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Irma Boom Books

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Irma Boom (Países Bajos, 1960) es una activista del diseño editorial que tras trabajar en la imprenta pública holandesa, fundó en 1991 Irma Boom Office en Ámsterdam. Desde entonces ha dado vida a 200 libros, además de impartir clases en la Universidad Yale, en EE UU, y en la Van Eyck Akademie, en Maastrich. Como su más ambicioso proyecto destaca el libro creado para el centenario del grupo empresarial neerlandés SHV, una obra en la que trabajó durante cinco años con total libertad. En 2007 consiguió la medalla de oro en la Feria de Leipzig al Libro más bonito del mundo por Sheila Hicks: Weaving as a Metaphor. En primavera de 2009 el MoMA (Museum of Modern Art) le dedicará una exposición como reconocimiento por su obra.

 

Irma Boom.

Es mucho más que una diseñadora gráfica ¿Cómo se definiría a sí misma? Desarrolla el concepto y se involucra en todo el proceso: contenido, papel, imprenta… 
Si me implico en un proyecto, el concepto es lo más importante ya que si no hay una buena idea o un buen argumento, no participo, y es precisamente este aspecto lo que me convierte en una diseñadora, porque no soy una artista, ni mucho menos, soy una diseñadora gráfica, que tiene la suerte de contar con maravillosos comisarios. Todo gira entorno al desarrollo de una buena idea, lo demás: comprar el papel, producir, son unas habilidades que puedes poseer o no, pero el concepto es el que hace triunfar el proyecto o lo lleva al fracaso.

Desarrolla ese concepto desde el principio al fin…
Cuando un profesional acepta el diseño de un libro le proporcionan numerosos textos y fotografías, pero para mí no tiene interés alguno el simplemente juntarlo todo. Mi intención es formar parte del equipo editorial y por ello ahora la gente viene a mí cuando tiene una primera idea sobre el libro, sin que haya siquiera escritor, ni fotógrafo, ni editor ni nada. Sólo un tema y la voluntad de editar. Se trata de una colaboración, y lo cierto es que mi papel es ser básicamente la diseñadora, aunque agradezca también participar en todas las demás facetas del proyecto.

¿Es entonces más una diseñadora conceptual que gráfica?
Sí, claro. Lo principal a la hora de enfocar un trabajo es que el conjunto funcione. Por ejemplo, la tipografía es muy significativa pero lo que ocurre es que el hecho de que se haya decidido seleccionar una Helvética o una sans serif no me importa mucho, me preocupa el todo.

El diseñador debe implicarse también en el contenido. Si sólo diseño, me aburro

¿Así que cree que el diseñador debe implicarse también en el contenido?
Absolutamente. Debería, porque si se forma parte del equipo se tiene otra responsabilidad. Ello consume tu tiempo pero como creador te da una vinculación diferente al proyecto y sin duda confiere una responsabilidad muy pesada al diseñador, pero es una implicación que yo agradezco, ya que si sólo diseño, me aburro. Claro que me involucro en trabajos más simples como tarjetas de invitación, soy muy rápida diseñando, me resulta fácil, pero conseguir el concepto del libro es lo mío. Me lleva mucho tiempo mas deseo dedicar mi vida a ello ya que sólo se vive una vez, supongo, así que embarcarme en proyectos específicos supone añadirle relevancia y darle sentido.

No le gustan los briefings ¿Cómo conoce entonces las necesidades del cliente?
El briefing sí debe existir porque supone una herramienta válida para delimitar objetivos pero con la que también hay que ser reticente y cauteloso porque normalmente resultan demasiado convencionales. En cierto modo sí que son positivos porque me permiten posicionarme de forma clara, como cuando trabajé para el Government Printing Office (Imprenta Pública en La Haya) donde tuve que luchar contra la estupidez y hacer que mi opinión quedara muy clara. Mi filosofía es que necesito todos estos ingredientes y colaboraciones porque el producto final es común, aunque yo sea la creadora.

Sheila Hicks: Weaving as a Metaphor, Irma Boom, 2006.

¿Testaruda, tal vez, para lograr el proyecto que desea?
Sí, soy obstinada, pero si se presenta alguien que sepa enfocar algún tema mejor que yo o que tenga un mejor argumento, me convence. No se trata de elegir un determinado color, sino lo que necesita el producto final y, por supuesto, la persona que te ha propuesto el encargo.

¿Existen los buenos clientes?
Sin duda, pero yo los llamo comisarios. No trabajo para, trabajo con. Tal vez sea una diferencia sutil pero muy importante al final. Yo respeto a mi comisario y por lo tanto me parece indispensable llegar a un respeto mutuo para encontrarnos en el mismo nivel y poder trabajar. Tengo que tratar directamente con la persona que toma las decisiones ya que los intermediarios pueden llegar a crear malentendidos, son muy peligrosos.

¿Debe el comisario/cliente saberlo todo?
Sí, nunca se le debe mentir, pero tampoco hay porqué contarle la historia completa. Así, diez años después se tiene la oportunidad de compartir toda la verdad, como hice yo con el encargo dedicado a Paul F. van Vlissinger, en el que incluí una fotografía de Madonna sin que él lo supiera. Él no me habría dejado llevar a cabo algo en esta dirección, pero una vez impreso estaba encantado.

Frits, Irma Boom, 2004.

