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Montserrat Mesalles: Recuperar y reinventar

La humanidad arriba a una encrucijada tal, que clama por saber qué hacer con tantos componentes de su cultura material, cuando abundan los productos nuevos y los ya en desuso, viejas fábricas abandonaron sus equipos por absoletos delante de lo digital y de última generación tecnológica. Debemos saber qué hacer con todo ese arsenal que fenece en bodegas, basureros o cementerios, donde incluso, es necesario llegar con actitud de “arqueólogo industrial” a recomponer un tiempo olvidado, perdido quizás en los anales del cine o de la fotografía que relató sobre el emporio forjado por la Revolución Industrial desde finales del siglo diecinueve. Hoy en día hay que sacarle provecho a todo esos vestigios y reinventar nuevos usos. Ese llamado lo escuchó la diseñadora costarricense Montserrat Mesalles quien exhibe en Klaus Steinmetz Contemporary, Escazú, a partir del 12 de noviembre 2013.

Montserrat Mesalles. Mesa de sala. Fotografía Roberto Van der Laat, cortesía de la diseñadora.

Montserrat Mesalles. Mesitas con sobre de vidrio. Fotografía Roberto Van der Laat, cortesía de la diseñadora. 

Montserrat Mesalles. Mesa de sala. Fotografía Roberto Van der Laat, cortesía de la diseñadora. 

¿Cómo explicarse los cambios?
El último cuarto del siglo pasado, se dieron transformaciones paradigmáticas para la humanidad, preparándonos para inaugurar el nuevo milenio al cual hemos querido ponerle un montón de etiquetas sin que ninguna calce por completo y lo defina: aun hay mucho que esperar, ver, probar y sorprenderse. A mediados de los noventas, sensibilidades como las de la Otredad -(Yo Soy Tu), cuando las diversidades culturales, étnicas y religiosas fueron vistas no como adversidades sino como puntos de quiebre para abordar la ufanada globalidad, y la actitud postmoderna de revisión nos motivó a pensar en que una sola componente del sistema social que desapareciera, la sociedad entera la resentiría, removieron viejas estructuras sociales y políticas en pro de transparencia -y, como en este caso-, de recuperación de “una cosecha de antaño”, para infundirle nuevas fuerzas en convivencia con los productos de la nueva tecnología. Las primeras muestras de diseño de mobiliario con estos caracteres de recuperación, trascendieron desde inicios de esos años noventas en Alemania; en Nueva York y Chicago se exhibió “Alto y Bajo”, muestra en la que también se sentía caer “las murallas” antes infranqueables entre arte y diseño.

Montserrat Mesalles. Porta vinos rotatorio. Fotografía Roberto Van der Laat, cortesía de la diseñadora.

Montserrat Mesalles. Asiento y Lámpara juguete. Fotografía LFQ. 

¿De dónde vienen las ideas?
Pero no se trata de solo extraer del contexto -“bajo”-, donde se descubre un objeto para elevarlo a la postura de lo –“alto”-, antagonismo que aún caldea fieros debates entre los defensores del arte puro con los de las nuevas visiones del objeto y sus espacios de existencia armoniosa; todo este complejo de pensamientos nos requiere mayor análisis, observación y reflexión de estrategias que nos posibiliten reinventar el pasado en el presente para proyectarse a un futuro que se dibuja con mayor claridad.
Al preguntarle a Montserrat Mesalles ¿dónde y cómo nacen sus ideas de diseñadora? –y, en el caso específico de esta muestra-, ¿cómo las persigue y define para concretarlas en un nuevo producto? Ella me explica que encontró en un basureo lo que parecía ser una puerta giratoria: Estaba acostada en el suelo en medio de un barrial, con lo que no se descifraba qué era ni para qué servía. Me la traje al taller, revisándola y poniéndola de pie me percaté que su eje central funcionaba perfectamente. A partir de ahí comencé a pensar la utilidad que le podría dar rescatando su funcionamiento original, que probablemente fue la puerta de entrada a un banco o un negocio importante de la capital, me propuse interpretarla como un contenedor de vinos.

Montserrat Mesalles. Mesa y mesitas. Fotografía LFQ.

Montserrat Mesalles. Mesa corazón. Fotografía LFQ. 

Montserrat Mesalles. Juego de asientos “valijas”. Fotografías de Roberto Van der Laat y LFQ. 

Estrategias para una nueva función
Es en ese espacio del taller -laboratorio donde se descubren nuevas funciones a los materiales y a los objetos-, donde se revive esa carga de emociones que los transforma y brinda una extensión de su utilidad. Cuando el visitante a la muestra los observa, se descubre en ellos y enciende su natural talento de la creatividad, se empodera y hasta quizás se siente capaz de hacer sus propias aproximaciones al rediseño de otros objetos. Sin embargo, hay que dominar un lenguaje de diseño, cada objeto por tosco o burdo que parezca es una palabra que será llenada a partir de lo emocional, en empatía con la memoria o experiencia que se tenga de aquello que se descubrió, como se dijo, en un basural perdido entre el olvido y la corrosión. Ahí se provoca la fuerza de la idea, lo que carga al objeto que dejó de ser lo que fue para revivir un espacio diferente, con otros matices y en cuyos planos gravita la idea.

Público asistente a la galería. Fotografía LFQ. 

La muestra motiva al espectador, observé esos gestos en los rostros de los espectadores exacerbados por la expectación que suscita lo expuesto y quizás el fuego de un vino durante la inauguración. Muchos de esos objetos fueron dados por inservibles e incomodaban a alguien en una oficina, casa, o fábrica, ahí –en el hermoso espacio de Klaus Steinmetz Contemporary-, son vistos como alternativa para cambiar de rol, para atisbar y sintonizarse con otros matices, con otros vocablos en este paradigmático borde entre el arte y el diseño actual.

 

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