Lámpara Jill, de King & Miranda Design para Arteluce

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A veces el diseñador sigue las reglas establecidas, utiliza el código vigente, otras veces las contesta para provocar un cambio, y en ocasiones excepcionales inventa de nuevas. Cuando Joe Colombo utilizó por primera vez, a finales de los sesenta, una potente lámpara halógena de 500 W en una luminaria de pie que diseñó para la empresa O-Luce, proyectando su haz luminoso hacia el techo de una habitación y obteniendo así una luz reflejada que no producía sombras y que imitaba la luz natural de una ventana, estaba cambiando las reglas de iluminación en una sala de estar. Perry King y Santiago Miranda las volvieron a cambiar pocos años después cuando crearon la lámpara Jill para la empresa Arteluce, en 1977.

 

Lámpara Jill, King & miranda, G.ArnaldiLámpara Jill,  King & Miranda Design con G. Arnaldi para Arteluce, 1977.

Como consecuencia de las altas temperaturas que generaban estas primeral lámparas halógenas de pie, cuya tecnología provenia de los aparatos de iluminación profesional, y de la necesidad de resistir y disipar el calor, todas ellas eran metálicas y tenían un aspecto altamente tecnológico que delataba su origen "industrial".

Lámpara Jill de pared comercializada con el nombre de Wall. King & Miranda Design con G. Arnaldi, 1977.

En un pequeño accidente de tráfico que tuvieron Perry King y Santiago Miranda, y en el  que afortunadamente sólo se rompió un faro delantero del automóvil que conducían, se produjo el descubrimiento. Los faros de los automóviles también son halógenos y generan grandes temperaturas, sin embargo son de cristal prensado, y a través de otro elemento metálico se integran perfectamente a la carrocería. Así nació la lámpara Jill. De la combinación de dos materiales: aluminio inyectado y cristal prensado que garantizan la resistencia y precisión necesarias que la exigencia técnica requiere.

Lámpara Jill, King & miranda, G.ArnaldiLámpara Jill. Detalle de la primera base utilizada que se presenta sin dimmer.

Lámpara Jill, King & miranda, G.Arnaldi
Detalle de la lámpara Jill.

Pero no sólo eso, King & Miranda se dieron cuenta de las posibilidades tanto estéticas como funcionales que podía aportar el cristal. En primer lugar, además de la luz directa al techo se podía obtener un porcentaje de luz difusa hacia el suelo. En segundo lugar, esta luz podía ser ligeramente teñida de color sin que afectara a la general, que venía definida por el color del techo, que suele ser blanco. Esa aportación de tipo estético, sumada al valor de otros conceptos como belleza, elegancia, poesía o significado que impregnan el trabajo de estos diseñadores y que yo comporta y defiendo desde que empecé en esta profesión, fue fundamental para el enorme éxito que sigue teniendo después de veinte años en el mercado (NB: este artículo es de 1998), y que la han convertido en un clásico del diseño contemporáneo. Josep Lluscà, 1998.

Lámpara Jill, King & miranda, G.ArnaldiDistintos acabados de la pantalla fabricada en vidrio.

Lámpara Jill, King & miranda, G.ArnaldiBoceto a mano alzada de la lámpara Jill. King & Miranda Design para Arteluce, 1977.

Lámpara Jill, King & miranda, G.ArnaldiPerspectiva explotada de los detalles de la lámpara Jill en su versión de pie.

Lámpara Jill, King & miranda, G.ArnaldiPerspectiva explotada de los detalles de la lámpara Jill en su versión de pared.

Lámpara Jill, King & miranda, G.Arnaldi
Faro de automóvil que hace referencia a la técnica del vidrio prensado utilizado para la composición de la pantalla.

Lámpara Jill, King & miranda, G.Arnaldi

Dibujo general de la lámpara Jill. King & Miranda Design para Arteluce, 1977.

