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José Miguel Rojas: Juego Sucio

04.07.2014 | 10:04

Al visitar “Juego Sucio”, exhibición del costarricense José Miguel Rojas en las salas de exposiciones temporales de los Museos del Banco Central –MBCCR-, del 12 junio al 12 octubre 2014, curada por María José Monge, tal y como suele suceder cuando lo observado activa la toma de conciencia donde conocer, relacionar, indagar e intrincar con lo expuesto, pues, si fuera de otra manera, en mi caso personal lo visto no movería en absoluto a escribir reflexión alguna. Tal desafío activa un mapeo de interrogantes acerca de la naturaleza misma del arte; suelo peguntarme ¿qué motiva los cuestionamientos planteados e impregnar con el lenguaje, en este caso, la pintura?, ¿cómo, cuándo y en qué condiciones adquirió esos conocimientos para crecer como artista quien se manifiesta con tal estética?, ¿cuáles fueron los caracteres del entorno en que creció y de donde emergió con una indumentaria suya que le presenta ante una sociedad que lo observa?, ¿de dónde proviene esa visión de un ser humano conmovido, desdibujado hasta la raíz ontológica del ser por las contingencias del diario vivir?

“Autorretrato”, serigrafía, 1994. Foto LFQ. 

Al dar mis primeros pasos por las salas expositivas, entre textos, fichas técnicas, y cuadros del eje “Sin eco en otro cuerpo”, el simbolismo de la sensualidad y la sexualidad humana, me engulló en la evocación de una lectura de juventud, donde merodeó aquel bicho kafkiano que aterrorizado se movía por las paredes de la habitación tratando de comprender el por qué de sus extremas condiciones. Ahí mismo, a unos cuantos pasos encontré uno de los cuadros adosado a la pared pintada de rojo escarlata, decisión museográfica quizás para enmarcar la pregunta central de la muestra: ¿por qué él, el pintor, se autorretrata sumido en un espacio silencioso pero emocionalmente activo, desnudo, desarmado ante las vicisitudes e incertidumbres de un ser actuante en una sociedad compleja como la que nos toca vivir en la actualidad?

Los caracteres del juego implican la existencia que discurre en un espacio marcado por el antagonismo –dominador/dominado-, y aunque estemos dispuestos al triunfo ubicados quizás en lo más alto de la rueda de la fortuna, a veces las posiciones se invierten y resultamos perdedores. Dicho lapso vivencial no es nada neutral, ahí coexiste el juego limpio pero también el sucio.

“Soledad, te siento”, óleo sobre tela, 2011. Foto LFQ. 

El artista y su propuesta
Conocí a José Miguel Rojas desde la década de los años ochentas del siglo pasado, cuando emergió en el panorama del arte local, y en esos liminares me fue tan borroso como los gestos de algunos de sus personajes de “El rostro de la violencia”, a veces su imagen se me disipaba por completo, pero de pronto, la luz de su personalidad avivaba y crecía con fuerza como lo hace con esta muestra. Sin embargo, puedo afirmar que hasta ahora se quién es y puedo caracterizar y sentir la fuerza de sus retantes propuestas; logro reconocer que gracias a la investigación curatorial y el espacio que el MBCCR le ofrece, hoy valoro las fichas con que emprende y sella el enigma del juego.



“Imágenes del poder”, acrílico sobre tela, 1998. Foto LFQ. 

El entorno vivencial donde creció y se formó, es un signo fundamental para intentar la lectura del arte que hoy muestra y sus aportes. Nace en San José, en 1959, en tiempos de enormes remezones en la esfera nacional e internacional, cuando fraguó la Guerra Fría, que influyó en el acomodamiento político-social y cultural de nuestra Costa Rica de la Segunda República, caracterizada por un Estado expansionista; fueron tiempos de amplia factura edilicia, pero también época de reverberación social, que, de alguna manera también aportó al sector cultural la creación del Museo de Arte Costarricense, el Ministerio de Cultura, la GANAC, la Galería Enrique Echandi donde él expuso en los años noventas, también se creó La Galería Nacional y el Museo de Arte y Diseño Contemporáneo.


