Gabriel Jiménez
Se nos ha repetido tantas veces que el diseño es lenguaje que casi se nos ha olvidado.
Nos hemos acostumbrado tanto a todos los discursos que ya nadie se cuestiona por lo que se dice. Nadie se cuestiona que un discurso pueda ser irónico, cínico, o subversivo, que gracias a lo que se dice con el diseño las cosas puedan transformarse de lo que son a lo opuesto con suma facilidad.
Se nos ha dicho tantas veces que los diseñadores crean el mundo que casi se nos ha olvidado.
Nos hemos acostumbrado tanto al mundo tal y como es que nos resulta improbable cuestionarnos lo que nos rodea. Nadie pregunta los motivos que hay detrás de una obra o de determinada práctica. Nadie cuestiona que las necesidades monetarias no deberían ser las principales, que detrás de cada objeto existe otra realidad.
¿Mi propuesta?
Simple, cuestionar los discursos que nos permiten interpretar los objetos. Recordar que el diseño enseña, cambia y emociona… Tanto para bien como para mal.






