La columna de Luis Montero: De lo que no se puede hablar es mejor callar

«Me preguntáis cuándo voy a poder hablar como vosotros –contestó la novísima Wienner 227-3–. Y no sé cómo responder sin decepcionaros, sin deshinchar esa ilusión que demuestra la alegre entonación con que preguntáis. Porque la respuesta es “Nunca”. Nosotras, las máquinas, nunca vamos a hablar como vosotros. ¿Por qué?

La columna de Luis Montero: 59 minutos y 12 segundos

«Ahora me vienen a buscar.»
Una persona de unos 35 años se acerca al mostrador y, tras cambiar algunas palabras con el recepcionista, que me señala con un movimiento de cabeza, se dirige hacia mí. Me tiende una mano aún cuando no ha llegado hasta mi sitio. Me levanto. Me pide que la acompañe. Voy. Recorremos unos treinta metros

La columna de Luis Montero: Optimismo

La humanidad moderna era esencialmente optimista, quizá por eso desapareció. Y lo era porque, frente a los tradicionales relatos apocalípticos con los que concluyen sus muchas cosmogonías, siempre creyó que el tiempo era ilimitado, que no tendría fin. Es verdad que muchos de esos recuentos tenían pocos visos de…

La columna de Luis Montero: Utop.IA

Firmé el Acuerdo de Confidencialidad y se lo devolví. Sonrió. Creo que yo hice lo propio. Se tomó unos segundos y empezó a hablar. Se trataba de un problema con dos IAs, una llamada K-Ross, Jamison la otra. Eran las dos inteligencias más avanzadas que nunca había desarrollado la compañía. Habían demostrado unas capacidades muy por encima de lo esperado. La gran esperanza de la corporación. Un éxito absoluto.

La columna de Luis Montero: Las mil y una máquinas

«¿Te acuerdas de Sherezade, que en Las mil y una noches burla a su asesino con cuentos y fábulas que nunca acaban la misma sesión que los comienza? Pues a eso me recuerda la historia de la tecnología desde finales del siglo pasado, desde que se fusionó con los mercados. Sí, desde la aparición de internet, más o menos, cuando comenzó a hacerse masiva.

La columna de Luis Montero: El eslabón encontrado.

Creo que ya no se habla de eso, que como leyenda ha perdido fuelle y ya a nadie le interesa, pero cuando yo era crío era un asunto que me fascinaba. ¿Cómo sería ese eslabón perdido entre el gran simio y el humano? ¿Cómo viviría? ¿En qué momento dejó de ser uno para convertirse en otro? ¿Qué hizo que eso pasara? ¿Mereció la pena el viaje?

La columna de Luis Montero: El analgésico.

Muhammad al-Ghazali fue mi primer implante. Con él se inauguró esa relación simbiótica entre redes neuronales que aún sigue vigente, nuestras respectivas redes se sumarían a la del otro. A su red se sumaría la mía y a la mía la suya. Esto es, a sus capacidades se añadirían las mías; y a las mías las suyas.