 

“Luisa González, Roberto Mata, Armando Morales, José Luis Cuevas, César Vallejo, Pablo Neruda”, óleo, acrílico, carboncillo, betún de judea y tierra sobre tela, 2001. Foto LFQ. 

Mientras él crecía, se dieron fundamentales transformación del arte local, con el regreso al país a finales e inicios de los sesentas de artistas del Grupo Ocho, como Felo García, quien introdujo la Abstracción y la pintura Matérica; Manuel de la Cruz González introductor del Constructivismo y la Abstracción Geométrica.
Al estar José Miguel en edad de concluir sus estudios primarios y prepararse para iniciar la secundaria, se experimentó la primer gran sacudida al arte costarricense, cuyos caracteres costumbrista e impronta complaciente subsumían entre pasividad y nada. La Primera Bienal Centroamericana trajo en condición de jurados de la crítica de arte argentino-colombiana Marta Traba, quien abogó por la Nueva Figuración Latinoamericana, además de uno de los principales artistas de aquellas prácticas, el mexicano José Luis Cuevas y a Fernando De Sizyszlo.
Refiero estos acontecimientos pues fueron el entorno social, cultural y político que él conoció y que lo marcaron y, aunque la muestra presenta su producción de los últimos treinta años, su lenguaje ya hervía desde sus andanzas juveniles por aquel San José entre andamios y caracteres de trasformación. De 1973 a 1976 frecuentó la Casa del Artista para comenzar a forjar el gesto manifiesto en su dibujo; de 1978 a 1986 consolidó los estudios de licenciatura en Artes Plásticas de la Universidad de Costa Rica, como también experimentó las nuevas tendencias del arte de los noventas con su estadía entre 1992 y 1995 en Alemania.

“Contraatacando, Cabeza de boxeador”, distintas técnicas, medidas, años. Fotos LFQ. 

Repito que las expresiones propias de su sensibilidad, en tanto el artista nunca está aislado de las situaciones vivenciales, y son fortalecidas por sus experiencias de aprendizaje, pero también asimiladas en lo visto, probado, sentido por su pensamiento analítico-deductivo, en tanto vivenció el impacto de la conmoción e intransigencias de las partes actuantes en esta sociedad -que también tematizaron otros jóvenes artistas de su generación (hablo de Manuel Zumbado, Sila Chanto, Miguel Hernández, Priscilla Monge, entre otros)-, y que él cohesionó con los acentos de su visión de mundo, sumado a lo formal e informal que la vida le enseñó de sus referentes estilísticos y conceptuales, leídos en la no linealidad advertida en Juego Sucio: el neofigurativismo, el neoexpresionismo, el pop, las técnicas del informalismo: Bacon con la persistencia del sentido emocional del espacio y los gestos atormentados, angustiados, convulsos, que también evoca a Willen de Kooning, Cobra y Karel Appel, pero también una importante intertextualidad traída del cine y la literatura de pensamiento crítico.



“El festín macabro”, óleo, acrílico y carboncillo sobre tela, 2003-2014. Foto LFQ.

