experimenta_

Un elefante habla del diseño gráfico neerlandés

logo-amsterdam.jpg

Pedir a un escritor que hable sobre literatura, es como pedir a un elefante que hable sobre zoología, dijo un lingüísta en una ocasión. Por lo que pedir a un diseñador neerlandés que hable sobre el diseño neerlandés probablemente resulte en una serie de barritos disonantes. Así es que haga el favor de tirarme un cacahuete y disculparme por intentarlo.

 

 

                                                           

Logotipo de la ciudad de Amsterdam,Thonik y Eden Design, 2003.


Un mundo de tebeo

¿Existe algo que podamos llamar ‘diseño gráfico neerlandés’? ¿Se puede utilizar el término neerlandés como denominador común para aludir a cierto tipo de mentalidad o es, acaso, un simple determinante de origen geográfico? Como cuando dice ‘Made in China’ en el pie de un objeto de plástico sin que tenga mayor importancia. Pero, de hecho, sí la tiene –importancia–, ya que somos incapaces de procesar el mundo que nos rodea sin asignarle cierto significado.

¿Puede una silla ‘Made in China’ ser neerlandesa?

En otros tiempos, ‘Made in China’ era un eufemismo para barato, oropel y copia. Hoy en día, millones de empresarios europeos pierden el sueño por lo que se pueda estar fabricando bajo ese sello. ¿Puede una silla ‘Made in China’ ser neerlandesa? Puede ser de diseño neerlandés. ¿Puede un diseño ser típicamente neerlandés? ¿Qué tipifica a los neerlandeses? En lo más hondo de nuestro ser, todos anhelamos un mundo simplificado tipo tebeo. Los escoceses usan falda, son bruscos y beben güisqui. Los franceses comen cruasanes, son apasionados y beben Merlot. Los alemanes comen salchichas, son gilipollas y beben cerveza. Los árabes huelen a ajo, son fanáticos y se tiran a las cabras.

False flat, why dutch design is so good, Phaidon Press, 2004. Por Aaron Betsky y Adam Eeuwens.

Todos sabemos que la verdad es mucho más compleja, pero nos gusta poder controlar, ordenar y almacenar sistemáticamente nuestros datos en cajas transparentes. En torno a la época en que Pim Fortuyn, un político de corte populista, fue asesinado en 2002, la imagen nítida que los neerlandeses tenían de sí mismos comenzó a perder nitidez. Si hasta esa fecha neerlandés había significado progresista, tolerante y de actitud abierta, lo contrario comenzó a aflorar en cada conversación en un bar o entrevista en la televisión. El asesinato de Theo van Gogh, columnista y productor de cine también populista, dos años más tarde volvió a sembrar la desesperación y confusión en nuestra noción de nosotros mismos y del estado de nuestra nación. De pronto ser neerlandés era lo mismo que estar aturdido. Y dejó de ser posible una visión simplificada de la realidad. El miedo al terrorismo trajo consigo una fobia hacia todo lo musulmán, se declaró la quiebra de la sociedad multicultural y los sondeos realizados por los medios mostraron que los votantes neerlandeses no solo ya no tienen fe en la política, sino que están mostrando síntomas de rechazo hacia la Unión Europea. Y mientras todo esto ocurre, el maravilloso y precioso diseño gráfico neerlandés sigue su propio camino.

Las endogámicas camisetas del diseño neerlandés. A la derecha Kim Engbers remitiendo a Experimental Jetset, a la izquierda, 2005.

La arrogancia y la conspiración

¿Acaso los diseñadores gráficos neerlandeses son inmunes a la confusión y el caos que los rodea? Tal vez sea el momento de sacar a la luz una generalización celosamente guardada acerca de los diseñadores de este país: solemos ser muy arrogantes. La arrogancia puede traer consigo una ceguera placentera, una estrechez de miras práctica y útil a la vez. Los diseñadores neerlandeses creen que el mundo entero ama el diseño neerlandés tanto como nosotros (los diseñadores neerlandeses). Ni siquiera parpadeamos cuando se publica un libro con el título Why Dutch Design Is So Good (por qué es tan bueno el diseño neerlandés). Pensamos que es de lo más normal. Creemos (los diseñadores neerlandeses y, muy en especial, los diseñadores gráficos neerlandeses) que llevamos la delantera. Y ello a pesar de que sólo una pequeña parte (6%) de los diseñadores de este país parece ser capaz de exportar su trabajo.

Moneda neerlandesa (florín) anterior al euro. Por Ootje Oxenaar y J.J. Kruit.

