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Arquitectura en proceso: Centro Indígena Kapaclajui

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Los arquitectos Michael Smith y Alejandro Vallejo son los responsables de diseñar y construir el Centro Indígena Kapaclajui, ingenioso proyecto comunal en Grano de Oro, distrito Chirripó, Turrialba, cordillera de Talamanca, al Sureste del país. Se trata de un centro de capacitación y albergue, de respetuoso enfoque cultural, social, ambiental, en tanto lo resuelven con el uso de maderas provenientes de cultivos forestales certificados, observando principios de sostenibilidad en el manejo del impacto climático, iluminación, conservación y participación de la comunidad en la adopción de los lenguajes formales, e innovación en el uso creativo de tales materiales.

Vista frontal lateral del acceso. Foto cortesía de los arquitectos MS y AV. 

LFQ: Delante de la estrechez de la crisis y competencia para ejercer la arquitectura hoy en día, ¿dónde encuentran oportunidades para realizar proyectos, construirlos y ver realizadas sus aspiraciones y los caracteres de ese sistema de ideas que emprenden cada día con ese carácter de retos?
Michael Smith y Alejando Vallejo: Surge quizás porque nosotros provenimos de un entorno común, de clase media, trabajadora y no tenemos familiares dueños de empresas constructoras o influyentes en el medio local. De ahí que al salir de la universidad y durante el proceso de tesis existía la mentalidad de utilizarla como una plataforma para generar trabajo para los siguientes años; en temas que poco a poco nos hemos especializado. Durante ese proceso realizamos contactos con el gobierno, empresas, academia y organizaciones que poco a poco nos han ayudado a consolidar una red de trabajo y colaboraciones. Por ejemplo consultorías y proyectos de investigación que desarrollamos con la Fundación HOLCIM Costa Rica, en la búsqueda conjunta de recursos financieros y estrategias de diseño para estimular necesidades latentes en el país, pero que requieren de la gestión del arquitecto que no es solamente diseñar el proyecto.
En fin, nos propusimos hacer contactos para realizarnos como emergentes en un campo de mucha y compleja competencia profesional. El desafío exigía pensamiento, manejo de tácticas de emprendedurismo, capacidad de negociación para comenzar a generar experiencia, en un inicio ad honorem, para poder demostrar nuestras fortalezas y talentos y de esa manera captar potenciales clientes.

Acceso al albergue. Foto cortesía de los arquitectos MS y AV. 

LFQ: Delante de la realidad actual y las enormes transformaciones empujadas por la tecnología, se dice que muchas profesiones van a desaparecer o van a ser mediadas por dichos adelantos o por enfoques específicos. ¿Es ése el enfoque de “Diseño con impacto social” y como lo explican desde su práctica de la arquitectura?
MS y AV
: Todo nace de nuestras vinculaciones con la academia, la empresa privada, el atreverse a participar en concursos y en espacios donde se mueven los recursos económicos para lanzar posibles anzuelos.
En nuestra oficina tenemos dos tipos de proyectos: los que dan de comer y los que no, pero gracias a esos contactos con otros profesionales y empresas, nos comienzan a contactar para brindar un servicio.
Resulta fundamental ver al diseño como un servicio que genera oportunidades y contactos con personas que andan en lo mismo. Los concursos que en arquitectura son abundantes, ganamos en unos y perdemos en otros, pero generan difusión y enganches para nuevas oportunidades.
“El concurso de diseño para las clases desprotegidas en barriadas en precario o zonas marginales, que ganamos Robert Garita y mi persona al graduarnos como arquitectos, aunado a otros proyectos que desarrollé en esta línea de trabajo, me impulsó a estas esferas profesionales –opina Michael.
Entonces, implica, cómo hacer la transición entre la visión que irradia desde la academia y la receptividad que posee el trabajo en la de oficina. Por ejemplo, publicamos el “Manual de la red de cuido”, que sirve a las municipalidades, al Colegio de Arquitectos, a HOLCIM; de ahí surgen estas redes de trabajo y posteriormente se dieron invitaciones a conferencias, a bienales, exposiciones y son referencias de trabajo muy importantes.

Modelos de estudios liminares para determinar el lenguaje, y detalle constructivo en el sitio. Foto cortesía de los arquitectos MS y AV. 