El significado de las pugnas de poder
Evoco, a la distancia de tantos años, un discurso del Presidente José Figueres Ferrer cuando criticaba las estructuras de imposición de los poderosos -los “encorbatados” de anteojos oscuros para José Miguel-, decía don Pepe que éstos nos enseñaron a tener autos, como una figura de estatura social, cuando la gasolina era barata, pero de pronto, acabaron las tensiones Norte Sur, Este y Oeste, ellos tenían que fortalecer la industria automovilística para ocupar a los obreros que antes fabricaron armas, se acabaron los beneficios, el aparato estatal se contrajo, subieron los precios de los hidrocarburos y nos dejaron literalmente “guindando”, o como expresa ese decir popular: “viendo pal techo”, germen de la paradoja por el cual conocimos la estrechez de agudos desbarajustes en la economía planetaria, nuevas guerras y demás tensiones. Fue con ese discurso político que comprendí el asunto de la dominación neohegemónica y la asunción de “los encorbatados”, gerentes de la banca usurera que tanto aprieta a nuestros países por la dependencia no solo de sus eurodólares prestados, sino de sus productos impuestos por los más sofisticados mecanismos de seducción mercantil. ¿Acaso, no es todo esto, lo que anticiparon los artistas de la Nueva Figuración Latinoamericana de los setentas y ochentas que tanto detonó en Centroamérica, tanto como el creciente Conceptualismo de los ochentas, noventas y los dos mil, además del detrimento existencial del individuo ante el cambio de época, el acceso al nuevo milenio, y siempre nuevos instrumentos de dominación activados por la tecnología de punta?



“Flash a la perversidad”, óleo y acrílico sobre papel craft, 2006. Foto LFQ. 

Es ahí que comprendo el movimiento del jaque, la idea del combate, ataque y contraataque, táctica, hilo en tensión de los estrategas pintados en distintas técnicas de reinterpretación y reinvención del gesto gráfico o pictórico con otros leguajes, citas e intertextualidad de la historia del arte, el cine, la televisión, los video juegos, la animación, el comic, observados en “Retrato leal de una familia real” 2006, “Flash a la perversidad” también de 2006, una narrativa simbólica que replantea el discurso de las pugnas y vulnerabilidad de una sociedad confrontada, requerida, observada para dar explicación de lo poco o mucho que posea. No está exenta en esta remezón que tematiza Rojas la posición de la religión, la espiritualidad asumida o impuesta que también nos marca en la jugada de perder o ganar. Pero tampoco todo es tensión y violencia en esta muestra, también encontré un ángulo de lo visto con suma poesía en aquella serie de retratos de “Luisa González, Roberto Mata, Armando Morales, José Luis Cuevas, César Vallejo, Pablo Neruda”, óleos, acrílicos, carboncillos, con betún de Judea y tierra sobre tela del 2001.



“Retrato leal de una familia real”, acrílico sobre papel craft, 2006. Foto LFQ.  

“El sin nombre”, acrílico, carboncillo y grafito, 2006. Foto LFQ. 

Pero, “Soledad, te siento”…
Para acercarme a la pintura de José Miguel y comprender el constructo donde encaja su forma de arte, de ese ser humano afectado por las contingencias e incertidumbres de la cultura de fin e inicio de siglo y milenio: los antagónicos juegos de la creciente globalización, los incisivos juegos de neodominación que tensan los ejes entre sí y tematización del arte y la comunicación de masas: el cuerpo que no soy, el yo soy tu, vinculación, alteridad, otredad, el silencio subjetivo que habla a gritos y detona en la conciencia colectiva como un clamor y emocionalidad punzante hasta lo más recóndito de la psique e identidad humana, me mueve a comprender la naturaleza de la pieza aquella del 2011 –con que introduje este comentario-, que atañe a la psicología social, a las contradicciones en las relaciones de pareja, los conflictos por la inclusividad, o del siempre “fetiche urbano” cuando se predica que aquello que haga me afecta en mi propio nicho u horma, y por ello busca el “útero del mundo” para refugiarse de la gran rata –la hiena en el simbolismo de Rojas-, que roe entre los ductos y tuberías del desarrollo mundial, escurridiza como un boomerang que al tratar de sujetarlo entre nuestras manos hacedoras, también nos golpea.



Salas expositivas. Foto LFQ. 

