nos ha repetido tantas veces que el diseño es lenguaje que casi se nos ha olvidado. Nos hemos acostumbrado tanto a todos los discursos que ... [+]

Calambur

31.10.2011 | 14:25

Parece normal que, en los tiempos que recorremos, se haga apología de lo nuevo por encima de lo viejo y se busquen salidas a los problemas que nos acontecen hoy en día. La gente tiende a pensar que sabe lo que va mal en el mundo y por eso nos encontramos a nosotros mismos buscando soluciones. Es un proceso natural, algunos lo llaman progreso.

Sobran las palabras como “coworking”, “indispensable”, “startup”, “aprender haciendo”, “global”, “local”, “reto”. Muchas de ellas tan “nuevas” que se agolpan en nuestras cabezas los anglicismos, otras quedan tan atrás que hasta pueden llegar a pensarse y saborearse “nuevas”. Otras tantas se nos ofrecen como la fórmula o el método para cambiar las cosas y sacarnos de todos nuestros problemas. Aún cuando la realidad no se reduce fácilmente a fórmulas (1) muchos las compran o las venden o las pretenden probar.

No sé si serán eufemismos, o si tratan de contenidos siendo más que palabras, o de palabras más allá de los pensamientos.

Sobran las metáforas para las “nuevas” formas de “Diseño”.

Ese “Diseño” nunca ha estado lejos de las empresas; de hecho si lo suponemos industrial, ya se ha escrito e inscrito que está ligado a las mismas. Sobre sus posturas de diseño o no tan de él, mucho se ha dicho y en diferentes tonos. Pese a esto, son esas “nuevas” formas de ese viejo, venido a nuevo, “Diseño”, las que pretenden ofrecer a las empresas unas formas progresistas de negocio. Unas nuevas herramientas para extender su ya vieja represión.

Nuevas formas de esclavizar y tiranizar desde lo emocionante y atractivo de lo desconocido. Aprovechándose del deseo de generar, de la inexperiencia y la valentía para transformarlas en obligación y trabajo servil. Haciendo dinero de la ilusión de aquéllos que sueñan con las utopías y acaban, como siempre, siendo pasto de las doctrinas y en el peor de los casos defendiéndolas a ultranza.

Presentándose a sí mismos como “facilitadores”, aquellos que ponen las herramientas y la experiencia en los campos. Ayudando, generando “contigo”, se busca un sujeto participativo y complaciente de su propio trabajo. No ya siendo entendido como trabajo, sí siendo una forma camuflada de auto-agresión, acabando aquellos a los que “facilitan” haciéndose cargo de su propio proceso de sumisión, convirtiendo a los trabajadores en cómplices de su dominio. Pues ya no hay mentiras más allá de lo que uno quiera creer, no se puede engañar a aquel que cree en lo que dices

Solo busca transformarlos en diseñadores de ellos mismos para poder incluso prescindir de todo aparato externo de coacción y vigilancia. Siendo todas estas “novedades”, todas estas metodologías, otras formas de control sin sufrimiento de las mentes, dominación sin reservas del obrar y pensar del “innovador” confiado.

Pero siempre todo se trata de poder, como todo el mundo finalmente habrá acabado comprendiendo (2)

Son gente que nos habla de cambiar la sociedad pero no se sienten cómodos fuera de ella. Lo importante no es la veracidad de la mentira que cada cual se teje, si no la debilidad creciente de los hechos…

Sobran las metáforas.


 

(1) p. 31, Pelta, Raquel, Diseñar hoy: temas contemporáneos de diseño gráfico

(2) p. 277, Semprún, La escritura o la vida

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Retórica del Diseño

Gabriel Jiménez

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Anagrama

06.10.2011 | 07:11

No soy más que la suma de mis experiencias, de mis recuerdos, de mis escritos, de mis pasados, de mis presentes, de mis proyectos, de mis suspensos, de mis éxitos y por encima de todo de mis ideas. Todas esas ideas tienen consecuencias (1) ; soy las consecuencias de mis ideas, de la misma manera que de las ideas de otros. Así mismo algunas ideas son las consecuencias que hemos tenido para el futuro.

Un futuro predicho en tiempos de crisis como un mañana prometido bajo la bandera del emprendedor. Para aquellas personas que navegan con esa palabra como estandarte, ya sin mucho importar las palabras que haya detrás. Ese futuro que fue prometido para todos, igualdad de posibilidades y sin embargo no es esto lo que vemos en las calles.

Hemos creado una generación de huérfanos de la utopía, criados en sueños y en posibilidades que algún día nos devolverán la mirada. Esa hornada resultado del odio de aquellos amantes de la estadística y el dinero, es aquella de la que nos quejamos y sin embargo nos negamos a observar.

¿Quién es el emprendedor? ¿A quién hace esta palabra?

Se mira a los exitosos como ejemplos, se nos dice: “ellos sí, imitadlos, sed como ellos”

Es el éxito esa parte del sistema que nos hace integrarnos en el método. No sólo el éxito, sino todo tipo de éxito. Condenando a los perdedores o tan solo a aquellos que no podían perder nada, reservándoles un destino especial. Porque hoy en día solo puede ser emprendedor aquel que puede perder. Los perdedores, aquellos que no tienen no pueden ganar porque perder significa arriesgarlo todo, tienen reservado ese destino especial.

Generando así una barrera que diferencia, a través de la palabra hecha acto.