Puede tomar este tipo de decisiones porque confía mucho en sí misma…
A lo mejor es solamente que no aguanto la autoridad ni que alguien me diga que no le gusta el amarillo o que use el rojo. Debe existir una igualdad real con el comisario, por ello cuando no se llega al entendimiento renuncio al proyecto. Los buenos comisarios dan libertad y confianza, pero los pésimos pretenden poseer el control sobre el trabajo. Su inseguridad me crea a mí inseguridad.

Justo lo contrario a lo que ocurrió con el libro dedicado al centenario de la empresa holandesa SHV, un ejemplar de 2.136 páginas en el que trabajó cinco años y cuyo encargo por parte del presidente de la compañía únicamente rezaba: “haga algo inusual”. ¿Cómo se enfrentó a este tipo de proyecto?
Cuando nos proponen un encargo sin límites, nosotros mismos nos fijamos unos porque de lo contrario no funciona. Los diseñadores necesitamos fechas de entrega, si no hay cierre el libro nunca conseguirá editarse. En este caso planificamos [junto al historiador Johan Pijnappel, con quien realizó el proyecto] una agenda de reuniones con los directores para marcarnos unas directrices y que ellos a su vez nos dieran su valoración, valoración que por otra parte, nunca conseguimos. Y aunque pueda parecer lo contrario fue muy positivo para el resultado ya que ellos ignoraban en qué consistía nuestro proyecto, únicamente Vlissingen conocía más detalles.

Creemos que el libro nunca morirá pero ¿qué ocurrirá con las revistas?
Las revistas son aún más vulnerables que los libros, puesto que la intimidad con el objeto no se consigue al mismo nivel. El hecho de que la revista sea temporal probablemente consiga que a la larga funcione mejor en Internet que en papel. Por mi perfil de diseñadora, toda esta discusión sobre si se continuará editando es lo mejor que me podía haber ocurrido porque me permite decidir si algo es digno de publicarse o si es suficiente con volcarlo en Internet para no malgastar el papel y el tiempo de la gente.

Sheila Hicks: Weaving as a Metaphor. Irma Boom, 2006.

Vivimos acostumbrados a la comunicación rápida, ¿cómo ha influido esto al diseño editorial?
En el libro de Sheila Hicks: weaving as a Metaphor y, especialmente, en SHV tomé la estructura de Internet. No nos referimos a un libro lineal, salta de un sitio a otro con todo tipo de enlaces. Se deja influir por el funcionamiento de Internet entre 1991 y 1996, tanto en su estructura como en su tipografía. La tipografía en Internet no se diferencia mucho de un texto plano, es aburrida. También se intuye la huella de la Red en el tratamiento de las imágenes a través de un filtro que referencia la pantalla.

Ahora que podemos encontrar toda la información en Internet, ¿el futuro es el libro-objeto?
Sí, ese tipo de libro cuenta con una apariencia muy importante por su grandiosidad, su tacto, su plegado… Todo apunta a que pervivirá porque Internet y la pantalla no pueden proporcionar estas sensaciones. La tridimensionalidad le otorga valor al libro y por eso creo que la obra Sheila Hicks: Weaving as a Metaphor supone un éxito. Es específico, es el libro para Sheila Hicks, no sobre Sheila Hicks. El diseño debe reflejar un momento, representar el hoy.

Si soy capaz de editar un buen libro al año me siento feliz

Un punto común de los diseñadores holandeses es utilizar técnicas clásicas en proyectos contemporáneos, ¿es el modo de representación del hoy?
Todo está ya hecho. Sólo se puede transportar a este momento, a 2008. Se trata de darle un nuevo giro porque como diseñador es necesario tener en cuenta el presente, especialmente un diseñador de libros. Incluso lo que propuse en SHV para incluir un poema en el corte delantero del libro ya lo había visto en la biblioteca de la Universidad de Yale con una pintura. La idea ya existía pero le di otra vida, hice de ello una pieza industrial, no manufacturada.

Para continuar con la técnica, en el libro encargo de Paul Fentener van Vlissingen empleaste filtros de café como papel ¿Cuál es la superficie más extraña sobre la que ha impreso?
No tanto la superficie sobre la que imprimí sino el material con el que lo llevé a término. Una vez utilicé aceite de oliva porque me encargaron un folleto para una compañía de perfumes y el aceite es muy importante para conservar el olor. Fue muy emocionante. Fui a un impresor de offset pero no funcionó, fue un desastre, así que acudí a un taller de serigrafía y allí sí lo conseguí.

¿Entonces entre sus procedimientos incluye el método de ensayo-error?
Por supuesto. Es lo mismo que sucedió con el libro de los agujeros [el libro de paisajes Inside/Outside]. Se negaban a producirlo porque afirmaban que no se podía encuadernar un libro con tanto aire, por lo que les llevé una muestra hecha por mí misma para demostrar que era posible.

¿Qué le falta por hacer?
Hay algo que me lleva persiguiendo desde hace 8 años: crear un libro sobre mi propio trabajo. Los editores insisten en que si me defino como una diseñadora de libros lo debo ocupar yo misma, pero no me convence ni esto ni tampoco encargarlo. Sin embargo, he encontrado una solución. Será para la exposición que me dedica el MoMA de Nueva York la próxima primavera. Quiero tener una obra preparada sobre cómo hacer un libro, porque en esto radica todo lo que yo hago. Algunas veces con buenos resultados y otros con malos pero si soy capaz de editar un buen libro al año me siento feliz.

 

Entrevista publicada en Experimenta 63.

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