Divertido, cercano, natural, Javier Jaén no podía ser de otra manera. Conversamos en exclusiva con el autor de algunas de las piezas más inteligentes y profundas de la ilustración española. Hablamos de su profesión y la creatividad; de la industria y el negocio; hablamos de diseño, de su vida y de la vida. Qué se puede decir que no se haya dicho ya de Javier Jaén. Pasen y lean, lean y disfruten.
Comencemos por el principio, ¿recuerdas tu primer trabajo como ilustrador?
Pues no, y te explico por qué. Nunca he sentido que comenzaba una carrera, lo que hago hoy no deja ser una evolución de lo que hice toda mi vida. De pequeño dibujaba, en el colegio hacía las portadas de los trabajos de mis compañeros, en el instituto me encargaba de la revista… pero no tenía el perfil del niño artista al uso, porque nunca se me dio demasiado bien dibujar ni era realmente consciente de lo mucho que me gustaba. Poco a poco todo se fue sofisticando o complicando —depende cómo se vea— hasta llegar a ser lo que es hoy. Con lo cual, no sé identificar «esa» primera pieza.
Reformulo la pregunta, ¿recuerdas tu primera pieza pagada?
Tampoco. Todo se fue dando de forma natural y paulatina. Quiero pensar que es bonito que no me acuerde, porque el negocio nunca fue la motivación. Aunque si recuerdo mi primer trabajo remunerado, fue de reponedor en un supermercado.
Hablando de trabajos fuera de la industria. Tenía entendido que ibas para periodista, ¿es así?
Correcto. Con 12 años comencé a colaborar en una emisora de radio muy pequeña en Barberà del Vallés y prácticamente pasé mi adolescencia allí. Fueron años cruciales en mi desarrollo. Aprendí mucho y conocí mucha gente. A los 22 años sentí que esa etapa había llegado a su fin y resumiendo mucho, cambié de aires y empecé en algo que creia muy distinto, el diseño gráfico. Aunque con el tiempo comprendí que lo que me gustaba de la radio es lo mismo que me gusta del diseño gráfico: la comunicación.
¿Crees que esta vocación temprana influyó en tu capacidad para leer, interpretar y transmitir conceptos?
Me he dado cuenta que todo es lo mismo. Por ejemplo, en tu caso, aunque hoy me hagas una entrevista, creo que también eres músico. ¿Tiene algo que ver escribir una canción con escribir un artículo? Algunos dirán que en absoluto, pero tú sabes que sí y mucho. Aspectos como el ritmo o la armonía, son transversales y no son patrimonio de una única disciplina.
Convenimos que la destreza técnica-artística es apenas una característica de un ilustrador. ¿Cuál crees que es —o debería ser— la herramienta más importante de un ilustrador?
No creo que los ilustradores o diseñadores “deban” hacer o ser tal o cual cosa, tampoco los panaderos o los informáticos. Hay espacio para todos, lo que a mí me funciona a otros no. En mi caso puntual, quizá por mi falta de destreza técnica intento basar mis piezas en las ideas, y conectar desde ese punto. Supongo que se trata de encontrar la forma más natural de comunicarte y con la que te sientas mejor. Encontrar los zapatos de tu talla, los que no te hacen daño, a veces no es fácil. Cuando doy clases a menudo sale este tema y siempre digo lo mismo: es como ligar (risas), si no eres muy guapo tienes que ser más simpático. Cada uno tiene que encontrar sus habilidades y aprender a explorarlas.
En este sentido ¿dirías que tu mejor cualidad profesional es el sentido del humor?
Hace años, en la redacción del The New York Times, hablando con un director de arte con el que trabajaba habitualmente, le pregunté por qué me encargaba trabajos a mí. Hay miles de personas que lo hacen mejor que yo, no es por tirarme piedras a mi propio tejado, es un hecho contrastable (risas) así que ¿por qué a mí?. Me dijo que porque era fácil trabajar conmigo, que contestaba los e-mails, que cumplía plazos, aceptaba cambios, y las imágenes no estaban “del todo mal”. Me llamó mucho la atención su respuesta. Creo que debemos aprender a entender que la persona que está al otro lado normalmente sabe mucho más del tema sobre el que estás trabajando. Y respondiendo a tu pregunta, aunque no es fácil, entiendo que lo que más me interesa es sintetizar temas de cierta complejidad, hacerlos comprensibles e encapsularlos en una imagen. Encontrar la imagen que contenga esas “mil palabras”. Es lo que más me interesa.
Rebobinando un poco, ¿cómo llega un ilustrador a trabajar con The New York Times o The New Yorker, probablemente dos de los medios escritos más importantes del planeta?
Ya había hecho algunos pequeños proyectos de prensa en España, con Público y La Vanguardia… pero casi nada. Estudiaba Bellas Artes y me dieron una beca para estudiar en la Cooper Union de Nueva York. Estando allí, en unas charlas conocí casualmente a Nicholas Blechman, que en ese momento era uno de los directores de arte del The New York Times. Me pidió mi tarjeta, no tenía, le apunté mi contacto en un papel, se lo di, y me fui pensando que lo tiraría a la basura en la primera esquina. Al día siguiente me escribió y me propuso un trabajo, pequeño y blanco y negro, en la sección de libros. No salió del todo mal, y así comencé. Todo lo que pasó después tiene mucho que ver con ese momento. Tenían otra manera de trabajar, otro rigor en el proceso, otra concepción de lo que significa una imagen. Como hablamos antes, me interesa más contar cosas que los aspectos técnicos y estéticos (que por supuesto son importantísimos), pero no es ahí donde está mi foco de interés.
