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Música y ritos en Bahía Garza

Una de las ocarinas expuestas, foto cortesía del Museo Nacional.

Una de las ocarinas expuestas, foto cortesía del Museo Nacional.

La muestra Música y ritos en Bahía Garza, Museo Nacional de Costa Rica, es parte del “Paseo de los Museos” proyecto conjunto con el Museo de Jade y los Museos del Banco Central de Costa Rica (MBCCR). En el anterior artículo sobre la exhibición “Metáfora de los Sonidos” en MBCCR, comenté que no podemos imaginar una gran cultura como la asentada en nuestros territorios en ausencia de las expresiones artísticas, y en este caso particular de la música, en tanto el ser humano siente el ritmo, advierte el sonido en su diversidad de registros y matices, lo escucha y lo produce; crea además instrumentos capaces de simular esa riqueza sonora que se percibe en el entorno. La exposición en el Museo Nacional recibe al espectador con un conjunto de unas sesenta ocarinas, flautas y sonajeros producidos en cerámica, de unas cien piezas halladas en el sitio arqueológico el “Rempujo”, Bahía Garza, Pacífico Norte de Costa Rica.

Fotografía de la sala, cortesía del Museo Nacional.

Experiencia de visitante
Delante de lo expuesto en la sala principal del Museo Nacional, el espectador se pregunta acerca del alto nivel del pensamiento y la capacidad creativa del ancestro prehispánico; con suma atención y carga de emocionalidad, observa y deduce afinados principios de síntesis y generación morfológica al diseñar instrumentos musicales manejando con propiedad la técnica del material, el modelado, la cocción y la posterior interpretación sonora dentro de un sistema que imagino tendría sus aspectos de notación, aún desconocidos, según se dedujo de la conferencia “Culturas Musicales desde la América Precolombina” compartida por el etnomusicólogo y antropólogo intercultural Roy Palavicini Rojas la tarde de este 16 de setiembre.

Una de las ocarinas expuestas, foto cortesía del Museo Nacional.

Sentir lo expuesto
La ocarina es una configuración similar a la flauta modelada en arcilla, como se dijo, posee un diseño bastante singular, muy bien calibrado en el momento de emitir los sonidos que en su variedad simulan el trino de las aves u otros animales los cuales pueblan la fauna del lugar. Su musicalización, sumada al golpeteo de los sonajeros, los vibráfonos y cuerdófonos, alcanza a interpretar la poesía del sitio, como fondo donde puede intervenir el canto, la plegaria, y hasta puede influir la sonoridad del viento al rozar las copas de los árboles o el movimiento de los cuerpos humanos cuando el también arte danzario posee su sentido comunicante y propiciatorio. Algunas de estos instrumentos adquieren forma de aves como el búho, la codorniz, o felinos, armadillos y tortugas. Según el tamaño y forma de la cámara de resonancia emiten un sonido agudo –las más pequeñas- y graves las de mayor dimensión.

El registro del sonido depende del tamaño de la ocarina, foto cortesía del Museo Nacional.
Ocarinas expuestas, foto cortesía del Museo Nacional.

El carácter de la muestra
Inaugurada el 21 de junio 2015, si la comparamos con la anteriormente comentada “Metáfora de los Sonidos” esta muestra en el Museo Nacional es pequeña, sin embargo no deja de ser grande en la dimensión del hallazgo, por tanta cantidad de esos instrumentos entre ocarinas, flautas y sonajeros encontradas en una sola excavación arqueológica, lo cual es inusual, según el arqueólogo Juan Vicente Guerrero, quien se ha dedicado a investigar durante varios años este fenómeno de Bahía Garza, Golfo de Nicoya, provincia de Guanacaste.

Proceso arqueológico, foto cortesía del Museo Nacional.

En las vitrinas expositivas se observan flautas de una y dos cámaras de resonancia, con una o más oquedades dependiendo del registro musical deseado. Según la visión de la arqueología y antropología, la música en los antiguos pobladores de Bahía Garza, como en los demás pueblos aborígenes servía para entablar una comunicación de origen sagrado entre el individuo y las deidades adoradas por estas culturas animistas, en algunas situaciones servía para ahuyentar los demonios durante los ritos de curación, celebración o funerales. Para concluir con el comentario, vuelvo a resaltar el empoderamiento advertido por el espectador delante de esta visita al Museo Nacional, en una tarde de museos, entre joyas del arte de la lítica, el oro, el jade y la cerámica de nuestros pueblos originarios.

Vitrinas de la muestra, foto cortesía del Museo Nacional.

   

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