Una cifra bastante pequeña para una nación de mercaderes (otro cliché de la imagen neerlandesa que se va a pique). Nuestra conciencia de nuestra propia identidad está alimentada por algunos ejemplos bastante alucinantes de trabajos asombrosos y mágicos realizados en suelo nacional en el pasado. Werkman, quien intentó poner a Groningen en el mapa, junto a Berlín y París, como meca mundial del arte a través de los experimentos de imprenta que realizó y plasmó en The Next Call. Los billetes de la moneda nacional, el florín (anterior al euro), ideados por Ootje Oxenaar, el papel moneda más bellamente diseñado del universo; tanto que era posible perderse en ellos. Studio Dumbar, que reivindicó la libertad visual y la anarquía narrativa en sus carteles Zeebelt. Intentamos cultivar y preservar nuestro orgullo en el diseño neerlandés de forma casi convulsa mediante la proclamación de nuevos iconos del diseño neerlandés y nuevos héroes del diseño gráfico neerlandés. En algunos casos este liderazgo es autoproclamado, al menos en parte, como en la alianza entre Thonik y Droog Design. En otros, el estatus de culto es bien merecido, como en el caso único de los diseñadores gráficos Daniel van der Velden y Maureen Mooren, quienes añaden contenido además de contexto a sus encargos. Algunos merecen una reputación de proporciones míticas, como Harmen Liemburg, quien ha retomado el hilo de los carteles Zeebelt. Liemburg crea imágenes maravillosas y parece gozar de una especie de visión de túnel caleidoscópica. Además de la arrogancia y el orgullo colectivo atribuible a los diseñadores neerlandeses también hay algo de rencor y envidia, claro está. Todos sabemos lo que pasa cuando se apelotonan demasiados ratones en una jaula pequeña.

Poster for a debate on  graphic design in Europe, Studio Dumbar, 1988.

El reino de los Países Bajos no es una nación grande y en nuestro desesperado intento de exportar el diseño neerlandés, no nos queda otro remedio que roer la cola del diseñador delante de nosotros. En este sentido, aquellos de nosotros que no somos capaces de exportar nuestro trabajo estamos condenados a seguir siendo diseñadores neerlandeses. La envidia engendra el chismorreo. Circulan rumores e indignación sobre la administración en los Países Bajos. Las malas lenguas alegan teorías de la conspiración; que la financiación y los subsidios del gobierno están siendo regidos por pactos de amistad; que los miembros de las comisiones están concediendo favores a sus amigos; que Droog Design, sin ir más lejos, dejaría de existir sin la ayuda de amigos en altos cargos. A la luz de esto, ser neerlandés es lo mismo que ser italiano. Los italianos tienen bigote pequeño, son corruptos y beben Lambrusco.

Los diseñadores contemporáneos han crecido (y se están desarrollando) en una sociedad de la información saturada por los medios de comunicación.

La posición del diseñador gráfico está en un flujo constante de cambio. Lo que en el pasado se veía como un arte industrial para la resolución de problemas ha dejado de ser un arte supeditado. Hoy somos testigos de cómo los diseñadores están encontrando su propia voz y creando trabajos autónomos (que no responden a un encargo). De hecho, ya es habitual que participen en la especificación de la naturaleza exacta de una tarea vaga o en la creación y edición de contenidos, desdibujando así la diferencia entre los proyectos auto-iniciados y los realmente comisionados. En la actualidad, la cultura ‘inferior’ (la música, televisión, informática, publicidad e Internet) es más influyente que las ideas teóricas de las generaciones anteriores. Los diseñadores contemporáneos han crecido (y se están desarrollando) en una sociedad de la información saturada por los medios de comunicación. Esta es la primera generación en proceso de crecimiento que considera que estas condiciones son ‘normales’; que no se asombra ante la sucesión de cambios tecnológicos, sino que la acepta como inevitable. En lugar de quejarse mezquinamente ante la perpetua (re)definición de la hipermedia, Internet, el debate sobre ‘el ordenador como medio o herramienta’, etc., saca partido de todas las técnicas disponibles.

Cartel souvenir especial Kikiriki (Tous Les Soirs), Harmen Liemburg, 2005.

Esta generación domina la expresión, utilizando el ordenador como herramienta y como medio indistintamente. La sobrecarga de mensajes visuales procedente de todas partes ha concienciado al público de la manipulación a la que está sujeta toda la comunicación. Actualmente los diseñadores trabajan en una situación en la que todo se cuestiona y nada se da por sentado. En el ambiente también se percibe una sensación de nostalgia por un mundo definido por valores comunes; lo que antes sólo estaba polarizado ahora ha quedado abierto a la interpretación. En este contexto resulta imposible introducir un estilo genérico (como el ‘estilo internacional’, que tuvo su origen en Suiza en la década de los cincuenta).

