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La columna de Joan Costa en Experimenta. Hoy: Cálculo digital sin dígitos

La columna de Joan Costa en Experimenta. Hoy: Info-grafía

La columna de Joan Costa en Experimenta.

La humanidad aprendió a contar sin números, y a escribir sin letras. Esto empezó hace unos 27000 años. Según el antropólogo André Rouillon, los hombres del paleolítico habrían podido contar con los dedos. El matemático Georges Ifrah escribe que arqueólogos, historiadores, etnólogos y filólogos encuentran rasgos de esta práctica en todas las épocas y en todas las regiones del mundo: “La mano es, pues, podríamos decir, la más vieja máquina de calcular de todos los tiempos”.

En los países occidentales, a menudo empiezan por contar con el pulgar. En Japón, empiezan con la mano abierta. Las convenciones son diferentes en China, con los índices de las dos manos cruzados indican 10. También se puede mencionar un procedimiento basado en contar falanges de los dedos, lo que se observa en el Islam.

Contar con los dedos es una competencia innata. Especialistas en ciencias cognitivas han constatado que, hacia los 2-3 años, los niños levantan y bajan los dedos para simular la adicción o la resta de elementos. Así aprenden.

De hecho, la morfología de las manos parece haber sido la base de los sistemas en Egipto, India y China como en Grecia y en la Roma antigua. Gérard Minaud, gran especialista de esta técnica llamada “cómputo digital romano” (digital con los dedos, no con números dígitos) explica que los romanos, contando “con la punta de los dedos” eran capaces de desencriptar incluso el doble sentido que hay detrás de ciertas palabras. En la Summa arithmetica de Luca Pacioli (siglo XV) escribe que “el uso del cómputo digital romano ha perdurado al menos hasta los mercaderes”.

Incluso en la época de las calculadoras multifunciones, los dedos siguen siendo cómodos. Basta con levantarlos y bajarlos para sumar y restar. La célebre pedagoga de las matemáticas Stella Burak no duda en utilizar las manos. Le gusta “dar a ver” los números y las operaciones elementales con las manos, porque favorecen medios mnemotécnicos muy útiles a quienes tienen problemas con las tablas de multiplicar.

Ya ves, la mano humana no solo fabricaba hachas de sílex y pintaba bisontes en las cavernas, sino que puso también las bases de la matemática.

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