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La columna de Eugenio Vega: Esplendor y miseria de televisión en sus inicios

La columna de Eugenio Vega en Experimenta

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“Lo verdaderamente fascista en la América de Trump, lo que yo diría que es históricamente fascista, es la velocidad, es decir, el culto a la velocidad repentina que da sentido a lo que Paul Virilio llamaba el accidente” (Patrick Boucheron, 2026).

I

Aunque hace más o menos un siglo nació la televisión, no es fácil señalar una fecha exacta para conmemorar tal acontecimiento. En primer lugar, al contrario que otras invenciones singulares, la idea de transmitir imágenes de forma instantánea (que estaba en la mente de investigadores y aficionados desde finales del siglo XIX) dio forma a propuestas diversas, no siempre compatibles. Paul Nipkown, John Logie Baird o Vladímir Zvorikin contribuyeron, cada uno de ellos a su manera, a su desarrollo. Pero, en segundo lugar, aunque las primeras transmisiones se llevaron a cabo hacia 1924, no parece claro que esas experiencias puedan asociarse con lo que hay entendemos por televisión. En realidad, no puede hablarse de tal cosa hasta la inauguración de los primeros servicios regulares de emisión de programas, generalmente impulsados por empresas radiofónicas en los años treinta. 

En Alemania, a mediados de 1935, se creó la Deutscher Fernseh-Runfiunk con el objetivo de transmitir los juegos olímpicos de Berlín en el verano siguiente a una serie de salas abiertas al público en diferentes ciudades del Reich y en la (impresionante) villa olímpica (Kloft, 1999). Algo después, en noviembre de 1936, la BBC comenzó a transmitir programas de información y entretenimiento a una audiencia muy reducida en torno a la ciudad de Londres. Aunque John Logie Baird fue el primero en desarrollar un sistema de transmisión de imágenes en el Reino Unido, la BBC no lo consideró suficiente para sus propósitos, por modestos que fueran, y utilizó otra tecnología.

Operadores de la Deutscher Fernseh Runfiunk toman imágenes con una cámara electrónica de la compañía Telefunken hacia 1935 en un lugar no identificado del Reich.

Estados Unidos y la Unión Soviética comenzaron también en esos años a emitir programas de televisión de los que apenas queda nada. Se conserva el material cinematográfico que estas primeras estaciones producían, pero apenas hay rastro de las emisiones electrónicas: hasta los años cincuenta del pasado siglo no hubo magnetoscopios capaces de grabar la señal en una cinta magnética. A pesar de todo, quedan algunas filmaciones tomadas de televisores en funcionamiento. Una de ellas, realizada en costa Este de los Estados Unidos de la señal de la BBC, pudo registrarse  gracias a unas condiciones meteorológicas verdaderamente excepcionales (BBC, 1938. Hay que recordar que, al contrario de lo que sucede hoy, la señal primitiva tenía largo alcance pero poca calidad y dependía en exceso de los agentes atmosféricos. En todo caso, debe recordarse que en 1936 no había más de 2.000 televisores en todo el mundo que, por otra parte, respondían a estándares técnicos diferentes.

La recepción de señales televisivas a gran distancia era algo habitual en los años treinta. Según parece, hacia 1932, el catalán Vicente Griñau llegó a instalar en su casa un aparato con el que pudo captar la señal emitida desde Inglaterra por el propio John Logie Baird. Desgraciadamente, Griñau moriría como consecuencia de uno de estos arriesgados experimentos. Poco después un tal Sánchez-Cordovés, siguiendo las instrucciones de Baird, construyó la célula fotoeléctrica y el disco de Nipkow y en 1934 pudo llevar a cabo una sencilla demostración que consistía en algo tan simple como transmitir una imagen desde un lado de una habitación a su extremo opuesto. 

Durante la guerra civil, la Alemania del Tercer Reich tuvo la gentileza de hacer una demostración (gratuita) a Franco en la ciudad de Burgos de este maravilloso invento. De tal suerte, “el 25 de noviembre de 1938 (viernes) se inauguró un servicio de Fonovisión, ofrecido por el servicio de Correos Alemán al Gobierno español” (Baget, 1993, 14). Desde esa fecha, la capital castellana puede enorgullecerse de contar con una catedral gótica de singular belleza y de haber sido la primera ciudad de la península en que pudo colocarse una figura decorativa encima de un aparato de televisión.

Años más tarde, en la Feria de Muestras de Barcelona de 1948, Phillips Ibérica presentó unos aparatos de 567 líneas en los que emitió una edición del No. Ese mismo año la compañía norteamericana RCA intentó transmitir una novillada desde la plaza Vista Alegre en Madrid a una sala del Círculo de Bellas Artes, acontecimiento que, por razones desconocidas (pero ajenas a las ganaderías y los novilleros) terminó en un “completo fracaso” (Baget, 1993, 17):

III

Ejemplar de la revista Radio Times del 30 de octubre de 1936 anunciado para el siguiente lunes el inicio de las emisiones televisivas de la BBC. En la cubierta, Elizabeth Cowell en todo el esplendor de su belleza.

Por razones que no hacen al caso, las primeras emisiones de la BBC están relativamente bien documentadas. La emisión, que se mantuvo desde el Alexandra Palace de Londres entre noviembre de 1936 y agosto de 1939, dio forma a una modesta identidad visual fundamentada sobre todo en la imagen de su principal presentadora, Elizabeth Cowell. Como era previsible, su material gráfico carecía de cualquier pretensión como dejan ver los mapas utilizados en la información meteorológica. En realidad, el diseño televisivo no empezaría a considerarse algo importante hasta los años cincuenta, cuando William Golden fue contratado por la CBS en Estados Unidos y dio forma al primer sistema de identidad esencialmente audiovisual (Remington y Hodik 1989, 71).