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Luis Fernando Quirós

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Diseñar una cafetería

23.06.2014 | 09:34

José Rafael Brenes Silesky es Ingeniero Civil de profesión, graduado en la Universidad de Costa Rica, y aunque se sumió de lleno en el diseño estructural, construcción e incluso diseño de puentes y carreteras muy propios del perfil del ingeniero, en los últimos años ha venido involucrándose en el diseño de tiendas, tratando de explorar su beta creativa. Quiero tener esta conversación con él, para que nos relate cómo ha sido su aproximación al diseño, cómo se genera experiencia a partir del conocimiento de los materiales, las técnicas y tecnología de la construcción y su afinidad con la arquitectura; preguntarle quizás cómo hace para escuchar esa voz del material y afinar su sensibilidad para el color, la luz, el claroscuro, el deleite por el vacío cuando se conocen todos esos valores que emergen del espacio interior, para jugar creativamente a partir de la experiencia de haber vivenciado, palpado, tocado dichos materiales y sus calidades, que no es simplemente verlos, todo para satisfacer al usuario, al cliente y tener presencia en la vida cotidiana, en este caso, de un mall muy concurrido como es Multiplaza de Curridabat.

José Rafael Brenes Silesky, diseño de cafetería. Fotos cortesía del diseñador. 

LFQ: ¿Cómo fue tu acercamiento al diseño de una tienda, en este caso una cafetería?
José Rafael Brenes Silesky:
Mira, de estas tiendas he diseñado ya cinco. Toda mi vida me he sentido muy atraído por el diseño en general. La idea de crear cosas nuevas que produzcan sensaciones a las personas es apasionante. Incluso en el mas frio diseño estructural me genera esta sensación. Se me pidió una propuesta de estas cafeterías, basado en un lineamiento básico que la franquicia pide. Utilice un programa de diseño tridimensional (que yo solo aprendí a usar). La propuesta gustó, y luego pasamos por un proceso de ajuste en el que participaron tanto los dueños como la administración de cada Mall. La idea en este caso fue combinar el concepto tradicional de la franquicia con notas modernas asimiladas en mi lectura del entorno del Mall. Todo este proceso de mi parte es totalmente intuitivo, pues no tengo una formación formal en arquitectura, de formación formal soy ingeniero civil.


LFQ: ¿Qué media entre el diseñador y el cliente para alcanzar el éxito de un proyecto?
JRBS:
Pienso que entre ellos debe mediar, primero que nada, una relación relajada, jovial, de mucho diálogo. Solo así creo que se puede captar lo que tu cliente quiere, observar sus gustos, estilo de vida y, ¡hasta sus ideas fijas y obsesiones! Finalmente es el cliente quien disfrutará la obra. El éxito para mi es que el dueño se sienta a gusto en lo que te pidió, aunque no sea el estilo que el diseñador quiera, esa es la inteligencia del que crea.

José Rafael Brenes Silesky, diseño de cafetería. Fotos cortesía del diseñador.  

LFQ: ¿Posees alguna táctica en especial para emprender esa difícil negociación de conciliar tus ideas con las necesidades del cliente?
JRBS:
No tengo táctica en particular, pero trato de conocer la personalidad del cliente. Hay profesionales que le imponen su estilo y al final lo que se tiene es -por ejemplo-, una familia de gustos clásicos metida en una casa minimalista pero totalmente insatisfechos. El único contento es el diseñador. No creo en esas soluciones.


LFQ: ¿Cómo calza en todo ese proceso previo al diseño la creatividad y tu experiencia como ingeniero civil? Es una mezcla interesante, pero, ¿de qué manera aunar la ciencia y el arte? ¿Qué referentes podrías citar?
JRBS:
Toda la vida he vivido fascinado por el proceso creativo. Desde niño hacia pintura, acuarela, de universitario pasé por la danza, tango, tuve una cafetería, hice una obra de teatro dirigida por Haydee DeLev. Soy lo que en este país llamarían un bombeta, ¡jajajaja! Todas estas experiencias me han aportado imágenes y sensaciones. El ingeniero que soy me da un conocimiento detallado y racional de los materiales: resistencia, rigidez, flexibilidad, durabilidad, texturas, elaboración de modelos matemáticos de las estructuras. Mi gran referente en todo esto es el ser humano más completo que ha existido en este campo: Leonardo Da Vinci. No hace falta hablar de él.

