“La historia del poder político no es otra cosa que la historia del crimen internacional y de los asesinatos en masa […] En la historia que se enseña en las escuelas muchos de los mayores criminales son presentados como héroes” (Karl R. Popper, 1945).
I
El programa nuclear de la Unión Soviética, incluyó la construcción de numerosas centrales nucleares para proporcionar energía eléctrica para usos domésticos e industriales. En 1954 se pudo en marcha la primera de ellas, poco antes de que Estados Unidos inaugurase su primer reactor.
En 1972 comenzó a construirse la central de Chernóbil, una de las más importantes de la Unión Soviética, y en 1977 entraron en funcionamiento sus cuatro reactores. A unos tres kilómetros se levantó una ciudad completamente nueva, Pripyat, para alojar a los trabajadores y sus familias. El lugar, hoy completamente abandonado, llegó a tener 50.000 habitantes. Desde la central nuclear hasta la pequeña ciudad de Chernóbil hay unos quince kilómetros; y a Kiev alrededor de cien. No está permitido el acceso a menos de treinta kilómetros de la central aunque se calcula que deben vivir unos cientos de personas en un entorno donde la vegetación ha vuelto a crecer de forma exuberante (por la ausencia de seres humanos) y muchas especies animales sobreviven de forma sorprendente. El río Dniepper acompaña al viajero que desde la capital de Ucrania quiere llegar a las ruinas del sueño nuclear soviético.
Desde el inicio de la construcción de la central, el KGB, el servicio secretó de la Unión Soviética, constató la presencia de materiales de mala calidad, el uso de maquinaría defectuosa y la escasez de trabajadores y técnicos cualificados. Además, los robos y la corrupción no hacían presagiar nada bueno. Lo cierto es que pronto comenzaron los problemas, las paradas de los reactores eran frecuentes y se produjeron y numerosos accidentes. Los agentes del KGB informaban de los problemas, pero no podían hacer nada pues que no se trataba de delitos políticos; en realidad, Chernóbil era la misma esencia del sistema. Lo extraño que el desastre no se hubiera producido mucho antes (Ackerman, 2026a).
El accidente de Chernóbil fue el resultado de un deficiente diseño y de los errores de los operarios que dejaron fuera de servicio varios sistemas de seguridad con el fin de llevar a cabo unas pruebas. Pero la Unión Soviética carecía de un organismo que pudiera encargarse de inspeccionar estos reactores que, por otra parte, no se hubieran recibido instalado en otros países por su escasa seguridad.
II
A última hora del sábado 26 de abril de 1986 comenzó a correr el rumor de que algo iba mal en algún lugar de Ucrania cerca de los límites con Bielorrusia. En el norte del continente empezaron a registrarse niveles anormalmente altos de radioactividad que provenían de allí, pero el Gobierno de la URSS desmintió con energía las informaciones que circulaban acerca de un posible accidente nuclear.
Sin embargo, la realidad se terminó por imponer y las autoridades comenzaron a evacuar a la población de las cercanías de la central nuclear de Chernóbil día y medio después del accidente, mientras bomberos, técnicos y militares intentaban controlar el incendio provocado por la explosión del reactor número cuatro. Aproximadamente un mes después del accidente, todos los habitantes en un radio de treinta kilómetros alrededor de la zona habían sido desplazados o se habían marchado voluntariamente. Pero, incluso en Grecia, se detectaron niveles anormales de radiación en esos meses.
La ausencia de un sistema de seguridad adecuado hizo que tuvieran que improvisarse medidas de emergencia que no fueron del todo eficaces. El heroico comportamiento de los bomberos durante las tres primeras horas del accidente evitó que el fuego se extendiera al resto de la central. En contra de las reglas de seguridad más elementales, se había utilizado material inflamable en la construcción de los techos del edificio del reactor y de las turbinas. Un elevado número de quienes intervinieron en esas actuaciones de urgencia fallecieron en los siguientes días o poco después debido a la intensa radiación que recibieron. La irresponsabilidad política era de tal magnitud que, para llevar a cabo labores de limpieza en la central, el Kremlin movilizó a reclutas, soldados de reemplazo de poco más de veinte años, sin más experiencia que la obtenida en unos pocos meses de instrucción militar.
