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La columna de Chema Aznar: El fondo de las cosas

La columna de Chema Aznar

La columna de Chema Aznar

El diseño no se circunscribe solo a interpretaciones alienadas de las cosas, desde una imposición lógica, aunque no tan razonable en sus configuraciones, proyectadas exclusivamente desde su atención a conformar un producto que contenga aspectos formales convertidos en símbolos o envolturas que conforman la identidad socioeconómica conveniente en un contexto errático. Este aspecto fenomenológico también participa en la función y la fruición de las cosas, pero evade el más adentro de las cosas: “lo sentido”, lo experimentado.

Las cosas las hemos encuadrado y entendido desde su multiplicidad; su finalidad es una “identificación pedagógica”, aprendida y convertida en routine. Los objetos los hemos recortado desde su fondo escénico característico, desplazados hacia un sentido espacial positivo, comercial. Esto es, al proyectar las cosas e ir definiendo el posible producto, se constriñe toda significación contextual interesada. Desde el contexto socio- productivo, los productos, las cosas y los objetos se reducen a entidades materiales que simplemente se nos presentan como una elemental tipología predefinida:

«Las palabras nos entregan de las cosas una pequeña imagen, nítida y consabida, imagen semejante».

“¿Es ilusorio imaginar que entre los intersticios temporales entre el sueño y la vigilia es más fácil captar, casi por sorpresa, el envés de las cosas, antes de que adopten su preciso desplazamiento mental y real?”

Creo que en las investigaciones sobre las metodologías y procesos habrían de incluirse la sensibilidad desde la experiencia, el talante. A diferencia de “poético” (relacionado con la poesía o la estética), poiético como forma de conocimiento desde la experiencia lúdica describe el proceso de creación donde algo pasa del no-ser al ser. Se asocia con la producción técnica o artística, frente a la praxis, acción con fin en sí misma. Pero, en todo caso: “¿Qué estrategia teórica es necesario emplear para devolverle al mundo un sentido más pleno, menos aplanado sobre la routine de la cotidianidad o menos interesado en el dominio sobre los objetos?”

En su libro No-cosas: quiebras del mundo de hoy, Byung-Chul Han menciona un aspecto clave: el drama que ocurre cuando desaparece el otro o lo otro. La digitalización borra nuestra experiencia real en el mundo, “nos protege de la realidad”. Las cosas, hacia los productos, van invistiéndose de información hasta llegar a una inflación hiperinformativa, eliminando su valor relacional. En este contexto resulta difícil entablar una relación independiente y recíproca con los objetos: el otro o lo otro se transforman en meros entes utilizables. “El otro como misterio, lo otro como mirada, lo otro como voz (sonido) desaparece (…) La ausencia de relación y apego conduce a un serio empobrecimiento del mundo (…) Solo una reanimación de lo otro podría liberarnos de la pobreza del mundo.”

Entre las diez preguntas que Byung-Chul Han plantea sobre las cosas, hay dos que resultan especialmente llamativas: una manifiesta la alteridad, mientras que la otra nos hace intuir el ánima de los objetos:

¿Quién se siente en la actualidad mirado o interpelado por las cosas?
¿Quién sospecha que las cosas tienen vida propia?

Las cosas cuentan historias, ya latentes e intencionadas, que escapan a todo ordenamiento. Solo constituirán espacios con sentido si son capaces de provocar experiencias estéticas en quienes las vivan verdaderamente.

En su obra El Rastro, Ramón Gómez de la Serna narra con emoción el pasado de unas máquinas de hacer café “arrumbadas” en un mercado de segunda mano en Madrid. Las cosas cuentan historias, ya latentes e intencionadas, que escapan a todo ordenamiento. Solo constituirán espacios con sentido si son capaces de provocar experiencias estéticas en quienes las vivan verdaderamente. En un parágrafo de su libro El Rastro dice lo siguiente:

“Este es un detalle tan superfluo y tan ciudadano, que conmueve. Se siente que haya dejado de tomar el café confortador ese ser con buenas aficiones… Enternecen las cafeteras y se las mira con cariño, con benevolencia. ¿Por qué vino a arrumbarse aquí ese artefacto cordial, compensador, irónico, espiritual, pacífico y sedentario que inventaron los hombres para refrigerar al corazón en su expatriación del paraíso? ¿No era la flor de su trabajo, la rica taza caliente y de espeso color que él se preparaba con cuidado y fe, escanciándolo con una ternura y con una gratitud que le compensaba de las muertes que había visto y de los grandes, infinitos y apiadables dolores de su vida?”

En este sentido, Graham Harman, filósofo del realismo especulativo, “traza una ontología orientada a los objetos y recupera la especulación como vía de acceso al ser de las cosas”.

Es evidente que nos sentimos interpelados por las cosas y, cómo no, las cosas tienen vida, suscitando un diálogo continuo en el que surgen sentimientos y conocimientos en quien las mira o las utiliza.

 

Bibliografía

Bodei, Remo: La vida de las cosas. Amorrortu Editores. Buenos Aires – Madrid.

Han, Byung-Chul: No-cosas: quiebras del mundo de hoy. Ed. Taurus.

Gómez de la Serna, Ramón: El Rastro. Ed. Sociedad Editorial Prometeo, Valencia, 1915.

Harman, Graham: El realismo especulativo. Ed. Caja Negra .Buenos Aires.

Aznar, Chema:  Incidencia y reflexión: pensamiento en torno al diseño de producto Ed. Experimenta.

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