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La columna de Chema Aznar: En donde los datos se ponderan

La columna de Chema Aznar

La columna de Chema Aznar

La formulación del proyecto, elaborado en el marco de una empresa, comunidad social o institución, se define por su naturaleza: económica, social, comercial, productiva o medioambiental. Pero surgen algunas preguntas: ¿durante el desarrollo del proyecto se plantearían aspectos y reflexiones situacionales orientadas a principios éticos y sostenibles? ¿O, por el contrario, el diseño operaría como una profesión amaestrada, enfocada únicamente en la resolución de problemas desde un espacio concreto, definido, especializado o incluso atomizado, como un proveedor aislado —un profesional autónomo—, limitado y sin conciencia del todo? 

Seguramente, la respuesta dependerá del tipo de proyecto y de si se desarrolla dentro de los límites de lo conectivo en el marco de la semiosfera. No obstante, también podría desenvolverse en espacios intermedios, no categorizados por el mismo sistema. 

Desde estas limitaciones, el diseño podría emerger a partir de consideraciones originarias, adoptando criterios reflexivos y abordando aspectos subjetivos, culturales, sociales, políticos o humanísticos. También se vería condicionado por la aceptación o rechazo del proyecto, aunque esta autonomía de elección resulta casi imposible en una sociedad precaria y determinista, sometida a una conexión constante. Por otra parte, está la afirmación de que el azar debe ser superado mediante el optimismo simplista —propio del discurso transhumanista—, que busca trascender la fatalidad de la “lotería genética”. 

En el marco de decisiones autónomas, el diseño debería entenderse como una disciplina coordinadora y mediadora, capaz de crear soluciones reales a problemas reales, evitando convertirse en un simple títere al servicio de sistemas conectivos, reduccionistas y contingentes, potencialmente orientados hacia crecimientos absurdos. 

El diseño debe poder adaptarse a cualquier contexto o escenario, sin perder de vista su objetivo fundamental: avanzar hacia una ecología respetuosa entre lo artificial y lo natural. 

En los proyectos, los diseñadores (desde un concepto generalista) tienen como objetivo fundamental servir a la comunidad. Este aspecto debería ser de interés preponderante, pero a veces se vuelve confuso por las aspiraciones interesadas en priorizar la maximización de las ganancias. 

Estas situaciones perturban por varias causas, como la necesidad de aminorar los gastos, obligando a acatar situaciones muchas veces surrealistas, constriñendo al diseño a soluciones adocenadas o derivadas de antecedentes complicados provenientes de estudios de mercado, en los que cuentan solo las tendencias tautológicas y repetitivas, desde una situación temporal circular, coincidentes con la “iconografía del Movimiento Moderno”, donde se aleja de su sentido, buscando lenguajes reductivos hacia situaciones minimalistas fundamentadas en geometrías ortogonales y euclidianas, bienvenidas por su facilidad desde todos los sentidos en la producción, convirtiendo los espacios habitados en lugares solo vividos de paso. La paradoja es que, en otros niveles adquisitivos superiores, la pureza de líneas, superficies impolutas e impersonales sea difícil de producir. 

Se avanza hacia situaciones en las que el diseñador, influido por estadísticas y valoraciones agobiantes y monotizadas, determinará soluciones forzadas por requerimientos expresados hacia usos funcionales, simbólicos y estéticos no necesarios, pero sí orientados a hacer que el producto sea competitivo, siendo finalmente un conjunto extraño de valores previamente determinados por las tendencias. 

Por ejemplo, el foco de innovación tecnológica desde sus principios en la implementación en el M.I.T. proponía propuestas formalizadas por productos sociales de bajo coste; quizá debiéramos, en nuestro tiempo, considerar estas aplicaciones sin ajustarnos a hipótesis o definiciones definitivas de estudios de mercado, marcando un proceso determinado según sus criterios. 

Siguiendo con el ejemplo, Microsoft pensaba «de manera cerrada», aplicando el método científico; mientras que el Media Lab, mediante sus propuestas, pensaba «de manera abierta», y esta apertura hacía posible la innovación. 

Los diseñadores tienen como una de sus tareas más importantes la investigación en los distintos niveles de los procesos del proyecto. En este proceso aparecen datos imprevistos e importantes para salirse de las monotonías propias del proyecto y dar pie, desde la investigación, a la capacidad creativa en el diseño. «En donde la valoración de los datos se ponderarán…»; en una cita de Richard Sennett en su libro Construir y habitar. Ética para la ciudad, dice lo siguiente: 

El arquitecto Robert Venturi declaró en una ocasión: «Me gustan la complejidad y la contradicción en arquitectura […]. Prefiero la riqueza del significado a su claridad». Aunque cuestionaba gran parte de la arquitectura moderna por sus edificios funcionalistas de extremada sencillez, sus palabras calaron hondo. 

 

Bibliografia: 

Sennett, Richard., Construir y habitar. Ética para la ciudad, Arcàdia Editorial 2019 

Aznar, Chema. Apuntes, sobre el libro Lo poliédrico del Diseño 

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