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¿Es el diseño una profesión sexista? Parece que sí

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¿Machismo en el Diseño?

¿Qué hubiera sido del diseño como disciplina sin el aporte de Ray Eames, Zaha Hadid o Paula Scher? Es probable que Charles Eames finalmente creara su Lounge Chair; o que sin Zaha Hadid la curva se incorporara de todos modos a la arquitectura rompiendo paradigmas constructivos; o que el Public Theatre tuviera igual su marca realizada por Pentagram.
Sin embargo, la presencia de estas tres excepcionales y talentosas mujeres ayudó a que el Diseño se transformara en la definición exacta de cómo convertir lo ordinario en extraordinario. Su aporte no se limita a un aspecto formal o estilístico, sino a la capacidad de entender al diseño como una parte fundamental de la sociedad y el valor que esta industria aporta a la economía.
Tres nombres que representan a las decenas de miles de diseñadoras que hacen del diseño una profesión de valor. Y que, sin embargo, forman parte de un sector dominado por hombres.

¿Es el diseño una profesión sexista? Parece que sí

Un informe que lo dice todo

El último informe del Design Council llamado The Design Economy 2018: The state of design in the UK, publicación anual en la que se analiza el enorme aporte de la industria del diseño a la economía británica, muestra que el balance de género en relación a la fuerza de trabajo en el campo del diseño es significativamente negativo para las mujeres. De los aproximadamente 1.400.000 empleos que produce la Design Economy —que representa aproximadamente el 6% de la totalidad de los puestos de trabajo en el Reino Unido—, sólo el 21,9% están ocupados por mujeres. Este dato es aún más significativo si se tienen en cuenta que del total de graduados al año en carreras de diseño y artes creativas en el Reino Unido, el 65% son mujeres.

Considerando que en Gran Bretaña el balance en la totalidad de puestos de trabajo es de aproximadamente 53% (hombres) a 47% (mujeres), está claro que el contexto profesional del diseño puede ser acusado —no sin algo de razón— de sexista.

Cabe señalar también que el informe agrega que el ratio de empleo para las mujeres en la industria del diseño mejora en algunos subsectores (indumentaria y áreas multidisciplinarias), pero es cierto también que el resultado final dista mucho del ideal. Porque si analizamos la verdadera esencia del diseño, aquella que se centra —entre otros aspectos— en su capacidad para vincular a las personas con el mundo que las rodea, de facilitar su vida, de ayudar a comunicarse claramente, de construir utilizando los recursos en la forma más eficiente, ¿existe en estas definiciones alguna referencia a una cuestión de género?

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Las banderas de la igualdad

Los diseñadores alzamos a menudo las banderas de la igualdad, convencidos de que la tolerancia, la diversidad y la integración son valores trascendentes y fundamentales no sólo para la profesión, sino para la sociedad en su conjunto. Paradójicamente, en nuestra “casa” las cosas no están tan claras y, en algunas oportunidades, estos postulados se diluyen ante la evidencia de los hechos. Porque, por sobre todas las cosas, no debemos olvidar que sin personas no hay diseño. Y que si hablamos de personas, el buen diseño no es cuestión de género. Algo que deberíamos recordar(nos) cada día.

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