Son el deshacer de hoy, aquellos diseñadores que no teniendo nada deben empeñarlo todo para ser aquello que se espera de ellos. Sin posibilidades sin futuro, con nihilismo corriendo por las venas, se espera de ellos que sean nuevo parangón, nuevo mañana, nuevo paradigma vacío, que innoven, que busquen lo nuevo.

Se les sirve un dinero, que siempre ha pagado bien las facturas (2) para derrotarlos, para anclarlos a su miseria; y una culpa, con la que rellenar sus corazones en el fracaso que los hará dóciles.

No es existencialismo cuando todo carece de sentido. No hay nada a que aferrarse en la negritud oscuridad de la frustración, pensamientos y negaciones que rodean la mente. Tenemos palabras para darnos coraje, pero es a esos huérfanos de la utopía a quien nadie presta atención. Son todas aquellas personas que se han quedado atrapadas en tierra de nadie, que su mirada nos recuerda el fracaso de todos. Que no siendo marginados, que aun teniendo las mismas oportunidades que todos nosotros, son lo demás.

Una generación de individuos que han crecido al amparo de las familias, muy pacíficos y por lo general conformistas que como sea que fuera posible, se ven atrancados en un desempleo que no creen suyo, ni quieren hacerlo y en un futuro que ven ausente en sus horizontes.

Para nuestra nueva escoria no existe la lucha de clases o las vicisitudes del profesional. Se lo han arrebatado. Solo pueden ser parte de ese sistema que tanto daño les ha hecho viendo cualquier paso dentro del propio sistema como un paso a la independencia o el éxito, no como la inscripción dentro de aquello que los ha convertido en lo que son.

Se ha perdido aquello de: Pensar la vida, vivir el pensamiento (3).

Se nos pide actuar,

Quizás por ello se piensa pero no se vive el pensamiento (4)

 

 

 

 

(1) Naomi Klein, The Shock Doctrine

(2) First Things First Manifiesto 2000

(3) Pedro García Olivo: twitter @PGarciaOlivo

(4) Ibíd.

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Retórica del Diseño

Gabriel Jiménez

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Solecismos

09.08.2011 | 10:48

El eterno aprendiz,

Las ganas de aprender,

El diseñador.

Nadie habla de enseñar,

Nadie habla de cómo nos enseñan a aprender.

Todo diseñador amenaza con convertirse en una herramienta. Todo depende de dónde se adquieran las características, de quién te ha “enseñado”, de quién has “aprendido”.
¿Quién enseña qué?

Caemos en la complicada figura del profesor de diseño, o de metodologías de diseño, o de proyectos. Existe un problema a la hora de definir la procedencia de la docencia en el ámbito de diseño, la experiencia profesional. Valorar un “profesor” que se vaya a dedicar a enseñar a los futuros diseñadores como enfrentarse al tedioso y horrible mundo “real”. Entonces se evalúa muchas veces al “docente” basándose en su propia experiencia en este campo, la “realidad”. Se genera por tanto una dependencia entre el conocimiento, la supeditación a la industria y la apertura a la misma. O lo que es lo mismo:

“Obedece para mandar y manda para obedecer”

Como consecuencia lógica se constriñe la posición de docencia al poder y por tanto se mantiene la tiranía del hay que enseñar bajo los estándares del mercado. Siempre enseñar, no se puede aprender. El profesor de metodología de diseño como trabajador obediente, el que te enseña a hacerlo como te dicen; como tirano, el que sabe lo que necesitas; como figura de autoridad, el que te corrige cuando no lo haces bien.

Siendo precisamente la opción de aquellos años de estudio los que deberían de servir como estímulo, como aprendizaje coordinado. Cuando, al final, acaban siendo, sin más, un acatar órdenes y enseñanza de la obediencia.

Docencia que posee “la verdad” que categoriza, que crea y diseña, diseñadores, hacedores y demiurgos supeditados a su “realidad”. Aquellas personas que seleccionan lo que los futuros diseñadores necesitarán, lo que la sociedad necesitará. Cayendo en la paradoja moralista de dónde proviene la potestad para evaluar…

Una docencia que se erige por encima de los demás, que hace exclusivo el aprendizaje y el proceso docente. Necesitas saber esto y esto y esto, te equivocas en aquello y aquello y aquello. Programas basados en la pretensión de los profesores, de las cabezas de despacho y de sus necesidades. Con un paternalismo sustentado en los mismos programas docentes, creados a través de aquello que un grupo minoritario considera, basado muchas más veces en políticas universitarias que en alguna necesidad “real”, como ellos claman.

¿Qué hay detrás de lo que se enseña?

Toda esta problemática proviene precisamente de la primera premisa, la necesidad de experiencia profesional. Puesto que se pasa a racionalizar la práctica docente según un principio de utilidad económica. No tiene más que enseñar quien más ha podido trabajar para el denominado mundo “real”, el trabajo no demuestra muchas veces la capacidad de aprendizaje o de docencia, si no de obediencia ya que el liberalismo está unido (…) al problema del costo del poder.

Más aún cuando el mundo empresarial empieza a mimetizar prácticas del mundo docente, los denominados “workshops”, talleres para algunos todavía, concursos, tan sólo para ejercer su propio proceso paralelo, tiránico, pero sobretodo absolutamente barato, trabajo gratis, esclavitud.

Se lleva a cabo un diseño industrial de la personalidad con la docencia. Se truncan los caminos de cada uno para adecuarnos a lo que se necesita en el mundo “real”. Si esto es docencia, si los dictados de la industria, las necesidades del mercado, dictan el aprendizaje mejor sería aprender a no enseñar.

Quizás lo mejor para que alguien enseñara a no aprender.
 

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Gabriel Jiménez

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