Diseñamos Jill a finales de 1976, en un momento de gran dinamismo de Arteluce/Flos, tanto Sergio Gandini como Marco Pezzolo consideraban de gran interés que la colección Arteluce que estábamos diseñando fuese, en los años 70 y 80, lo que en términos de innovacióny prestigio habían representado las colecciones Flos en los años 60 y 70.

Este dinamismo y esta determinada ambición fue de gran ayuda cuando, durante la presentación del proyecto definimos Jill: "una lámpara halógena universal y apta tanto para la casa como para ambientes públicos". Gandini y Pezzolo se declararon de acuerdo, imaginando que una gran parte de los consumidores podría ser sensibles a esta hipótesis.

Presentamos dibujos, un modelo de poliestireno expandido del difusor y llevamos también un faro de automóvil, porque creíamos que la técnica de producción debía ser el vidrio prensado. En aquellos momentos la industria del vidrio prensado estaba pasando una difícil coyuntura, pues la crisis petrolífera de 1973 había reducido dramáticamente la producción de vehículos, haciéndole perder así una parte importante de su cifra de negocios. Estas razones fueron decisivas a la hora de decidir la inversión para la producción.

Trabajar codo a codo con Gandini y Pezzolo fue una experiencia de primer orden. Siendo ambos muy temperamentales, tuvimos que acostumbrarnos a defender nuestras ideas de forma mucho más decidida, lo que no era exactamente nuestro método hasta ese momento.

Contrariamente a lo que se piensa, Jill no fue un éxito inmediato, sino un continuo crecimiento que tocó su momento más alto en 1989 y que sigue manteniendo óptimas posiciones de mercado aun hoy (NB: este artículo es de 1998), veinte años después de su lanzamiento.

"No y no, con esos colores no iremos a ninguna parte!"

Cuando se presentó Jill algunos pensaron que era una provocación por los colores de las versiones azul y ámbar; el representante de Arteluce en España, hombre de gran experiencia de mercado, nos dijo: "No y no, con esos colores no iremos a ninguna parte! Años después pudimos bromear sobre el asunto. Jill se impuso sola, no se hizo ninguna campaña publicitaría.

Quizás esto fue, aparte de una necesidad un gran acierto, pues, no dio nunca la sensación de ser un objeto impuesto y, a la larga, el consumidor ha pensado que estaba ahí desde siempre o que era una novedad del momento.

Según Sergio Gandini, el mayor acierto de Jill es su capacidad de ser protagonista sin que ello vaya en menosprecio de los demás elementos de una arquitectura interior. Santiago Miranda y Perry King, 1998.

Lámpara Jill, King & miranda, G.ArnaldiSantiago Miranda.

Perry King.

King & Miranda. Perry King y Santiago Miranda, londinense y sevillano, trabajan en Milán. Su actividad engloba diseño industrial, gráfico e interiorismo. Han diseñado sistemas de iluminación, mobiliario y equipamientos de oficina, electrodomésticos, sistemas de identidad visual y nuevos conceptos de interfaces. Forman parte de la sociedad panaeuropea E.D.E.N.

Flos. En 1962 nace la empresa Flos en Merano, Italia, introduciendo al mercado una primera serie de aparatos de iluminación, concretamente los modelos Viscontea y Teraxacum, hoy presente en el MoMA de Nueva York. En 1968 se abre el primer Show-room de Flos en Milán, proyectado por Achile Castiglioni. En 1971 se inauguran en Roma y Florencia, en 1972 el de Turín, en 1973 se abren sucursales de Flos en Francia y Suiza. En 1974 se produce la compra de Arteluce por parte de Flos, y sin cesar en esta trayectoria de contínua expansión, es en 1985 cuando tiene lugar la constitución de Flos Ibérica en España.

Diseño: King & Miranda con G. Arnaldi
Año:1977
Medidas: 380mm x 2000mm
Produce: Arteluce/Flos

Publicado en Experimenta 20 con el título Lámpara Jill. (Datos del artículo actualizados a la fecha de publicación, abril de 1998).

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