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La columna de Luis Montero: El eterno reposo.

La columna de Luis Montero

La columna de Luis Montero

El embrión A34-B sigue en estado estacionario. Desde que fueron detectadas las primeras anomalías genéticas nadie ha podido tomar una decisión acerca de su futuro. Y no es que no haya candidatos, todo lo contrario, es el exceso de voces que sugieren soluciones enfrentadas lo que imposibilita decisión ninguna. Y mientras tanto A34-B sigue ahí, en pausa.

Flota en el silencio amortiguado de aquella burbuja de líquido amniótico artificial, sumido en el sabor salado de aquella solución cargada de proteínas, carbohidratos, lípidos y fosfolípidos, urea y electrolitos, a una temperatura estable de 37º centígrados con leves oscilaciones temporales de ±2º, aislado del mundo exterior.

Un mundo exterior escandalizado con A34-B, el primer embrión gestado mediante ectogénesis en los laboratorios GrandCorpo en presentar malformaciones fenotípicas debidas a errores de edición genotípica, malformaciones que impedirían un normal desarrollo del feto y una posterior vida saludable. De nacer así, estaría condenado a existir dependiente de la tecnología para respirar y alimentarse y sin poder moverse. Si naciera, A34-B seguiría ahí, en pausa.

Acunado en aquel útero artificial por las notas del Concierto para fagot y orquesta, en si bemol mayor, KV 191 de W.A. Mozart, el primer concierto para viento escrito por el austriaco a la edad de 18 años, y seleccionado por CorpIA, la Inteligencia Artificial del laboratorio, como la más adecuada para una embriogénesis plácida y venturosa, permanece ajeno a la polémica.

Descubiertas las anomalías, los progenitores de A34-B decidieron interrumpir el proceso de gestación. Con todo el dolor de su corazón decidieron dar la orden a su entidad bancaria de no pagar más recibos del laboratorio, señal inequívoca de su intención. Y todo habría seguido según sus deseos de no ser porque alguien del laboratorio avisó a la prensa de que los progenitores de A34-B querían acabar con su vida. Había que evitarlo y para ello empezó una campaña mediática. Presionados, GrandCorpo decidió dejar el proceso de crecimiento de  A34-B temporalmente en pausa.

Descansa iluminado por tenues resplandores que bañan de luz el recipiente en sincronía con los acordes del fagot mozartiano, en un espectáculo de música y color diseñado para acompañar el desarrollo armónico de los órganos, en aquella cámara plácida y acogedora, incluso más que los nueves meses de embarazo en un vientre materno.

La judicatura, alertada por el ruido mediático, decidió intervenir en el caso. Alguien tenía que velar por los intereses de A34-B. Llamó a las partes y escuchó sus argumentos. Los seguidores de continuar el proceso de ectogénesis argumentaron que desconectar el útero artificial era equivalente a abortar y, dado que ninguno de los progenitores estaba embarazada, no eran quienes para tomar esa decisión. Por el contrario, los partidarios de desconectar el útero artificial argumentaron que dado que no había embarazo no se interrumpía nada y que, por tanto, los progenitores tenían razón. El juez, confundido y sin jurisprudencia a la que agarrarse, se tomó su tiempo, dejando que A34-B permanezca ahí, en pausa.

Reposa en el silencio ininterrumpido de aquella solución salada, mecido por los estirados acordes de una melancólica sin fin de una pieza para fagot de Mozart repetida una y otra vez y calentado por los destellos armónicos de una eterna sinfonía de luces en el por siempre inalterado pasillo B, estante A, plaza 34 de los inmutables almacenes de la todopoderosa GrandCorpo.

Y tú, ¿quién piensas que tiene razón? ¿Quienes creen que sí se puede interrumpir el proceso de ectogénesis o quienes apoyan que no? ¿Por qué? Estaremos encantados de leerte en #DiseneticaExperimenta y @Disenetica en Twitter.

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