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La columna de Chema Aznar: William Morris y la tecnodiversidad

La columna de Chema Aznar

La columna de Chema Aznar

Wiliam Morris es un personaje que quizá debería haber sido más atendido y estudiado en nuestra época. Cabe revisar sus propuestas, donde apuntaba una toma conciencia de su tiempo referido a la explotación de los trabajadores en las industrias inglesas. Morris buscaba la dignificación por el trabajo desde la producción de los objetos, en la que prevaleciera la experiencia positiva del trabajo con la materia, digna, creativa, sin renunciar a la tradición productiva, pero no sometiéndose del todo a las novedades de las técnicas de producción. 

Si hiciéramos un estudio comparado de lo que constituyó el orden positivista en las postrimerías del siglo XIX con nuestro tiempo, veríamos que ha evolucionado, instalándose hoy sutilmente investido de una parafernalia formalistica, fantástica, asistida por gurús de una ciencia-tecnológica hermética (solo entendida por sus planificadores), buscando eficacia en el consumo, siendo antecedida por una producción sistemática, apareciendo dos realidades problemáticas: el desplazamiento o eliminación del trabajo por los nuevas tecnologías y una explotación exacerbada de la producción deslocalizada, totalmente desvinculada de los verdaderos problemas de la sociedad local. 

Morris criticaba de forma manifiesta, desde su militancia socialista y desde su oficio referido, el discurso de la máquina en la industrialización como sujeto activo de un trabajo alienante; su preocupación surgía de los nuevos sistemas industriales, apartándose de los fundamentos existenciales del hombre, basados en la experiencia, la imaginación y el trabajo dado o fundamentado en el vivir desde el arte techné, aplicado desde su oficio, reivindicando una conciencia de clase trabajadora desmarcada de las dinámicas de explotación del trabajo en las industrias de finales de siglo XIX. 

Su visión romántica, referida al trabajo, inspirada por las agrupaciones gremiales del medievo o el Renacimiento, quizá hubiera podido cambiar el paradigma productivo del siglo XIX y en consecuencia del siglo XX hacia otros derroteros y, me atrevería a afirmar, relativamente más favorables, si nos preguntáramos: ¿y si hubieran sido aceptadas las teorías, artísticas y decorativas aplicadas, obviando la racionalidad del estándar, defendida por Mathesius en la Werkbund?

Este fue un debate interesado, forzado por una presencia fuerte del pensamiento positivista: el objetivo era establecer un arte formalístico, asumido por el maquinismo industrial, para mejorar la producción de los productos y la sumisión de todos los que defendían cualquier experiencia del pasado. 

Habría que poner más atención, desde la distancia y sin prejuicios, en los debates que defendieron estas dos posturas en la Werkbund. Gracias al movimiento de las Artes y Oficios (Arts and Crafts) irían cobrando sentido la planificación y la creación de los productos manufacturados en la industria. Aceptando esta opinión, y situándola como antecedente del trabajo del oficio del diseño, Morris asumiría la tradición: los procedimientos venidos de los trabajos, realizados tradicionalmente en las gildas o gremios, donde se utilizaban procedimientos y se desarrollaban técnicas, trabajos preparatorios, así como trazados antecedidos por dibujos, bocetos, utillajes, patrones y formulaciones descritas sobre la promisión de medios, dados por los patronos, o colaboraciones con otro gremio, etc. Siendo el proyecto un precedente claro, entendido como un proceso universal en el ejercicio del Diseño. 

El discurso de Morris denunciaba la indignidad del hombre en las fábricas, y su propuesta era que desde la acción del trabajo ejecutado excelentemente se le situara como artífice de su tarea. Por desgracia, esta condición ha ido difuminándose en modelos discursivos que no son, más bien tienden a excluir al ser humano, aunque a la vez, paradójicamente, lo hacen partícipe, títere de este gran espectáculo de nuestro tiempo. Se trata de una fórmula redentora de la ideología neoliberal que nos propone una visión trágico-carnavalesca como representación. Según Beatriz Preciado: “El ser humano ya no está concebido y gestionado desde un fin reproductor de la sexualidad (planificación productivista decidida en el siglo XIX en la plena industrialización que precisaba mano de obra), sino que es construido como consumidor de productos fármaco-pornográficos”. 

También podría afirmar que el individuo entra como producto fármaco-pornográfico, “paradigmático”, en las postrimerías del pensamiento posmoderno, prescindiendo de sus verdaderas necesidades, traducidas en espectaculares envoltorios, perdiendo toda visión real e impregnada de seducción, anulando toda participación efectiva y actuando en un complejo sistema rizomático que invade e impone desde sus nodos hegemónicos y persuasivos en las distintas regiones de la “tierra-globo”. Preciado añade lo siguiente: “El lifting facial y diversas intervenciones de cirugía estética se convierten por primera vez en técnicas de masas en Estados Unidos y Europa. Andy Warhol se fotografía durante una operación de lifting facial haciendo de su propio cuerpo uno de los objetos pop de la sociedad de consumo”.

Si nos preguntáramos por la hipótesis de William Morris desde sus propuestas geniales de las Artes y Oficios, la pregunta sería planteada de forma ponderada: ¿Y si hubieran sido aceptadas las teorías artísticas, decorativas aplicadas, conjugándolas con la racionalidad del estándar, defendida por Muthesius en la Werkbund? Es una pregunta muy difícil de responder, pero los diseñadores podemos imaginar, no solo desde sus formas artesanales, hoy fácilmente reproducidas, el aprovechamiento de las tecnologías. La técnica en donde emergerían producciones híbridas, conviviendo con tecnologías preferentemente blandas. Podrían coexistir las tecnologías, la producción artesanal desde necesidades reales, venidas desde escenarios socio-económicos, políticamente más coherentes, autónomos, no centralizados. 

Estos aspectos, reconsiderados e imaginados del diseño, pueden ser importantes desde sus posibilidades de articulación, orientada hacia diversidad de propuestas sociales, como la fragmentación y diversificación de la tecnología, según necesidades idiosincráticas de cada región del planeta desde sus carencias y diversas culturas, costumbres. Yuk Hui expone lo siguente “(…) La búsqueda de la tecnodiversidad propone reabrir la cuestión de la técnica: en vez de entender a la tecnología como un universal antropológico, insta a redescubrir una multiplicidad de cosmotécnicas junto con sus respectivas historias y con las posibilidades que ofrecen para hacer frente hoy a la tecnología moderna (…)”

Citas

Pevsner, Nikolaus. Pioneros del diseño moderno de Willam Morris a Walter Gropius, ed. Infinito, Buenos Aires Argentina 2000.

Preciado, Beatriz., Texto yonqui ed. Espasa Calpe España 2008.

Aznar, Chema. Incidencia y reflexión: pensamientos en torno al diseño de producto (Madrid)  ed. Experimenta.

Hui ,Yuk., “fragmentar el futuro, ensayos sobre la tecno diversidad” ed. Caja Negra, Buenos Aires Argentina 2020.

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