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Metanoia

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Diseñadores,

Pervertidos de la razón,

Promotores de la imagen insidiosa, vivaz, hiriente y mordiente.

Responsables de sus errores.

El eufemismo que trazamos no mata ni destroza vidas, pero desmoraliza como si la enfermedad humana fuera una enfermedad incurable. Lo perpetuamos en nuestros corrillos, en nuestras lecturas y escrituras. En las imágenes que conjugamos y los verbos que pintamos. Diseñamos como si fuera la solución la forma verdadera, por encima de la expresión en la palabra escrita o el lienzo o la fotografía o de cualquier otra cosa.

Solo hablamos de lo nuestro olvidándonos de los demás, pensándonos únicos.

Estamos enfermos de una cultura con una visión profesional deformada, por el uso y el abuso de nuestros propios términos. Somos endogámicos, nos referimos a nosotros mismos dentro de un mundo que hemos creado nuestro sin importar los demás. Nuestras revistas, nuestras charlas, nuestros amigotes, nuestros cursos…

Diseñadores hablando de diseño, porque solo los diseñadores pueden hablar de diseño.

Nos olvidamos del mundo.

No es lo profundo lo que ahoga, si no la estupidez humana.

Se nos olvida que somos humanos. Confundimos existencialismo con maneras de vivir. Algunos proponen nuevas maneras, pero siempre con la figura central del “iluminado” diseñador que puede decirles a los demás lo que hacer. Se nos olvida que: “Es harto manifiesto que los que disputan el poder no miran más que las defensas de sus propios intereses, que sólo se preocupan de la propia ventaja y la satisfacción de sus apetitos” (1)

Saltar y soltar lo profundo.

Solo diseñar.

Crean escuela, se reproducen. Sientan precedentes, los extienden. Nos intentan hacerlos entender. Hablan de cambiar el mundo desde “esa” posición privilegiada del que ha podido. De aquél que no se da cuenta desde dónde habla, desde su esfera, con tradición o con dinero para haber podido estudiar una carrera, para fundar su estudio, vivir del aire, sin sufrimiento. Del que se le ha olvidado lo que era ser joven, luchar, soñar, rasgarse las vestiduras y llorar.

Se nos olvida que hay gente.

Gente que sufre, que dice: no tengo boca y debo gritar. (2)

Ya basta de mirarnos el ombligo y de soñar.

Dejemos de luchar por “nuestros” intereses y empecemos a mirar a su alrededor.

Porque esa gente ya no sueña con los sueños de antaño. Esa gente ya no sueña con ser uno de esos iluminados. Sólo sueñan con no soñar, para que así se acaben las pesadillas. Es necesario ese sentimiento para entender que diseñar supone vivir inserto en la cadena de la autoridad.

Hay que devolver los sueños que le hemos robado a la gente. Dejar de correr hacia adelante, dejar de buscar la eficacia sostenida.

¿Por qué diseñamos?

Algunos diseñan.

Otros tratamos de corregirnos en lo incorregible, llegará un momento en que todos estos gestos negativos, toda esta negación, sonrisa duradera, luchas adolescentes, causas perdidas y batallas contra titanes se recuperarán como una nueva forma de afirmación.

Aquella que no será la suya.

Ser apátridas de la sociedad, para que nada pueda detenernos, nadie más que nosotros nos poseerá.

Escribo.

 

(1)  Ferrer Guardia, La escuela moderna, cap. 9


(2) Harlan Ellison

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