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La columna de Eugenio Vega: Kulturkampf en la Puerta del Sol

La columna de Joan Costa en Experimenta

La columna de Joan Costa en Experimenta

“La mayoría de las grandes ciudades de España se hallaba, pues, en poder de los insurrectos, con la excepción de Madrid, ciudad de puro lujo, que casi nunca interviene de forma decisiva” (Friedrich Engels, Los bakuninistas en acción, 1873)

I

En sus Escritos sobre España, Marx y Engels no dejaban de insistir en la idea de Madrid como una ciudad cortesana, ajena al impulso político que dominaba otras regiones españolas. Por esos años en que nuestro país se debatía entre establecer una democracia más o menos representativa o volver a entronizar a los Borbones, Bismarck puso en marcha la Kulturkampf, una ofensiva en toda regla contra la iglesia de Roma en Alemania y el Zentrum, el partido de los católicos (sobre todo, renanos) en aquel país.

Lo cierto es que en esos años oscuros España continuó un declive que tuvo su peor momento en 1898 con la pérdida de las últimas colonias. A partir de entonces, el fatalismo que se apoderó de las élites se hizo aún más intenso en la capital del reino. Manuel Azaña nunca pudo eludir esa triste idea de España que hacia extensiva a la ciudad en la que pasó la mayor parte de su vida. En su opinión, la historia de la capital no era sino una sucesión de “besamanos e intrigas de cámara” que la habían convertido en un poblachón manchego, irrelevante frente a la pujanza de otras ciudades europeas. Para Azaña, “entre Madrid y una ciudad histórica, había la misma diferencia que entre la Piazza de San Marcos y la calle Ancha de San Bernardo” (Azaña, 1930, 255), una triste impresión que ha tardado décadas en desaparecer, 

Pero, conforme Madrid se ha convertido en una ciudad parecida a las grandes capitales de Europa, se ha ido alejando de las inquietudes y las costumbres de otras regiones. Este carácter de la capital, tan ajeno al espíritu del resto de España, define a la ciudad y afecta a cuanto sucede en ella: Madrid tiene derecho a lo excepcional por la ley de Boyle-Mariotte. Quizá por ello conviene explicar algunas peculiaridades, propias de estos tiempos de incertidumbre (que amenazan como siempre con socavar los pilares de la civilización), que tal vez puedan explicar la situación de la enseñanza del diseño en esta parte del mundo.

II

Mientras en la mayoría de rincones de la península se han construido escuelas de arte durante los más de veinte años que llevamos de este siglo, en Madrid tal cosa no sucede desde los tiempos de Sor Citroën. 

Fue en 1964, siendo ministro Lora Tamayo (de quien nadie se acuerda), cuando se levantó una escuela de nueva planta en Moratalaz. Urbis, una empresa constructora de mucha envergadura en aquellos años de crecimiento descontrolado, ocupó aquella zona de Madrid, que no parecía otra cosa que un descampado, con viviendas en altura y sin los mínimos equipamientos. En realidad, Urbis se limitó a aplicar su principio de “primero construir, después urbanizar” que, junto al de “comprar barato y vender caro”, son el fundamento de la prosperidad del sector.

Bonita (y entrañable) vista del barrio de Moratalaz en el año de gracia de 1970. La vaguada que aparece en la imagen oculta el antiguo trazado del ferrocarril del Tajuña que transcurría desde la estación del Niño Jesús en Madrid a la población de Alocén en Guadalajara. Fotografía de Luis Bartolomé Marcos (CC BY-SA 4.0).

En algún momento se pensó en que ese nuevo edificio pudiera albergar una suerte de bachillerato de artes que aparecía en el libro blanco que dio forma a la Ley de Educación de 1970 pero, como una vez aprobada la ley nada dijo de eso, la idea quedó en el olvido hasta 1990. Dos años más tarde, en 1966, el ministerio derribó la escuela que había desde los tiempos de la dictadura de Primo de Rivera cerca del Retiro para levantar otra completamente nueva. Ese acontecimiento excepcional sucedió dos años antes de que Massiel ganase en solitario el festival de Eurovisión, éxito (inolvidable) que no se ha vuelto a repetir en el último medio siglo. 

Años después, en el verano de 1980, el Consejo de Ministros aprobó la compra de la Casa de las Rejas, un caserón olvidado en el centro de la capital y a punto de ser derruido, para acoger a lo que más tarde sería la Escuela Superior de Restauración (Valenzuela, 1987, 5). Y ahí terminó la fiebre constructora. Ahora bien, desde 1984, las administraciones educativas (primero el ministerio, luego el gobierno regional) se han dedicado a cerrar escuelas y, de las catorce que llegó a haber en sus mejores momentos, solo quedan seis en funcionamiento.