José Rafael Brenes Silesky, diseño de cafetería. Fotos cortesía del diseñador.  

LFQ: ¿Cómo inicias un proyecto?, ¿dónde encuentras los activadores, la fuerza y la perspicacia para iniciar?
JRBS:
¡Me cuesta un mundo empezar! Paso días con una idea en la cabeza, doy vueltas como una gallina, hago mil cosas antes de comenzar a hacer la primera raya. Sin embargo cuando empiezo me apasiono, no paro.


LFQ: ¿Crees que los factores emocionales enriquecen el espacio y cargan tu selección de muebles, materiales, acabados, colores? ¿Cómo se logra, color, texturas, uso de imágenes, fotografías? ¿Qué estrategias posees para atraer el interés del usuario que anda sediento de un algo diferente que le active sus propias emociones? ¿Crees que es válido plantearse estos factores en un proyecto de diseño, sobre todo para un proyecto ubicado en un gran mal como Multiplaza, donde transitan miles de personas diariamente, o cómo llamaría Marc Auge “los no espacios” o “espacios del anonimato”? ¿Cómo implicar las emociones del usuario para que salga empoderado de la experiencia de visitar y ser usuario o cliente del lugar?
JRBS:
Claro, sin duda alguna para mí la creatividad es una respuesta emocional, es el primer paso. Estos lugares “no lugares” tienen un gran desafío: Llamar la atención, atraer y obviamente en este caso, vender (esto es todo un mundo aparte). Entra en juego la audacia, el atrevimiento en todos los aspectos para sacar de su mundo al transeúnte. Combinar colores, materiales y texturas que logren romper ese transitar distraído por el espacio impersonal del Mall. Eso en el individuo creativo apasiona, intriga, crea ansiedad, pero ese es el disfrute del proceso.

José Rafael Brenes Silesky, diseño de cafetería. Fotos cortesía del diseñador.  

Andar por la ciudad, recorrer los grandes centros comerciales repletos de personas deseosas de un algo que muchas siquiera saben qué es, o tienen una ligera sospecha, pero caminan, observan, encuentran y vuelven a buscar. El diseñador ocupa aquí una función fundamental, él tiene que saber de sicología social para cohesionar un concepto que sea leído y satisfaga a un usuario delante de tanta comunicación visual, requiere atraer la atención del caminante y buscador, manejar un espacio para hacerlo funcional y atractivo, con signos que pueden ser desde un mueble, un determinado mecanismo luminoso, un material, un color, una textura, una fotografía –como en este caso, dispuesta en lo alto del espacio-, se trata de una apariencia que funcione y a la vez intrinque con esas emociones para que el usuario emerja satisfecho del lugar que visitó y evoque lo suyo, lo que es propio y disfruta en su intimidad. Me encanta indagar estos y otros aspectos extra proyectuales, por lo que encontré en Brenes Silesky a un diseñador haciendo experiencia, motivo que aprovecho para que nos comparta su visión y el significado de su propio caminar en esos enormes espacios de la urbe contemporánea.

  

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Luis Fernando Quirós

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Diego Van der Laat: Museo del Jade

19.06.2014 | 08:23

Relata el arquitecto Diego Van der Laat, creador de la propuesta de conceptualización del nuevo edificio del Museo del Jade del Instituto Nacional de Seguros –INS- en Costa Rica, que él se percató de la convocatoria casi en la fecha límite, por lo que solo contó con un fin de semana para ajustar los mecanismos creativos que le permitieran participar y ganar el concurso. Aprecia que esa premura quizás influyó en que la idea generadora fuera muy pura, en tanto se trataba de un museo requería un concepto muy singular, con una carga de identidad sustentada en la enorme herencia legada por nuestros ancestros, la cultura costarricense y el entorno donde se edificaría el edificio, razones para afrontar un proyecto de una naturaleza diferente, sin enredarse en ideas que por lo general surgen en estas etapas proyectuales; quizás ese fue el aspecto que implicó la fuerza con la que hoy se aprecia el Museo del Jade, Avenida Central de San José, pié de “Cuesta de Moras”.