Hace un momento hablabas sobre el reto de encontrar esa imagen que representara “mil palabras”. A lo largo de tu carrera te habrán tocado trabajos complejos, ahora mismo se ve viene a la cabeza los que hiciste para Noam Chomsky, un personaje que no escribe sobre temas ligeros. ¿Cuál fue el proyecto más complejo y/o difícil al que tuviste que enfrentarte?
¡Se me ocurren 200! En el caso concreto de Noam Chomsky, al poco tiempo de comenzar en ilustración de prensa, 12 o 13 años atrás, me encargaron ser su ilustrador para Público, y sinceramente lo pasaba fatal (risas). Leía sus textos y creía que las imágenes jamás llegarían a estar a su nivel. Adaptation, una de mis películas preferidas, explica perfectamente esa sensación de no estar a la altura adaptando el trabajo de otro. En aquel momento entendía que las imágenes debían decir lo mismo o tanto como el texto, y hoy no es así. Para ser una pareja perfecta se deben complementar, no ser iguales.
¿Trabajos difíciles? Si quieres huir de lo obvio, pero que se entienda y sea estimulante, gráfica y conceptualmente, siempre será complicado. Hay temas que se han trabajado mucho y donde es difícil encontrar un nuevo ángulo. Algunos artículos son particularmente delicados, y por ello son un reto interesante. Estos temas que exigen lo mejor de ti, todo el rigor y sensibilidad que se merecen.
Verdaderos personajes como Picasso, Tarantino o Banksy admitieron que «roban» sistemáticamente. ¿Has «homenajeado» alguna pieza alguna vez?
Copiar o (homenajear sin que nadie sepa que lo estás haciendo) me parece tan poco interesante y tan bajo, que me cuesta entender qué lleva algunas personas a hacerlo, no me interesa.
El tema de los plagios en nuestro sector está a la orden del día. Hay muchos blogs, o cuentas de Twitter o Instagram que se dedican a “denunciar” estos supuestos robos. Cada vez me interesa menos este tema. Yo he visto copias de mis trabajos y he llegado a enfadarme muchísimo… y después he visto la fecha de publicación, y he caído en que era anterior al mío (risas). Me ha pasado tantas veces, que cuando pasa al revés, soy mucho más indulgente. Entiendo que si todos bebemos del mismo sitio (películas, música, herramientas, etcétera) es fácil que todos terminemos haciendo cosas similares.
Hay un caso que me hace particular gracia: Hace unos años hice una ilustración para el The New York Times sobre la contaminación y el cambio climático. Era una bola del mundo dentro de una bolsa de basura. Seis personas de diferentes países me acusaron, simultáneamente, de haberles copiado (risas). Por los mismos motivos que algo se te ha ocurrido a ti, se le puede ocurrir a otro.
Has ejercido la docencia, además del aspecto económico, ¿qué te brinda o qué rescatas de esta experiencia?
El simple hecho de tener que explicar en voz alta los mecanismos con los que construyes, me ayuda a ordenar las ideas. También el oxígeno que te aporta relacionarte con personas creativas mucho más jóvenes, con ideas y lógicas diferentes es siempre nutritivo.
Siguiendo en esta línea, existe una división de opiniones en el sector acerca de «trabajar gratis», están los que creen que es una buena estrategia para lanzar tu carrera y los que creen que no solo afecta tu marca, sino a todo solo profesionales del sector. ¿Cuál es tu opinión y postura al respecto?
Siempre me ha parecido extraño afirmaciones como “un diseñador debe…” Cada uno debe hacer lo que considere correcto, las circunstancias y contexto son diferentes en cada caso y cada persona. Yo hice y sigo haciendo algunos trabajos gratuitos, lo hago para quién, cuándo y dónde considero oportuno. Además, lo crean o no, suele compensar. Hay más varas de medir que el dinero.
Dicho esto, estoy radicalmente en contra de empresas que vampirizan el talento con ofertas económicas absurdamente precarias.
Es curioso lo que comentas, contradice la percepción de que el diseño en España atraviesa su mejor momento.
No sé si en un sentido económico, el diseño gráfico atraviesa su mejor momento en España… Tengo mis dudas. Estoy convencido que es un momento altamente estimulante para dedicarse a ello. Y para los que lean esta entrevista y estén estudiando o dando sus primeros pasos, se puede vivir de esto, pero hay que trabajar duro, hay que dejarse la piel. Quizás lo que haces no interesa en tu pueblo, en tu ciudad o en tu país… pero seguro que hay alguien en Finlandia, o donde sea, que está buscando exactamente lo que haces. Para bien o para mal, hoy vivimos en una sociedad global y eso puede jugar en nuestra ventaja con respecto a otras generaciones.
(Esta entrevista es parte de edición 85 de la revista Experimenta)