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Equilátero: “Las Reglas del Juego”

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Visitar una exposición itinerante de arte contemporáneo como Las Reglas del Juego, en Galería Equilátero, Escazú, Costa Rica, del grupo de artistas nicaragüenses Patricia Belli, Alejandro de la guerra, Darling López y Fredman Barahona, coauspiciada por Adrede/Espira, muestra curada por la cubana Tamara Díaz Bringas, requiere de alguna estrategia de acercamiento: en mi caso personal me dispongo a dar una primera ojeada exploratoria al conjunto, en ese intersticio saltan las preguntas respecto a los detonantes que cada pieza alberga para impactarnos como observadores; se trata de activadores emocionales que imbrican con el cúmulo de conocimientos que se derivan, al ir anclando en las propuestas para edificar las interpretaciones y tener las respuestas a tales interrogantes y sus significados. En algunos casos hasta nos requiere volver a lo visto, investigar, leer cédulas, textos y otros documentos que afinen nuestra propia lectura.

Patricia Belli. Trompo. Foto cortesía de Adrede/Espira. 

Patricia Belli. Sísifa. Foto cortesía de Adrede/Espira. 

Carta de geometría rotatoria: “Trompo”
De entrada y en la primera mirada me cautivó una especie de cartografía de sutiles signos y registros, luego me percaté al apreciar el video adyacente que los trazos marcaban la rotación de un trompo con punta de grafito sobre la superficie del soporte, desplazamientos rotatorios y/o no lineales que activan un sistema de representación como una especie de mapa cósmico. -¡Genial!, pensé-, busqué la cédula para cerciorarme que su autora era Patricia Belli, quien además mostraba “Sisifa” y “Porfiadas”, una instalación de tres cabezas en un material duro, y un péndulo central, el cual al activar sus giros en ciertas ocasiones golpea las cabezas. Esas son las reglas del juego –dictó mi voz interior-, el objeto lúdico que se comporta como adversario y golpea como en muy diversos estratos de la realidad. Característico de Belli a través de su obra, en el gran circo de la vida y en el drama o teatro de la existencia, en esos trances salimos golpeados o ilesos dependiendo de nuestra testarudez.

Darling López. “Agua que no has de beber”. Foto cortesía de Adrede/Espira. 

“Agua que no has de beber”
De frente una fontana “hechiza” con botellas, un contenedor de cinco galones, un motor de ciclo continuo, mangueras y otros objetos reutilizados vierten una agua fangosa. Se suma algunos dibujos caricaturescos y una “pistola de agua” también manufacturada -juguete muy popular donde los chicos salen totalmente mojados-, pero con agua del lago que recoge todas las aguas de Managua, recordando tiempos atrás cuando ese líquido era fuente de contaminación. Darling López propone una reflexión sobre el concepto del progreso y de la inteligencia humana de revertir esos procesos insalubres y tener, quizás no agua para beber, pero un líquido vital que enriquezca la calidad de vida del entorno y por ende la vida comunitaria, para un ciudadano centro consciente de la ciudad donde todos nos necesitamos mutuamente.

 Alejandro de la guerra. Piñata. Fotos cortesía de Adrede/Espira.

“Piñata”
Me llamó poderosamente la atención los restos de papel dorado arrugados y rotos que yacen en el pavimento de la entrada a la galería Equilátero, con un golpeteo de fondo en una grabación y un libro de fotografías con el registro de una acción en la cual se impacta a una gran piñata con forma de caballo. “La Piñata” de Alejandro de la guerra. De inmediato la memoria me relacionó con otra muy buena instalación “La caída”, de este mismo artista presentada en la pasada Bienal de Nicaragua 2014, que aprecié en el Centro Fundación Ortiz-Gurdián, en Plaza España de la ciudad de Managua. Sutil tratamiento de un asunto político, ante el resquemor que permanece en la historia de dictaduras y dominación. Se trata de un monumento ecuestre destruido por los sandinistas y que el autor recogió sus restos y depositó en el espacio de la bienal, pieza que llevó además a la reciente Bienal Centroamericana realizada en la ciudad de Guatemala. La grabación agrega resonancias del cañón y la bomba, aunque en el fondo se trata de la algarabía fiestera y celebrativa, cuando se garrotea la piñata para que suelte el confite, la melcocha, el premio.

 Alejandro de la guerra. Batalla de los cuarzos. Foto cortesía de Adrede/Espira. 

“Batalla de los cuarzos”
Esta pieza del mismo Alejandro de la guerra también activó mi conciencia al preguntarme ¿qué era, de qué se trataba aquel video de un tipo con un tirapiedras en mano impactando a un monumento de un individuo con el mismo objeto en mano? Investigando, me cercioré que no eran piedras, eran cuarzos, de esos fetiches que suponen algún bien para el usuario o una fórmula de protección ante tantos males en esta sociedad actual. El héroe de la aludida estatua fue un “Soldado de la Patria” quien atacó en 1856 las hordas filibusteras comandadas por William Walker ante la pretensión de apoderarse de ese país y catapultarse para la ocupación centroamericana. El sujeto del video quizás lanza cuarzos como protectores ante las posturas filibusteras en nuestras memoria de pugnas hegemónicas y tensiones por el poder, como puede ser hoy en día el mercantilismo y sus sofisticadas tácticas de dominación.

Fredman Barahona, Torovenado. Foto cortesía de Adrede/Espira.  

“Torovenado”
Otra de las piezas expuestas, en este caso de Fredman Barahona, “Devenir Torovenado” es el video de una especie de carnaval, donde el trasvestido interactúa con la población; nos refiere a un desfile que parte de Monimbó –sufrida pero emblemática barriada durante la guerra popular que derrocó al dictador, y que se dirige a la vecina ciudad de Masaya. Alberga el simbolismo liberatorio y unificador de los grupos homosexuales de ese país que encuentran en ese espacio y tiempo el gesto del ritual, festejo pero a su vez posicionamiento, tal vez similar al desfile del orgullo gay en otras ciudades del mundo.

Sin duda alguna la visita a Equilátero equilibró mis esfuerzos de trasladarme lejos de mi zona de confort, en tanto amplié mi propio registro sobre el arte joven contemporáneo de nuestra vecina Nicaragua, al tener conocimiento de los frutos de la formación e investigación que promueve Adrede y Espira –organismo cultural, educativo, no gubernamental. Lo visto es un arte donde existe poética, ludismo, pero también fiera crítica y posicionamiento político. El aporte de la curadora y su lucido texto es fundamental para comprender esas resonancias de un pasado “bombardeado” que regenera en un presente combativo, nada complaciente y que pone las reglas claras al juego.
  

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