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La columna de Eugenio Vega: España, un enigma histórico

La columna de Joan Costa en Experimenta

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“No somos esos trabajadores que se levantan a las seis de la mañana, acaban a las seis de la tarde, y en ese tiempo están metidos en una mina o están a veinte pisos de altura. Somos conscientes de eso, pero nosotros, los futbolistas, no tenemos la culpa. Poseemos algo que nos ha dado Dios y tenemos que aprovecharlo de la misma manera que hay gente que saca partido de la cabeza que lleva encima de los hombros”. (Entrevista a Juan Gómez, Juanito, El País, 15 de mayo de 1982).

Hace hoy 40 años que se disputó en Valencia un partido de fútbol que supuso uno de los mayores fracasos de la selección española. Tras empatar con Honduras unos días antes, el 20 de junio de 1982, en el estadio Luis Casanova (hoy, Mestalla), España ganó de forma injusta a Yugoslavia y consiguió (sin merecerlo) pasar a la segunda fase del campeonato del mundo que se celebraba aquel año en tierras peninsulares. Yugoslavia había marcado al inicio del encuentro, pero en el minuto catorce se señaló como penalti una falta a Perico Alonso fuera del área. Roberto López Ufarte falló el lanzamiento de la pena máxima, pero el árbitro (experto en la aplicación del reglamento) mandó repetirlo, cosa que hizo Juan Gómez, Juanito, con mayor acierto que su compañero. En la segunda parte, Enrique Saura, de forma agónica y poco brillante, convirtió en gol un pase de su tocayo Enrique Castro, Quini, que acababa de entrar al campo. Cinco días después, España perdió con Irlanda del Norte (un equipo de medio pelo, pero muy crecido) y quedó relegada al segundo puesto de su grupo, es decir, obligada a jugarse el acceso a semifinales en un grupo con Inglaterra y Alemania en el que quedó última.

En la imagen, la selección Honduras en Alginet (Valencia) el 13 de junio de 1982, tres días antes de empatar con España. Fotografía de Ismael Latorre. Arxiu Ismael Latorre Mendoza (CC BY-SA 3.0).

Como era costumbre en aquellos tiempos, la prensa (desde El País a Supergarcía) no tuvo clemencia ni con la federación, ni con el seleccionador, ni con los jugadores. Y no faltaban razones para ello. Aquel campeonato fue un desastre sin paliativos, un fracaso de la España democrática que organizaba el mayor acontecimiento deportivo de su historia. Para la opinión pública era una decepción pero también una suerte de desastre nacional del que surgiría, quizá, una necesaria y profunda renovación.

II

Todo empezó mal. La remodelación de los estadios no se terminó a tiempo y supuso más gastos de los previstos: solo la construcción del estadio José Zorrilla en Valladolid costó más de 5.000 millones de pesetas. La programación Cultural’82 (con Julio Iglesias y los Rolling Stones) fue boicoteada por el propio comité organizador por razones poco confesables. Pero quizá de todo aquel desastre se recuerda, sobre todo, la elección de Naranjito como imagen gráfica del campeonato.

En 1979 surgió la polémica cuando Naranjito, un personaje creado años atrás por dos publicitarios de una agencia de Sevilla, María Dolores Salto y José María Martín Pacheco, fue elegido como mascota del campeonato. Aquella decisión fue motivo de toda suerte de críticas y ácidos comentarios. Para el Fary no representaba la identidad de un país tan fogoso: “tenemos otros símbolos con más sangre española”, dijo con la convicción que caracterizaba al gran artista madrileño. Por su parte, la entonces joven escritora Rosa Montero señaló que era “un futbolista climatérico vestido de obispo del Palmar de Troya” (Dominguez, 2019). Francisco Ibáñez, creador de Mortadelo y Filemón, opinaba que no tenía la consistencia gráfica necesaria para algo tan importante. Para los profesionales del diseño era una señal más del nulo interés de las instituciones públicas por la imagen del país y por su presencia internacional. Quizá no se dieron cuenta de que podía haber sido peor, pues las alternativas eran Toribalón, un toro con forma de pelota de fútbol, y Brindis, un niño torero vestido con los colores de la selección española.

A los ganadores de aquella convocatoria les dieron un millón de pesetas a repartir con la agencia en que trabajaban, pero solo la venta de Naranjito a la agencia de merchandising británica West Nally generó a la organización del campeonato 1.400 millones, una cantidad nada despreciable en aquellos tiempos (Estudio Abierto, 1982). Con Naranjito y otros personajes parecidos (Clementina, Citronio) se hizo una serie de dibujos animados, Fútbol en acción, que tuvo un éxito relativo en España, aunque según parece se llegó a emitir también en Francia.

