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Proyecto Bijagual: diseño para todos los sentidos

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La naturaleza tanto como la cultura, son los mayores tesoros que posee Costa Rica, razón por la cual me interesa aquellas intervenciones de diseño mediadas por actitudes sostenibles de tolerancia cultural y natural. El proyecto Bijagual aborda la reforestación, el diseño del jardín botánico y la arquitectura integrada al bosque; su gestor Andrei Gordienko Mateo –agrónomo y especialista en reforestación–, con intensidad y desde hace años dedica su tiempo a esta finca ubicada en la comunidad rural del mismo nombre, allá en el Cantón de Turrubares, colindante con el Parque Nacional Carara, importante refugio para la flora y la fauna del país.


Para llegar a Bijagual, se sube hacia las montañas colindantes con el Parque Nacional Carara en la desembocadura del río Tárcoles.


Las montañas del Parque Nacional Carara, refugio de vida silvestre.

Los tres planos del paisaje
Gordienko encontró en las herramientas del diseño tres diedros paralelos para proyectar el paisaje del lugar: en el primero cultiva plantas de jardín, unas 150 especies de palmas, helechos entre ellos los arbóreos, coloridas heliconias y cañas; el segundo plano lo constituye la plantación maderable de “teca”, que rodea las lomas del sitio donde construye un futuro hotel; el tercero lo enmarcan los cerros y montañas aledañas -parte importante de la finca-, donde se mantiene el bosque primario motivador del vuelo de cientos de aves tropicales, entre ellas la lapa roja, guacamayas, tucanes, mariposas y miles de especies que gestan abundante vida natural. En el diseño paisajístico es apropiado dejar poros entre los planos, y que exista transparencia, deleite de la mirada de quien observa.


Las flores del árbol de pochote y de una ceiba no penthadra. Fotos de L.F.Q.

Los tres niveles de reforestación
De manera similar a los planos del paisaje Gordienko trabajó tres niveles en la reforestación: la primera capa consiste en la piel del sotobosque, sembrada de plantas ornamentales para brindar pinceladas de color al paisaje, enriquecido además por una cama de hojarascas y raíces que nutren al terreno; el segundo nivel lo constituyen helechos gigantes y arbustos que agregan densidad al paisaje pero sin opacar la transparencia y porosidad, todo bañado por una luminosidad que traspasa los árboles de plantación forestal cundidos de trepaderas y otras parásitas constituyentes del ropaje del proyecto o su tercer nivel. Se trata de especies como la “teca”, el “gallinazo”, el “almendro” y el “bota ramas” o “mayo” entre otras especies que, a su vez, permite a aves como la “lapa roja” anidar y encontrar alimento. No se trata sólo de sembrar árboles, se trata de preservar y acrecentar la vida natural así como deleitar al producir belleza.


Fotografías del entorno.

Se habla de un diseño para los sentidos
Estimular la vista a través del color en el jardín botánico, y las variedades de verdes de los ramajes de esos tres planos del paisaje es una idea de diseño, un lenguaje de signos naturales aplicados a la percepción multisensorial. Tocar las texturas de los troncos, piedras, maderas, motiva al tacto. El jardín posee diversidad de fragancias que atraen las aves e inyectan sensaciones a nuestra percepción humana. La musicalidad generada por el roce de las hojas y las ramas al soplar el viento, sumado al canto de las aves, al croar de los anfibios y otros insectos musicalizan el entorno, colectados por el sentido auditivo; las sinestesias que provocan el color y las texturas repercuten en las glándulas salivales, por lo tanto trastocan el sentido gustativo. Se dice que lo mejor de una visita a un lugar es cuando se está de regreso y se recuerda la intensidad y calidad de dichas percepciones.

Nuestro sentido humano de orientación espacial es estimulado por la intención de Andrei Gordienko de marcar las direcciones cardinales sembrando árboles de “ceiba penthadra” en los cerros perimetrales, pues atraen al águila “arpía” que vuela por las zonas montañosas o costeras del Pacífico Sur y Central, cuya enormidad busca posarse sobre estos simbólicos árboles, sagrados en la cosmogonía de los pueblos prehispánicos. Se dice que la ceiba además de indicar con sus ramajes las direcciones cósmicas, señala el alto y el bajo, el universo o supramundo y el profundo que engulle sus raíces, inframundo poblado de espíritus e historias de esas culturas animistas ancestrales.


Vista desde las cabañas hacia las lagunas

El hotel
Las cabañas fueron diseñadas por la arquitecta Ana Gordienko Mateo, sumando a ese sentido de sostenibilidad que caracteriza a todo el proyecto. Fueron construidas con maderas del lugar, como la teca y el bambú, materiales que repite en el amueblado con un buen sentido de diseño racional y limpio; la cubierta de los techos es de materiales reciclados que la industria ecológica pone a disposición por su capacidad de aislante térmico. Además, las estructuras captan la energía solar por medio de paneles fotovoltaicos, fuente para su iluminación nocturna interna y externa.

La circulación de la atmósfera interior se controla con una retícula también en teca que permite aprovechar los aires circulantes entre los ramajes del bosque y llevarlos a la cabaña.
Diseñan un sistema de producción energética como el biogás, para utilizarse en la cocina, debido a la enorme cantidad de biomasa existente, entre otras, por las especies vegetales cultivadas en sus lagunas. El espacio es tal que las cabañas no agreden el paisaje, se integran en distintos niveles elevadas por pilotes de maderas para no impactar al terreno, y conservar la rica biodiversidad del lugar.


Sendero que entre el bosque llevan hacia las cataratas. Fotografías de L.F.Q.

En conclusión
Proyectar requiere de documentar el proceso, de una bitácora de vida donde se registran las especies de flora y fauna, productos y subproductos del bosque, de las aguas nacientes en la finca que conforman decenas de cascadas agregando color y sonido al entorno; pero sobre todo, posee una carga de estética aportada por el diseño y el pensamiento sostenible destinado al goce, a un sentido zen de estímulos sensoriales y del fluir en el lugar.

Para concluir, digo que este sensible pensador del proyecto Andrei Gordienko ha sabido escuchar las voces del sitio, el “genius loci” que lo habita y sabe de él y que conoce sus necesidades, así como las de la flora y fauna; sus decisiones proyectuales mantendrán o atraerán aun más vida al lugar para compartirlo con todos los demás.

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