experimenta_

La columna de Eugenio Vega: El poder y la palabra

La columna de Eugenio Vega en Experimenta

La columna de Eugenio Vega en Experimenta

“Adán puso nombre a los animales y a las aves de los cielos, y al ganado del campo, pero para Adán no se halló una ayuda a su medida. Entonces Dios nuestro Señor hizo que cayera en un sueño profundo y, mientras dormía, le sacó una de sus costillas y luego cerró esa parte de su cuerpo. Con la costilla que sacó del hombre, Dios hizo una mujer y se la llevó al hombre” (Génesis, 2. 20, 22).

I

Aunque Luis Enrique pueda llegar a pensar que 2025 se recordará por la victoria del PSG en la Champions League, la realidad es otra. El año que acaba de concluir será durante décadas el del segundo advenimiento de Donald Trump, ese faro que ilumina a la humanidad por el oscuro camino de la incertidumbre; y parece, por lo que llevamos de 2026, que su segundo año de mandato no defraudará las expectativas. Su impacto ha sido de tal magnitud que pocas de sus iniciativas han pasado inadvertidas. Tal “sentido de la presidencia”, que para algunos (Kaplan, 2025) otorgará a Trump un lugar en la historia, ha dejado su huella asuntos tan banales como renombrar las cosas, los lugares y los hechos a los que ha dotado de nuevos significados e intenciones políticas (Seisdedos, 2025).

Parece, sin embargo, que nada de esto es suficiente para impulsar la revolución que necesita América. Explica Curtis Yarvin, el principal teórico neorreaccionario de Estados Unidos, que “Donald Trump no fue lo suficientemente lejos en 2025” y que si no se decide a llevar a cabo “un cambio de régimen”, sus partidarios corren ahora el riesgo de perder lo que han conseguido. “Tras la euforia de las primeras medidas, el clima revolucionario de los primeros meses ha dado paso a fisuras en una alianza ideológica ecléctica” (Miranda, 2025). Yarvin considera que no hay otra alternativa que poner fin (como sea) al sistema democrático para instaurar una suerte de monarquía tecnocrática (Yarvin, 2025).

Pero, el presidente, tan pendiente del bien común, pierde parte de sus energías en asuntos menores que, aunque generan muchas reacciones en los medios de comunicación, tienen escasa trascendencia o son irrelevantes para llevar a cabo esa gran revolución. Por otro lado, Trump no puede olvidar sus vínculos con la cultura del siglo XX, esencialmente, con la firme creencia de que cualquier iniciativa puede adquirir otro sentido siempre que se lleve a cabo con la necesaria convicción.

El presidente Donald Trump muestra la orden ejecutiva, ya firmada, por la que indultó hace un año a las personas imputadas por los incidentes que tuvieron lugar en el Capitolio el 6 de enero de 2021. The White Hpuse.

II

Una de las últimas decisiones de la Administración de Estados Unidos ha sido condenar el uso de la tipografía Calibri en los documentos del departamento de Estado (que dirige Marco Rubio) por considerarla un instrumento de las políticas inclusivas impulsadas durante el mandato de Joe Biden (Patiño, 2025). La escritura, diseñada por Lucas de Groot para Microsoft, es (aunque no lo parezca) una contribución a esa cultura woke que socava los principios que dan sentido a la civilización occidental.

Si bien los argumentos para renegar de Calibri y volver a usar Times New Roman son discutibles, no representan nada nuevo para quienes conocen la peculiar historia de la tipografía, dominada por la continua semantización de los signos para expresar ideologías y valores. Como cualquiera puede suponer, el ardor puesto en esa fatigosa tarea es inversamente proporcional a la importancia que para la humanidad ha tenido tanto dogmatismo.

Al formar parte de Windows y Office, Calibri reemplazó a Times New Roman y Arial como fuente predeterminada para proporcionar una mayor legibilidad en pantalla. Además, la tecnología Open Type, desarrollada por Microsoft y Adobe a principio de este siglo (que permitió incluir en un solo archivo signos para escrituras no latinas) hizo de ella una herramienta adecuada para los usos más habituales de las aplicaciones informáticas en, prácticamente, todas las lenguas (Victor, 2023).

La tipografía Calibri en el mapa de caracteres de Windows 10.

En realidad, la tipografía no es otra cosa que el espacio blanco que deja libre la letra en el papel o en la pantalla. La disposición de esa ausencia de la forma es tan importante en la organización del texto como la propia elección de una escritura concreta. A pesar de ello, desde que se inventaran los tipos móviles en el siglo XV no han dejado de dibujarse tipografías, ya fueran verdaderas innovaciones o copias (más o menos mejoradas) de las ya existentes. Hay tal cantidad de ellas (buenas o malas) que nadie podría llegar a emplearlas todas aunque estuviera componiendo texto cada día de su vida. A pesar de esa certidumbre, siguen diseñándose escrituras con gran entusiasmo y no poco esfuerzo.

III

Por mucho que pueda parecer sorprendente, la elección de las tipografías y la forma de componer texto han sido objeto de ásperas controversias. Tales debates existen desde que Giambattista Bodoni decidiera hacer las cosas a su manera y olvidar tradiciones que parecían incuestionables (Kinross, 1992). 