III
A todos los que llegaron a la central con el fin de reducir las consecuencias del desastre nuclear (cerca de 600.000 personas) se les denominó liquidadores. Estos equipos estaban formados por bomberos, especialistas en energía nuclear y militares preparados para la guerra atómica. Lo más sorprendente es, aunque todos ellos sabían el peligro que se estaban exponiendo, siguieron adelante (Medvedev, 1990).
Pronto comenzaron a utilizarse máquinas robotizadas para acceder a aquellas zonas donde la radiación era más intensa. Pero muchas de ellas, como algunos vehículos militares anfibios que habían demostrado una gran resistencia en situaciones muy difíciles, quedaban paralizadas por los efectos de la radiación. En el mes de julio comenzó a emplearse una versión actualizada del Lunojop, el vehículo que los soviéticos habían llevado a la Luna en 1970 y mantuvieron en funcionamiento durante más de un año. Aquel dispositivo fue uno de los mayores éxitos del programa espacial de la Unión Soviética y una referencia para el Pathfinder que la NASA envío a Marte en 1996. El Lunojop, que podía manejarse desde tierra con un joystick, tenía un sistema de adaptación climática que le permitía defenderse del frío lunar nocturno y del intenso calor del día. Una versión especialmente diseñada entre mayo y junio de 1986, fue la utilizada para las labores de limpieza en Chernóbil.
IV
En Pripiyat, a poco más de tres kilómetros de la central nuclear, el jueves 1 de mayo de 1986 se celebró con la solemnidad de siempre el Día Internacional de los Trabajadores. Cientos de niños asistieron a los actos oficiales y a los festejos que tuvieron lugar con ese motivo. Nadie quiso advertirles a ellos ni a sus familias de lo que estaba sucediendo a escasos kilómetros de allí para evitar que se extendiera el pánico entre la gente.
Chernóbil dejó en evidencia las limitaciones de la perestroika, que pretendía una reestructuración económica de la Unión Soviética, y de la glasnost, la apertura política que quería reformar de una manera paulatina el sistema político. Aunque Gorbachov había llegado a la secretaría general del PCUS con esa intención, el accidente de Chernóbyl puso en duda su voluntad y decisión al ocultar la magnitud de lo sucedido en aquellos primeros días del desastre nuclear. El daño que hizo al proceso de reforma fue tal que acabó con la credibilidad del Gobierno y aceleró el colapso de la Unión Soviética iniciado en noviembre de 1989 con la caída del muro de Berlín (Ausubel, 1992).
Pero no siempre se aprende de los errores. Ucrania dependía tanto de la central de Chernóbil que la Unión Soviética tomó la decisión de continuar produciendo electricidad con los reactores que no se vieron afectados, una decisión que se mantuvo una vez que Ucrania se independizó. Las autoridades intentaron modernizar la central y mejorar su seguridad, cosa que no consiguieron. El último reactor en funcionamiento fue apagado en diciembre de 2000, una vez que la Comisión Europea se comprometió a proporcionar electricidad a Ucrania hasta que se construyeran nuevos reactores en otro sitio.
En febrero de 2022, en los primeros días de la operación militar especial ordenada por Vladimir Putin, fuerzas rusas tomaron la central de Chernóbil. Esa operación provocó un aumento temporal de la radiación debido al movimiento de los suelos contaminados debido al paso de vehículos blindados. Un número indeterminado de soldados rusos tuvieron que ser atendidos en hospitales de Bielorrusia.
Referencias
Ackerman, Galia (2026a) “En la zona: el KGB en Chernóbil”,en Le Grand Continente, 26 de abril de 2026.
Ackerman, Galia (2026b) Le KGB à Tchernobyl, une plongée inédite dans les archives ukrainiennes, París, Premier Parallèle.
Ausubel, J.H. (1992) “Chernobyl After Perestroika: Reflections on a Recent Visit”, en Technology in Society 14.
Medvedev, Zhores A. (1990). The Legacy of Chernobyl. W. W. Norton & Company
Popper, Karl R. (1952) The Open Society and its Enemies. Nueva York, Routledge.