LFQ: ¿Cuál es el fruto de trabajar con dichas comunidades periféricas como las indígenas o zonas habitacionales con familias desfavorecidas en el ámbito económico-social: experiencia, intercambio?, ¿cómo caracterizarlo?
MS y AV:
Trabajar con esas comunidades genera una percepción diferente, que no se tenía como un profesional emergente: ahí nadie quiere que le regale nada, la idea central es compartir, hacer trueque y de esa dinámica surgen oportunidades y se ven coronados los esfuerzos con satisfacción al ver a los usuarios disfrutar aquellas ideas que surgieron en el proceso.

LFQ: Pero, me pregunto, y esto podría ser un tema central en la polémica por el rol profesional en la sociedad contemporánea: ¿esas labores de captación de recursos y de perseguir potenciales proyectos, no debilitan la componente creativa del arquitecto?, o sea, ¿no lo sacan de su estudio donde busca inmerso en modelos y proyecciones de sus ideas de cómo cambiar el mundo?
MS y AV:
No, al contrario, eso es precisamente lo que alimenta el flujo creativo, tener que resolver el proyecto con lo mínimo o inexistencia de recursos, es el detonante que nos empuja y desvela en la producción de los proyectos. Gastar tiempo en gestión, forjar la verdadera calidad a la solución de las ideas, es un estímulo no un limitante -acota Alejandro.

Detalles constructivos preliminares. Foto cortesía de los arquitectos MS y AV. 

LFQ: ¿Cuál es la naturaleza de estos proyectos de intervención con las comunidades indígenas: investigación, proyección social?, ¿de dónde nace ese interés?, ¿cómo o qué eventos lo estimulan?
MS y AV
: Es un fenómeno de inclusión que nos exige la profesión, un ideal por fomentar y consolidar un diseño participativo para con la comunidad. Compilar información, verificarla, plantearla, validarla, es una metodología que propicia la investigación.
En el caso de Grano de Oro, plantemos realizar un taller participativo entre las instituciones, HOLCIM, IMAS y los representantes del lugar, para atender sus necesidades como comunidad. Es una estrategia de negociación útil para que ellos se sientan parte responsable de la obra, y, cuando la vean progresar en el proceso de realización, exista empoderamiento.

LFQ: ¿Qué aspectos específicos les requirió al tratarse de una comunidad indígena?
MS y AV:
Atender las especificidades, hasta considerar el dialecto de los cabécar que pueblan Talamanca, para reconocer hacia dónde dirigir o fortalecer la naturaleza de esas transiciones. De ese estudio y acercamiento a los futuros usuarios, surgió el proyecto: un centro de capacitación y albergue, que se localiza en la parte alta de la edificación.

Detalles de ritmos visuales y cromáticos en paredes laterales. Foto cortesía de los arquitectos MS y AV. 

LFQ: Al ser proyectos personales de ustedes como arquitectos y de su estudio ¿quién costea viajes, desarrollo del concepto, anteproyecto y desarrollo de planos ejecutivos?, además, ¿con qué recursos se logró construir?
MS y AV:
Aportó la Fundación HOLCIM, el Instituto Mixto de Ayuda Social –IMAS-, el Grupo XILO; además de las organizaciones y asociaciones de desarrollo. Nuestra oficina en parte asume algunos de esos costes, o la misma academia que paga nuestros sueldos por el trabajo que desarrollamos en ella.

LFQ: ¿Se emprenden nuevos proyectos por esta iniciativa?
MS y AV:
IMAS, por ejemplo, nos pide diseñar una red de puentes peatonales, en tanto que esas comunidades en su mayoría están aisladas en la montaña, se comunican por trillos que no tienen puentes y en tiempos de crecidas se incomunican.

Taller de vinculación con miembros de las comunidades, medios de acceso y comunicación entre dichas comunidades. Foto cortesía de los arquitectos MS y AV. 

LFQ: ¿Qué implica el contacto con la industria de los materiales y la construcción, como el caso que nos ocupa?
MS y AV:
Trabajar con la industria eleva el nivel de la profesión y empodera al usuario.

LFQ: ¿Ese carácter de actuación profesional de dedicar esfuerzos a la actividad social es una tendencia de la arquitectura actual?
MS y AV:
El mercado es muy volátil, se expande y se contrae. Existen empresas muy importantes en América Latina cuya práctica dentro de esa tendencia es muy fuerte. Exige y fomenta un proceso de maduración, y eso se convierte en un activador de “estar en proceso”, de “estar al día”.