Parece, sin embargo, que nadie ha tenido responsabilidad en estas cosas pues, como todo el mundo sabe, los políticos están tan ocupados en su trascendental misión que no tienen tiempo para dedicarlo a las obligaciones propias de su cargo. Con motivo de la inauguración de no recuerdo qué, tuvimos ocasión de explicarle a Ruiz Gallardón (ya casi tan olvidado como Lora Tamayo) que, al igual que los Conservatorios de Música, las escuelas de Artes Plásticas y Diseño eran centros públicos dependientes de la Comunidad de Madrid. No en vano, su firma aparecía en los decretos autonómicos que regulaban la gestión de esas escuelas y sus planes de estudios. Pero aquello pareció sorprenderle tanto como si Mercadona hubiera abierto un supermercado en el despacho oval de la Casa Blanca (y no en el ala oeste).

III

Frente a la idea de que la iniciativa privada ha de enfrentarse a la incertidumbre de un mundo imprevisible (rayos y truenos que no se sabe de dónde vienen), es necesario recordar que los centros públicos viven maniatados por sus propias administraciones. Esa tutela tan férrea impide en muchos casos que puedan aprovechar su verdadero potencial y, en consecuencia, responder a las demandas sociales para las que han sido creados. Por eso sorprende que aquello que para los centros públicos es tan difícil (modificar sus planes de estudio, seleccionar sus docentes) sea sencillo para otras instituciones que superan los controles con pasmosa facilidad. 

Las escuelas de diseño públicas viven en un sistema que quedó a medio hacer en 2011, a poco de iniciado el desarrollo de la LOE. Desde entonces, sus administradores (sean del color político que sea) muestran hacia ellos una desconfianza injustificada que se manifiesta en las cortapisas a su gestión, lo reducido de los presupuestos asignados y el escaso nivel de quienes ocupan los puestos de la administración que las gestionan.

IV 

No parece que la Kulturkampf  en la que cree moverse como pez en el agua el actual gobierno regional pueda contribuir a resolver estos problemas. Como prueba basta ver la última de sus decisiones: la Consejería de Educación quiere convocar lo antes posible las oposiciones de 2023 (que afectan a las enseñanzas de diseño) y eludir así cualquier norma ministerial que pudiera modificar los procedimientos en vigor para la selección del profesorado. Según parece, el Ministerio de Educación quiere facilitar el acceso a la función pública a los profesores interinos de larga duración, medida que puede ser discutible pero que será de ámbito nacional y, por tanto, de obligado cumplimiento para las administraciones educativas.

A mediados de enero, la administración madrileña hizo público su propósito de que en esta convocatoria conjunta para 2022 y 2023 no se aplicará el Real Decreto que pudiera aprobar el Gobierno central por considerarlo “tremendamente injusto sobre todo para aquellos aspirantes bien preparados que se quieren presentar al proceso y apenas cuentan con experiencia” (Comunidad de Madrid, 2022). Pero esa contundente declaración olvida que, desde 2000, año en que la administración regional se hizo cargo de las competencias en educación, todas sus convocatorias han dado una ventaja llamativa a quienes han acumulado años en el aula. En realidad, un candidato sin esa experiencia no ha tenido posibilidad real de convertirse en docente en las dos últimas décadas.

En fin, creíamos que lo habíamos visto todo en este valle de lágrimas cuando Carmelo Anthony fichó por Los Angeles Lakers a principios de temporada, pero sabe Dios lo que nos depara esta nueva versión de la Kulturkampf que se representa cada día en la capital del reino.

Referencias

Azaña, Manuel (1930) “Madrid”, en (1982) Antología I. Ensayos. Madrid, Alianza Editorial.

Comunidad de Madrid (2022) La Comunidad de Madrid convoca cerca de 5.500 plazas públicas de maestros de Primaria y profesores de Secundaria y FP. Madrid. Disponible en https://www.comunidad.madrid/noticias/2022/01/17/comunidad-madrid-convoca-cerca-5500-plazas-publicas-maestros-primaria-profesores-secundaria-fp

Engels, Friedrich (1873) Los bakuninistas en acción, en Marx, Karl y Friedrich Engels (1998) Escritos sobre España. Madrid, Trotta.

Valenzuela, Fernando (1987) “Notas históricas sobre el edificio de la calle Guilermo Rolland”, en Pátina, Revista de la Escuela de Conservación y Restauración de Bienes Culturales. nº 2.

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