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La columna de Manuel Bañó: La vida secreta de las chanclas

Cosas del Otro mundo. La columna de Manuel Bañó en Experimenta

Cosas del Otro mundo. La columna de Manuel Bañó en Experimenta

Vida, muerte y reencarnación

Las chanclas son el calzado más utilizado en la actualidad por los seres humanos. Es el más vendido en el mundo, por delante de las zapatillas de deporte, y eso es mucho decir. Evidentemente su éxito es el resultado de dos factores; su bajo precio y su versatilidad. Y son precisamente esas dos características las que lo hacen ser el calzado habitual en la mayor parte de África y de los países de clima templado de todo el globo. 

Aunque se las denomina de muchas maneras, su nombre en inglés —flip-flop— es el más popular. Es —dicen los ingleses— la onomatopeya del sonido que hacen al golpear en el pie mientras se camina con ellas. Me hubiera gustado afirmar que su nombre en español “chancla” proviene también del sonido que producen al caminar… chan-cla, chan-cla, chan-cla… Mucho más verosímil que lo de flip-flop, sin duda, pero no es así… En español, por lo visto, “chancla” proviene del latín tardío “zanca”, que significa pierna. De ahí zancada, zanco o zancudo.

La columna de Manuel Bañó: La vida secreta de las chanclas. Fotografías del autor

El diseño de la chancla tiene miles de años. Se han datado dibujos de zapatos con tipologías similares a la chancla desde el paleolítico hasta el antiguo Egipto, que estaban hechos de piel, papiro, bambú, paja de arroz, sisal, o diferentes fibras y materiales locales, y en el British Museum se conserva un ejemplar datado sobre 1.500 años A.C. 

En occidente se hicieron populares al fin de la segunda guerra mundial. En la marina de los EE. UU., los marineros destinados en el Pacifico usaban diferentes versiones de los Zori japoneses (chanclas de paja de arroz) para moverse cómodamente en el interior de los submarinos y en las cubiertas de los barcos. Al fin de la guerra, los soldados americanos que volvían de Asia las trajeron como souvenir, y las chanclas encontraron su sitio en la cultura surfera de los años 60, cuya iconografía las popularizó por todo el mundo.

La columna de Manuel Bañó: La vida secreta de las chanclas. Fotografías del autor

Las chanclas son un diseño icónico, básico y significativo (que no es poco) fabricado empleando recursos mínimos, -uno o dos materiales- como el clip, como la pinza, o como el boli Bic. Además resultan baratas, versátiles, cómodas y populares…un claro ejemplo de “menos es más” que diría Peter Behrens. Aunque por otro lado no olvidemos que medioambientalmente su uso genera un grave problema…o más bien su desuso; cuando uno se deshace de ellas. 

Actualmente el principal productor mundial de chanclas es China (Fuzhou), desde donde se distribuyen a través de Indonesia, India, y la península Arábiga, hasta los mercados de Etiopía y del resto de África. También hay grandes marcas en Brasil que fabrican y distribuyen para los mercados americanos o europeos.

Las chanclas están fabricadas principalmente con un termoplástico viscoelástico denominado EVA (Etileno vinil acetato), aunque cada vez más se están fabricando chanclas por inyección de LDPE (Polietileno de baja densidad). Las correas suelen ser de PVC (Cloruro de polivinilo) Estos materiales plásticos, obviamente derivados del petróleo son difíciles de reciclar, sobre todo porque los países donde más se consumen y desechan no tienen las infraestructuras adecuadas para ello. Por eso, cuando acaban su ciclo de uso, los tres mil millones de chanclas que se fabrican anualmente, tarde o temprano acaban en vertederos o peor aún; flotando en el mar o los ríos. 

¡Tres mil millones de chanclas!

Como resultado de que flotan, las chanclas que se tiran en países del Golfo de Guinea o ribereños del Océano Índico como India o Arabia, llegan flotando por millones a las costas de África del Este empujadas por los vientos estacionales y las corrientes oceánicas.

La columna de Manuel Bañó: La vida secreta de las chanclas. Fotografías del autor

Pero la creatividad se agudiza con la necesidad, aprovechando esta indeseable circunstancia, algunas poblaciones de lugares remotos y desatendidos de las costas de África como las de la isla de Kiwayu, sin futuro ni otros recursos más que la pesca y la agricultura de subsistencia (y a duras penas), recogen las chanclas que las mareas dejan en sus playas, y después de limpiarlas y manipularlas con rudimentarios cuchillos y pegarlas con cola de contacto, reconvierten lo que era basura contaminante en productos singulares, que ofrecen a la venta para los turistas que se acercan a visitar su aldea u otras zonas más turísticas. Sus habitantes (no tanto artesanos) salen al encuentro de los visitantes de su poblado y les ofrecen sus creaciones fabricadas con restos de chanclas. Son objetos temáticos como peces, tortugas, u otros animales de la zona o del país, así como juguetes o elementos para el hogar como bajoplatos o incluso cortinas. En lugares donde no tienen frigoríficos fabrican imanes de nevera con forma de estrella de mar a partir de chanclas recicladas… toda una paradoja.

Este nuevo uso de las chanclas reutilizadas como un mix cultural, convertidas en objetos de regalo pensados para un entorno europeo, con un aire étnico y temática local, resulta muy apreciado por los turistas de la zona, y a los locales les ofrece la posibilidad de vender su trabajo a un buen precio, y de paso contribuir a la limpieza de sus playas.

La columna de Manuel Bañó: La vida secreta de las chanclas. Fotografías del autor

Existe en Kenia proyecto social específico de reciclado de chanclas, mucho más estructurado e internacional denominado “Ocean Sole”, que da empleo directo a 90 personas y consigue reciclar casi 50 toneladas de chanclas usadas al año a base de vender en su web y en tiendas de artesanía esculturas de animales talladas en este material.

Otro uso social de las chanclas recicladas se lleva a cabo en el pequeño poblado de Mararani, en la costa de Kenia, donde Nyambura Wahu lidera el proyecto llamado Ubunifu Lamu, una iniciativa social para el empoderamiento de las niñas y niños más desfavorecidos de la zona, a través del arte y la creatividad. Dirigidos por Nyambura, los niños de Mararani desarrollan su creatividad y trabajan su autoestima recortando las chanclas hasta convertirlas en tampones de bonitos motivos, con los que estampan las telas con cuya venta se generan los ingresos necesarios para mantener el proyecto y programar los sucesivos talleres.

En las poblaciones costeras africanas saben perfectamente que las playas limpias atraen a los turistas, que a su vez compran artículos reciclados a partir de la basura de las playas, que así contribuyen a mantener las playas limpias, que atraen a los turistas que a su vez ….

Así de compleja es la vida secreta de la chancla en África, que nace como calzado, muere como basura, y resucita reencarnada en un apreciado objeto de regalo con forma de imán de nevera o de estrella de mar.

Ahora se explicarán ustedes por qué la chancla es el único calzado con el que no se puede caminar hacia atrás…

La columna de Manuel Bañó: La vida secreta de las chanclas. Fotografías del autor
La columna de Manuel Bañó: La vida secreta de las chanclas. Fotografías del autor
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