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Anáforas

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¿Por qué la gente se empeña en seguir “diseñando” sillas?


Menuda pregunta,


Uno puede encontrar tal variedad de sillas a su alrededor que es inimaginable el número de ellas que existe. Puede que exista alguien con la asignada tarea de catalogarlas todas. Cada una de las personas que lee esto estará sentada sobre una silla muy distinta y muy seguramente también existirá algún tipo de libro llamado a las 100 mejores sillas o algo similar.


En definitiva muchas sillas.


Analizándolo funcionalmente no debería haber tal cantidad de objetos de esta naturaleza, dado que el problema de sentarse hace tiempo que viene a estar solucionado y de una manera bastante efectiva. Pero por el contrario tenemos sillas con ruedas, sillas con tres patas, con respaldo, plegables, para niños, sillones, y tronos, quizás aquí el etcétera sea recargado, pero lo es.


Muchas más sillas,


Yo personalmente le tengo bastante cariño a una silla destartalada que no hace más que darme dolores de espalda y en la que uno no puede estar sentado un rato sin maldecirla. Otras personas dedican tiempo y paciencia a elegir la silla que incluirán en su despacho personal o en su amplio comedor. Jóvenes se dedican a recoger sillas de la basura para utilizarlas en sus pisos de bajo presupuesto.


Un mismo problema, amplia variedad de posibles respuestas.


Muchos culos, muchas sillas.


El asunto es que a los diseñadores, como colectivo, nos encantan las sillas. Una auténtica relación amor odio. Todo diseñador que se precie se ha dignado a engrosar las filas de sillas del mundo. Todo diseñador tiene que plantearse el concepto de silla y hacer un ejercicio demostrando sus habilidades para crear objetos. Encarando con más o menos acierto esta tarea y aplicando su particular enfoque. Pudiendo definirse de mejor o peor manera, pero a fin de cuentas sumando una más a ese vasto mundo.


Creo que aquí radica la raíz del problema. Se ha transformado un objeto que en un principio servía para relajarse y descansar en un ejercicio de exaltación profesional. Se ha transformado este objeto en un ejercicio de cinismo e hipocresía. Todo el mundo quiere diseñar la nueva silla Thonet.


Mientras que la gente deposita en sus sillas distintos valores, los diseñadores depositamos otros que a veces no son los apropiados.


Mientras que yo no tiro mi silla incómoda por el valor sentimental que le tengo.


Mientras que el señor ejecutivo elige su silla para sentirse en un trono cuando atiende sus visitas.


Mientras que los jóvenes piensan en lo baratas que son sus sillas independientemente de lo cómodas que sean.


¿Qué pensamos los diseñadores?

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