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Las vinagreras de Rafael Marquina

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El artículo que sigue trata de las vinagreras anti-goteo diseñadas en 1961 por Rafael Marquina y actualmente producidas por la firma Mobles 114.  En la medida de lo posible, se mantiene el formato con el que se publicó en el número 20 de la revista Experimenta (1998); se incluye una introducción de Lluís Clotet y la memoria original del proyecto, tal y como la redactó su autor en 1961. De Rafael Marquina, que nos dejaba el pasado 6 de junio de 2013 a los 92 años de edad, nos quedan sus valiosas aportaciones a la cultura del proyecto y la enseñanza de que las mejores creaciones siempre nacen de la modestia y de la atención a los pequeños detalles.

 

Vinagreras Marquina, Rafael Marquina, 1961.

Las vinagreras de Marquina las sitúo en el ejemplar paraíso de las herramientas.(«Herramientas: instrumentos con que trabajan los artesanos en su oficios», Diccionario Julio Casares). Son un objeto admirable que parece consecuencia de una larga evolución hecha por perfeccionamientos sucesivos. Miles de hombres durante cientos de años. Este tiempo tan largo las hace intemporales, cuesta fecharlas, no entienden de modas.

Primer prototipo de las vinagreras, Rafael Marquina, 1961.

Pero en realidad nacen de un momento corto y preciso, fruto de una asociación personal de elementos preexistentes que origina un objeto totalmente nuevo. Transmiten, como todas las buenas herramientas, esa sensación de que se ha logrado un perfecta adecuación a un fin determinado. Parece imposible mejorarlas, salvo que una nueva genialidad sea capaz de producir una nueva mutación.

Segundo prototipo de la vinagreras, muy semejante ya a la versión definitiva.

También, como la mayoría de las herramientas, se usan directamente con la mano. Sin embargo, carecen de asa y por tanto de una referencia a una medida determinada. Pueden fabricarse y se fabrican en tamaños diferentes sin caer en el ridículo; vinagreras grandes, pequeñas y medianas, con contenidos diversos, se combinan con elegancia y ponen aún más de manifiesto la excepcionalidad de la pieza. Lluís Clotet, 1998.

Fotomontaje de Rafael Marquina posando con una de sus vinagreras.


Memoria del proyecto. Rafael Marquina, 1961.

Objetivo
Se trata del re-diseño de una pieza del entorno humano, de antiquísima tradición, entroncada fuertemente con la cultura de la cuenca mediterránea. La aceitera, por deformación lingüística, vinagrera, ha sido objeto de fabricación y uso popular desde miles de años.
Pero siempre teniendo una característica -sean cuales sean los innumerables modelos que se han utilizado- un tanto engorrosa: todas gotean. Las manos, el soporte y el mantel en su caso, no se salvan del unte y la mancha.
Se proyecta, primordialmente, la mejora de uso aplicando los postulados del diseño moderno, de coherencia entre material, utilidad y forma.

Estudio del producto actual
Las aceiteras no manchan durante su uso, sino inmediatamente después.
El aceite es un líquido viscoso,
«ergo» proclive a la creación de partículas cuya tensión superficial es notable. Más que gotear, se desliza a lo largo de las superficies. Pero esta misma cohesión molecular mantiene a su vez las gotas en suspensión durante un cierto tiempo antes de desprenderse del todo del contenedor.
Para evitar que la gotas se separen del mismo, una vez terminado el uso, las aceiteras actuales acuden a dos recursos, ambos de poco resultado. O bien se provee al contenedor de un reborde en forma de vertedor convexo, o de un ápice tubular de salida que
«aleja» el problema unos pocos centímetros, sin resolverlo. Esta segunda solución queda, al parecer, relegada a la cocina, donde el problema se minimiza.
Para ejemplarizar : las soluciones tradicionales de las jarras, o las de las teteras.
Cierto que existen jarras y teteras cuyos vertedores artesanos son meticulosamente obtenidos y de satisfactorio resultado. No siempre, pues uno de sus condicionantes es el grado de viscosidad de los líquidos, muy inferior al aceite. Pero en cualquier caso son eso, artesanos y por tanto de imposible conversión en diseño industrializado.