III

Como en otros acontecimientos similares, se publicó una colección de carteles que fueron encargados a lo que se entendía por artistas de renombre de aquel tiempo, pero entre los que no se incluyó a ningún diseñador. El denominado Real Comité Organizador, la multinacional West Nally y la Galería Maeght de París, encargaron a quince artistas de varios países los carteles que representarían las catorce ciudades que acogían el campeonato más otro de carácter genérico que fue cosa (qué remedio) de Joan Miró. Entre los elegidos para tan histórica tarea estaban los españoles Tapies, Chillida o Arroyo a los que se unieron Adami, Erro, Alechinsky y los ilustradores Folon y Topor, muy valorados en aquellos tiempos previos a la revolución digital.

IV

Pero quizá el recuerdo gráfico de aquel Mundial más relevante (aunque poco conocido) fue el libro del campeonato que diseñó Willy Fleckhaus para la Olympische Sportbibliothek, un editor alemán que había iniciado su colección de acontecimientos deportivos en 1972 con los Juegos de Múnich. De aquellas ediciones, la más difundida quizá sea la del campeonato mundial de fútbol que se disputó en la República Federal de Alemania en 1974, donde el estilo que el diseñador alemán había creado para  la revista twen derivó en soluciones de una gran sencillez. De él cabe decir que fue capaz de aunar el formalismo de las vanguardias con el sentido comercial que se espera de la industria editorial. El libro de España’82 fue el último que diseñó Fleckhaus para la Olympische Sportbibliothek pues moriría en la primavera de 1983, con tan solo 57 años de edad en el mejor momento de su carrera. Como era habitual, se trataba de una compleja combinación de imágenes y textos compuestos en tipografía Baskerville donde primaba la disposición vertical que siempre caracterizó a su diseño. Es cierto que muchas de las colecciones que había iniciado Fleckhaus para Suhrkamp Verlag fueron continuadas tras su fallecimiento por otros, pero nunca alcanzaron el refinamiento y la consistencia de su creador, sin duda, uno de los más grandes diseñadores editoriales del siglo XX.

Páginas 161 y 162 del libro España World Cup’82, diseñado por Willy Fleckhaus. Cortesía de la Olympische Sportbibliothek, Munich.

Aunque el libro es, esencialmente, una recopilación de imágenes, no pueden pasarse por alto los artículos que contenía pues en ellos se hace una valoración del campeonato y del papel que cada país tuvo en aquella cita. Richard Hegglin dedica a España un texto que no admite dudas sobre las conclusiones que los medios de otros países sacaron de su participación. Con el título “Perdedores en todos los frentes” (Verlierer an allen Fronten), Hegglin recordaba que la gran derrotada de aquel acontecimiento no fue Alemania (que perdió la final), ni Brasil (que no llegó a semifinales) sino España que no solo había fracasado en el terreno deportivo. En su opinión, la organización del campeonato había mostrado grandes deficiencias, sobre todo en lo relativo a los viajes y hacía especial hincapié en la actividad de Mundiespaña’82, un consorcio formado en 1979 por varias agencias y unas cuantas cadenas hoteleras (Hegglin, 1982, 30).

V

Se insiste mucho en la capacidad del diseño para señalar las posibilidades futuras de cualquier proyecto social o político. Por ello, se da tanta importancia a las campañas de imagen de los grandes acontecimientos en la medida en que son el instrumento para impulsar su presencia en los mercados. En 1982 era moneda corriente considerar que Naranjito (y la pobre imagen gráfica de España’82) serían un lastre para el primer campeonato del mundo que España organizaba en su historia. 

Pero, más bien fue todo lo contrario. De aquel magno acontecimiento (que recordarán las futuras generaciones durante siglos), lo único que se salva es Naranjito.

Referencias

Estudio Abierto (1982) Entrevista a María Dolores Salto y José María Martín Pacheco en Estudio Abierto el 21 de abril de 1982.

Domínguez, María Ángeles (2019) “Naranjito no fue la peor opción, podría haber sido peor”, en Graffica, 11 de febrero de 2019.

Format (1969) Entrevista a Willy Fleckhaus, en Format 1/1969. 

Gerz, Alfons et al. (1982) España World Cup’82. Múnich, Olympische Sportbibliothek.

Hegglin, Richard (1982) “Spanien: Verlierer an allen Fronten”, en España World Cup’82. Múnich, Olympische Sportbibliothek.

Koetzle, Michael y Wolff, Carsten M. (1997) Fleckhaus. Deutschlands Erster Art Director. Berlín, Klinkhardt und Biermann.

Koetzle, Michael (1995) twen. Revision einer Legende. Múnich, Müchner Stadtmuseum.

Sánchez-Albornoz, Claudio (1956) España, un enigma histórico. Buenos Aires, Edhasa.

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