Revista Archis, Daniel van der Velden & Maureen Mooren, 2002/2003.

Las nuevas formas son efímeras y se ven desplazadas inmediatamente por contra-formas resultantes de una búsqueda incesante de lo nuevo. Robin Kinross juzgó esta tendencia con escepticismo: «A pesar de su aire de libertad, este enfoque tiene grandes limitaciones. No sólo es más reactivo (contra lo que ha tenido lugar con anterioridad) que constructivo (respondiendo a las necesidades del momento), sino que reproduce los rechazos ya expresados por la vanguardia del Dadá y las primeras tipografías. Las formas que antiguamente emitían una crítica social se han domesticado en el ámbito cómodo de la cultura del diseño occidental ». El mundo del diseño contemporáneo se caracteriza por una polifonía de voces y una variedad de estilos y métodos con audiencias y objetivos aparentemente contradictorios. En palabras del diseñador neerlandés expatriado, Max Kisman, el estilo del diseño neerlandés es «un estilo de estilos. Hay una pluralidad de formas que sólo se da en los Países Bajos».

Las malas lenguas alegan teorías de la conspiración; que la financiación y los subsidios del gobierno están siendo regidos por pactos de amistad; que los miembros de las comisiones están concediendo favores a sus amigos; que Droog Design, sin ir más lejos, dejaría de existir sin la ayuda de amigos en altos cargos. A la luz de esto, ser neerlandés es lo mismo que ser italiano. Los italianos tienen bigote pequeño, son corruptos y beben Lambrusco.

The Next Call, Werkman, 1923.


Globalización

El gobierno ha jugado un papel importante en el desarrollo del diseño gráfico neerlandés. La formación en materia de diseño se adhiere a un nivel muy alto (tome el caso de la perfectamente publicitada y comercializada Academia de Diseño de Eindhoven). Pero eso no convierte a los Países Bajos en la Tierra de la Abundancia. De hecho, la indulgencia cultural de la administración es cada vez más limitada. Se están haciendo recortes y se están privatizando las funciones públicas, lo que significa que se tienen que comercializar. Algunos diseñadores neerlandeses intentan salvar el culo en este nuevo mercado profesionalizado cambiando de nombre.
Total Design se ha convertido en Total Identity. La BNO (la Asociación de Diseñadores Neerlandeses) no ha tardado en establecer un grupo llamado Building Brands (construyendo marcas). El diseño está llenando el hueco dejado por un recorte de publicidad. Desde la década de los ochenta, el campo de batalla del diseño neerlandés es el conflicto entre comercio y cultura. A los diseñadores gráficos neerlandeses les cuesta definirse y desarrollar un perfil en relación con el mundo de los negocios. Los ingleses parecen tener menos dificultades a este respecto. Los ingleses son muy pálidos, muy profesionales y beben té, mucho té. La globalización comercial (¿qué ciudad europea no tiene una tienda H&M?) es responsable de que la cultura visual neerlandesa común sea cada vez más caótica y menos nítida. Abundan las imágenes pan-nacionales y súpersubculturales. Existe un diseño típico, pero resulta difícil decir si está vinculado a una nación en particular. Personalmente, no me interesa demasiado el diseño neerlandés; me interesa el buen diseño. El buen diseño es variado, salvaje y divertido. El buen diseño narra una historia. El buen diseño es imperfecto. El buen diseño deja espacio al observador. El buen diseño es un diálogo. El buen diseño no es estático. El buen diseño hace posible el cambio. Y el cambio es lo único de lo que no se puede prescindir. Por cierto, los neerlandeses usan zuecos, son prácticos y beben leche.

Cartel CultuurNacht, Bob van Dijk y Anne Miltenburg (NLXL), 2004. 

Cartel LovePoster, Bob van Dijk (NLXL), 2005.

Pursuit of Happiness, Felix Janssens, 2005. Amigos de Pursuit of Happiness: Wigger, Vigilant, Lons y Mohamed B., Moton.

www.leeriot.com, Maurits de Bruijn, 2005.Logo H&M.

 

Típico español, típico neerlandés, típico alemán.


Publicado en Experimenta 54 con el título Cuando un elefante se pronuncia sobre el diseño gráfico neerlandés.

Salir de la versión móvil