Como es lógico, tras la aparición de las vanguardias a principios del siglo XX esa “guerra cultural” en torno a la escritura se hizo especialmente áspera. Considerar una provocación sangrar la primera línea de un párrafo o negarse a utilizar exclusivamente tipos en caja baja eran algunas de las acusaciones más habituales en aquella época tan agitada.

Como es sabido, poco después de terminada la Segunda Guerra Mundial, surgió una agria polémica entre Max Bill, por entonces en los comienzos de su carrera como artista y diseñador, y Jan Tschichold, el principal referente de la tipografía de vanguardia en los años veinte. 

La trifulca comenzó con una conferencia que Tschichold impartió en diciembre de 1945 con el título “Konstanten der Typographie” (Constantes de la tipografía) que Max Bill entendió como un ataque personal por los argumentos de Tschichold escasamente favorables a la tipografía que practicaban los artistas de vanguardia. A modo de respuesta, Max Bill escribió en mayo de 1946 un breve artículo, “Über Typographie” (Sobre la tipografía), en la revista Schweizer Graphische Mitteilungen donde pretendía contestar a las afirmaciones que Tschichold parecía haber hecho en una conferencia a la que Bill ni siquiera había asistido (Bill, 1946, 193). Con ese fin, el diseñador suizo se enzarzó en una dura controversia sobre un aspecto que para Tschichold era fundamental: la simetría de la composición tipográfica que Bill consideraba un símbolo del pasado carente de sentido (Bosshard, 2012, 79).

Tschichold contestó en el siguiente número de esa publicación con un artículo titulado “Glaube und Wirklichkeit” (Creencia y realidad) que, además de rebatir los argumentos de Bill, explicaba sus ideas sobre la tipografía y el diseño (Tschichold, 1946, 233). Tschichold había comenzado a distanciarse de la agitación vanguardista que tanto había alterado su ánimo en plena juventud. En su texto, criticaba a Bill (al que se refería como “un pintor y arquitecto de Zurich” que hablaba de cosas que no sabía) por haberle atacado de forma irresponsable al no haber asistido a su charla.

IV

La administración Trump, consciente de la importancia de esos debates, y dispuesta a terciar en una guerra cultural que tiene en vilo al mundo desde hace más de noventa años, decidió recuperar el uso de Times New Roman, la escritura concebida por Stanley Morison (y dibujada por Victor Lardent) para The Times entre 1929 y 1931. El periódico londinense, que tuvo durante décadas un reconocido prestigio terminó en manos de Rupert Murdoch, propietario también del tabloide sensacionalista The Sun.

Stanley Arthur Morison en una imagen de principios de los años sesenta del pasado siglo. Fotografía de Janet Stone. National Portrait Gallery.

Stanley Morison era un personaje peculiar en la Gran Bretaña de los años treinta. Convertido al catolicismo (como J.D. Vance), pacifista declarado, profesó ideas políticas que no encajarían con las de Marco Rubio y sus correligionarios. Sin embargo, Morison sentía (y lo expresaba con claridad) un profundo desprecio por la experimentación tipográfica que en esos años se cultivaba en la Europa continental (Morison, 1927). Los escasos ejemplos de su trabajo como diseñador que intentan emular las “prácticas modernas” muestran, no solo su limitada competencia para la composición gráfica, sino su incomprensión de las novedades que haban agitado la cultura europea en aquellos años.

Cubierta diseñada por Stanley Morison para el libro The Inteligentsia of Great Britain, editado por Gollancz en 1935 (Moran, James (1971) Stanley Morison, his typographic achievement, Londres, Lund Humphries).

Donald Trump, que no parece capaz de resucitar las estructuras industriales de América (para hacerla tan grande como lo fuera en sus mejores tiempos), ha tenido, sin embargo, la sensibilidad necesaria para recuperar las controversias ideológicas que dieron vida al siglo pasado. Con su reconocida intuición, ha sabido sintetizar tradición y progreso en una excepcional práctica política nunca conocida.

Referencias

Bill, Max (1946) “Über Typographie”, en Schweizer Graphische Mitteilungen, mayo de 1946.

Bosshard, Hans (2012) Bill kontra Jan Tschichold. Der Typografiestreit der Moderne. Zúrich, Arthur Niggli. 

Daniel, Victor (2023) “Citing Accessibility, State Department Ditches Times New Roman for Calibri”, en The New York Times, 19 de enero de 2023.

Lussu, Giovanni y Antonio Perri e Daniele Turchi (2006) “Vini e calici”, en Progetto grafico 8. 

Miranda, Arnaud (2025) “Trump y el problema del año II: el texto íntegro del plan de Curtis Yarvin”, en Le Grand Continent, 31de diciembre de 2025.

Morrison, Stanley (1927) A Review of recent Typography in England, The United States, France and Germany. Londres, The Fleuron.

Patiño, Joaquín (2025) “Calibri, el nuevo villano de la Administración Trump por promover la diversidad e inclusión”, en El País, 11 de diciembre de 2025.

Seisdedos, Iker (2025) “La obsesión de Trump por poner su nombre a todo carece de precedentes en Estados Unidos”, en El País, 25 de diciembre de 2025.

Tschichold, Jan (1946) “Glaube und Wirklichkeit” en Schweizer Graphische Mitteilungen, junio de 1946

Salir de la versión móvil