Premisas
1.- Diseñar un vertedor que garantice que las gotas de aceite, que inevitablemente se desprenderán del gollete de salida, no se deslicen por las paredes exteriores del contenedor. La figura del recogedor en forma de embudo (antes de) es sugerente e inevitable.
2.- Objeto de uso doméstico multitudinario. Todas edades. Todas culturas. Si la nueva forma es insólita deberá expresar su manejo con solo observarla.
3.- El aceite y el vinagre tienen colores característico y bellos. En ningún caso ocultarlos, ya que ayudan a la identificación (pensar en solución alternativa, cambio de tamañ0, por ejemplo en caso de vinagres de otros colores).
4.-De conseguirse la primera premisa, el asa tradicional se convierte en inútil.
5.-En el uso (excepto las populares de cocina) se necesitan las dos manos. Una sostiene el taponcillo. Tratar de evitarlo.
6.-La tradición requiere que el aceite y el vinagre se utilicen casi al unísono, ¿es conveniente separarlos? Pensar en soporte unitario. Huir de las soluciones con plataforma de apoyo. Sugerirían que persiste el problema básico.

Memoria descriptiva

El proyecto se plasmó finalmente en una pieza de vidrio de forma cónica, con amplia base de sostén, provista en el vértice de otro pequeño cono invertido en forma de embudo.
El goteo -poco, dado el diseño del vertedor- se recoge en este embudo y vuelve al interior de la vinagrera a través de un pequeño canal en la base del vertedor, que oficia de tapón del conjunto.


Croquis del primer prototipo de las vinagreras con los problemas encontrados, Rafael Marquina,1961.

Croquis con las diversas opciones para la unión entre el cuerpo de la vasija y el vertedor, Rafael Marquina, 1961.

Boceto donde se aprecia claramente una solución para recoger el aceite, con la formación de un embudo que desvía las gotas hacia el interior, Rafael Marquina 1961.

Sección en la que se muestra explícitamente el ajuste entre la vasija y el vertedor con la ranura trasera por donde el aceite derramado se desliza hacia el interior de la aceitera, Rafael Marquina, 1961.

Croquis de detalle del vertedor fabricado a partir de un tubo de cristal de 14 mm de diámetro.

Vinagrera y aceitera con sus diferentes dimensiones, que se justifican para facilitar la distinción de ambos productos con independencia de su color;  la diferente inclinación se explica por la distinta viscosidad del aceite y el vinagre. Rafael Marquina, 1961.

Rafael Marquina.

Rafael Marquina. Formado en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona desde 1943 al 1949, Rafael Marquina ejerce una intensa actividad pedagógica en las escuelas Elisava y Massana.
Socio fundador de ADI-FAD, y durante tres años miembro del jurado de los Premios FAD de Arquitectura e Interiorismo, Marquina ha trabajado para empresas de muy diversa índole y ha colaborado profesionalmente con Moragas Gallissá, Miguel Milá, el ceramista Cumella, Tous  y Fargas, Rafael Leoz, Carlos de Miguel y Josep Mª Sert.
Entre sus trabajos de arquitectura e interiorismo figuran el complejo estación esquí Super Sport, un proyecto para la estación de esquí Vallter, la Joyería Roca, o el Plan de identificación del Banco de Bilbao.
Una trayectoria por la que en numerosas ocasiones ha recibido Distinciones y Premios tales como el Primer Delta de Oro, tres Deltas de Plata, seis secciones ADI-FAD o el Premio Nacional de Embalajes.  

Nani Marquina –la hija de Rafael Marquina– crea la firma que lleva su nombre en 1987, planteándola como una empresa dedicada al diseño, fabricación y comercialización de productos para el «hábitat», principalmente alfombras; aunque poco tiempo después decide emprender la reedición de las míticas vinagreras diseñadas por su padre en 1961, encargándole simultáneamente una nueva versión actualizada, con pitorro metálico. 

Diseño: Rafael Marquina
Año: 1961
Materiales: Vasija de vidrio soplado en olde; vertedor de tubo de vidrio mecanizado
Produce: Nani Marquina
(actualmente Mobles 114)

Publicado en Experimenta 20 con el título Vinagreras Marquina. (Datos del artículo actualizados a la fecha de publicación, abril de 1998).

 

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