Fachada posterior en construcción donde se observa la transparencia y sistema de ventilación interior. Foto cortesía de los arquitectos MS y AV. 

LFQ: Michael Smith estudió en Inglaterra una Maestría en Sostenibilidad, de manera que las soluciones integrales son componentes activos de su realización profesional. ¿Cuáles implicaciones ambientales y culturales observaron al desarrollar este proyecto, considerando la tipología de construcciones que practican esos pueblos vernáculos?
MS y AV:
Los proyectos se tratan de contextualizar. Existe una lectura profunda de los simbolismos locales para que active el empoderamiento comunal, sostenible. Vivimos en un clima perfecto, sin tener que consumir energía a partir de soluciones mas prácticas y tolerantes con el medio y su cultura.
Tecnología simple, sin grandes máquinas, más bien tecnología manual o artesanal. La estructura del centro fue elevada por los obreros a esfuerzos humanos, no podíamos Trasladar una grúa a Grano de Oro.

LFQ: ¿Dónde está la innovación? ¿Será desde el punto de vista del lenguaje de la arquitectura actual o existen otros activadores?
MS y AV:
Volvemos a puntualizar en los talleres participativos que nos permitió comprender mejor las necesidades y deseos de dichas comunidades. Al interactuar con los usuarios, conocerlos como viven, cuáles son sus alimentos y de dónde los obtienen son un activador que se comporta como agente indispensable para innovar en arquitectura.
Incluir a los usuarios en el proceso de diseño, considerar a la industria de los materiales como la madera para que aporten su experticia respecto a su manejo y tecnología, son esos activadores que centralizan el carácter de innovación.

LFQ: ¿Tienen alguna crítica a la formación de nuevos arquitectos?
MS y AV:
Muchas escuelas están llenas de teoría y de arquitectos teóricos, que no construyen, no interactúan con usuarios y comunidades, carecen de tácticas de negociación o estrategias para el mejor aprovechamiento de los recursos materiales, de las condiciones del medio y la cultura.

Vista del constructo. Foto cortesía de los arquitectos MS y AV. 

LFQ: ¿Además de calidad del espacio que lo construido forja, implica la emocionalidad e incluso la espiritualidad como fruto de lo diseñado y, en el caso específico de Grabo de Oro y el proyecto del albergue y centro de capacitación Kapaclajui, repito, implica a culturas originarias que son tan de caracteres animistas? ¿Cómo lo consideraron?
MS y AV:
Sensibilidad, eso se aprende del día a día, al observar y experimentar la materialidad, analizar los recursos como las texturas, los ritmos provocados por los colores, aspectos perceptivos, y de proponerse cómo con bajo costos se puede lograr mucho.
Tratamos de ser bastante prácticos, pero necesitamos de ser receptivos y sensibles en las dinámicas de inclusión, para –como se dijo-, leer las necesidades del otro, aspecto que nos requiere amplia reflexión. Poder explicarnos cuál es el impacto de sentir el sitio, la cultura, la espiritualidad, percatarse cómo la gente vive y experimenta el espacio, y esas observaciones requieren tiempo, reflexión, autocrítica y estar dispuestos al aprendizaje continuo.

Vista frontal lateral del acceso. Foto cortesía de los arquitectos MS y AV. 

LFQ: Tal vez, a manera de conclusión de este acercamiento con estos jóvenes y creativos arquitectos, graduados en la Universidad VÉRITAS, Costa Rica, donde en la actualidad ejercen la docencia, quisiera indagar en ellos ¿cuál es el principal ejemplo que esa intervención proyecta a las nuevas generaciones de arquitectos?
MS y AV:
Que el arquitecto tiene que cambiar su rol, él es parte de un engranaje vinculador de distintas profesiones. Debe ser accesible para todo el mundo, no debe ser visto como un lujo, sino como un profesional que responda a necesidades reales en la sociedad. Nos toca visitar zonas marginales de las ciudades o áreas rurales, y ahí, en ese medio de tantas necesidades, a la gente no le importa quien es un arquitecto, ni comprenden las posiciones “arquicentristas” del pasado. Implica una actitud de estar siempre dispuesto, ser autocríticos, asumir el manos a la obra, a echarse al agua para aprender siempre, y perder el miedo a equivocarse, caracteres que las sociedades del siglo XXI demandan, son talentos y competencias que da la vida y la experiencia del hacer lo que nos toca a conciencia.

 

  

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