Mapa con la previsión del tiempo para el viernes 13 de noviembre de 1936. La inestabilidad meteorológica parece la propia de esas fechas del año. Tinta sobre papel, BBC.

La televisión británica tiene el dudoso honor de haber difundido uno de acontecimientos más vergonzosos del pasado siglo. A finales de septiembre de 1938 cuando los signos de la tragedia eran ya para cualquiera, Hitler amenazó con ocupar Checoslovaquia para evitar “el sufrimiento de las minorías germánicas en Checosolovaquia”, un argumento tan emotivo como poco fundamentado. 

Francia y el Reino Unido, que no tenían ningún interés en entrar en guerra con Alemania, buscaron (con descaro) una solución de compromiso en una conferencia de paz que tuvo lugar en Múnich, en pleno corazón de Baviera. Hasta allí se desplazaron Adolf Hitler, Benito Mussolini, Édouard Daladier (presidente del Consejo de Ministros de Francia) y Neville Chamberlain (primer ministro del Reino Unido), “cuatro hombres de buena voluntad” sin otro interés que garantizar la paz en Europa, según explicaba el ABC de Sevilla. En las páginas del prestigioso diario pudo leerse también cómo el general Franco (en plena cruzada contra el comunismo internacional) invitaba a los participantes en aquella conferencia a buscar la paz y evitar “una guerra de consecuencias imprevisibles”. 

Terminada la reunión, Chamberlain regresó al Reino Unido de inmediato. Su llegada al aeródromo de Heston fue una de las primeras transmisiones televisivas que la BBC hizo de lo que podía considerarse un acontecimiento histórico. Las cámaras difundieron las palabras de Neville Chamberlain nada más bajar del avión, declaraciones que conocemos por las filmaciones en película que se hicieron para los noticiarios cinematográficos (newsreel) y por las crónicas periodísticas.

Neville Chamberlain agita (con satisfacción) un papel firmado por Adolf Hitler como garantía de la solidez de los acuerdos alcanzados en Múnich. Aeródromo de Heston (Londres), viernes 30 de septiembre de 1938. Archivos Nacionales de Polonia.

Chamberlain volvió a la capital del imperio con la convicción (y quizá el orgullo) de haber salvado a Europa de una guerra inminente. Nada más pisar tierra, declaró, ante los presentes (y ante quienes pudieran seguirle a través de televisión y la radio) que la cesión de los Sudetes al Reich alemán era una solución razonable que garantizaba la paz para la siguiente generación. Como argumento para sus afirmaciones, agitaba un papel firmado por Hitler en el que el canciller del Reich se comprometía “a preservar la paz en Europa”. 

A pesar de las esperanzadoras declaraciones del primer ministro de su Majestad, una gran manifestación en Trafalgar Square protestó por la política de apaciguamiento que no era sino una clara señal de cobardía ante el totalitarismo, como demostrarían los hechos en poco tiempo. Un año después, Alemania invadiría Polonia y daría comienza la guerra más sangrienta que ha conocido la humanidad. 

Muchos culparon a la BBC de favorecer la posición del primer ministro y ocultar cualquier opinión en contra. En todo caso, la primera transmisión de relevancia histórica de la televisión británica sirvió para dejar en evidencia que la cobardía y el miedo solo sirven para envalentonar a los tiranos.

Como en Múnich en 1938, el miedo guarda la viña. Reunión en el denominado despacho oval de la Casa Blanca entre el canciller Friedrich Merz y el presidente Donald Trump el pasado 3 de marzo de 2026, una vez iniciados los ataques de Estados Unidos e Israel en Irán. The White House.

Aunque la televisión parece hoy algo del pasado, su manera de entender las relaciones humanas está cada vez más presente en esa plaga bíblica que denominan redes sociales. Esos vídeos cortos, que se suceden uno tras otros, sin orden ni concierto (con perritos hundidos en la nieve, declaraciones de Trump, imágenes de Segovia o llamamientos a la solidaridad), recuerdan mucho al barullo que caracterizó siempre a los anuncios televisivos. Al poner en el mismo plano asuntos importantes con frivolidades y mentiras producen un efecto paralizante en la poca conciencia crítica que nos queda.

Referencias

ABC Sevilla (1938) “En Múnich, aseguran la paz de Europa cuatro hombres de buena voluntad: Hitler, Mussolini, Chamberlain y Daladier”, en ABC Sevilla, 30 de septiembre de 1938.

Alexandra Palace Television Society (1938) BBC Television received in New York, disponible en https://archive.org/details/BbcTelevisionReceivedInNewYork-1938

Baird, John Logie (2004) Television and Me: The Memoirs of John Logie Baird. Edinburg, Mercat Press.

Baget, Josep Mª (1993) Historia de la televisión en España, 1956-1975. Barcelona, Feed Back.

Cockerell, Michael (1990) La televisión inglesa y los primeros ministros. Barcelona, Planeta.

Kloft, Michael (1999) Television Under the Swastika, documental, Spiegel TV. 

Remington, R. Roger y Barbara J. Hodik (1989) Nine Pioneers in American Graphic Design. Cambridge, MA, MIT Press.

Rizzi, Andrea (2026) “Múnich marca el funeral de un orden mundial”, en El País, 14 de febrero de 2026.

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