Dos piedras de considerable tamaño, una dispuesta en el vestíbulo y la otra en Sala del umbral, demuestran la belleza del jade al realizar los cortes que la exponen a la luz exterior, propios de la técnica de elaboración. Foto LFQ. 

 Dos piedras exhibidas en Sala del Jade –segundo nivel-, también demuestran la tecnología del jade que implica el corte y esculpid de la piedra de jadeíta o la nefrita. Foto LFQ. 

Al derecho y al revés
Escrutando el blog San José revés me llamó la atención cerciorarme cómo y a pesar de ser una idea tan pura, el proyecto significó una especie de carrera en relevos, cuando la conceptualización la creó su estudio, el desarrollo del anteproyecto, planos constructivos o ejecución de la obra y museografía la ganó otra empresa, así como la última etapa de la construcción. Aquel parto inspirado en las mismas piezas que custodia el museo en sus salas expositivas, la iluminación y climatización, hoy se pueden recorrer y el visitante emerge empoderado, factor emocional activado por la misma dualidad que distingue al arte de nuestros pueblos originarios: me refiero al lenguaje asumido por la estructura arquitectónica vientre para los tesoros coleccionados, que no son únicamente jade, si no también las piezas cerámicas policromas todas de carácter utilitarias y/o funerarias, la lítica ceremonial rememorativa o conmemorativa, y el misticismo vernáculo que imprimen el oro precolombino. Esos caracteres nos marcan como visitantes en la lectura de lo expuesto quienes en la conciencia crítica forjamos valoraciones y abrimos interrogantes, como la misma idea del edificio partido por una grieta de luz que ilumina esa diversidad de matices culturales e históricos custodiados en el verdor de la penumbra por la elaboración museográfica que nos sume en la memoria.

Tipología de la configuración del arte de nuestros pueblos originarios que aporta la armonía de la naturaleza basada en una geometría orgánica y un pensamiento no lineal. Foto LFQ. 

Conceptualización de Diego van der Laat de la morfología del nuevo museo. Foto cortesía de “sanjosé revés”. 

Caracteres del espacio museístico
En esta búsqueda para clarificar el proceso de cómo se conceptualizó la creación del o los espacios museísticos, encontré una frase publicada en el comentado blog del estudio “sanjosérevés”: El hombre golpea la primera piedra y a través de la grieta descubre que adentro lo que hay es otra piedra, una que a la luz es distinta a todas las que ha visto antes. ¡Cómo me recuerda esta frase a “Ciudades Invisíbles” en la fina imaginación de Ítalo Calvino cuando va relatando infinitud de urbes sumidas en un tiempo y espacio neutros! Ese indicio me dice que este joven arquitecto ideó el museo como una enorme roca de jadeíta –como la mostrada en el vestíbulo, con su característico matiz verdor cobrizo de la gema-, fraccionada en dos bloques generando espacios interiores por donde se vierte una luz también verde, como el jade más puro. El exterior del edificio asemeja la piedra misma y se observan rasgos de la técnica de elaboración de la jadeíta en las hendiduras que marcan con fuertes diagonales la morfología desigual de su monumentalidad.

Fotografía de Diego van der Laat del edificio del Museo del Jade. Foto cortesía de “sanjosé revés”. 

Activadores esenciales
A este punto me pregunto acerca de la aproximación a la forma pura en la arquitectura del edificio, traída desde las ideas liminares de la conceptualización, y vuelvo a encontrar respuestas con lo que el arquitecto publicó en el referido blog: Entendemos la forma pura como el resultado de la herramienta rudimentaria, la forma pura como un bloque cuando apenas está empezando a ser esculpido.
¿En qué cree Diego van der Laat como arquitecto? ¿Cuál es el significado de la intensa búsqueda de originalidad asimilada en el lenguaje de la materia misma que da nombre al museo? ¿Cuándo y dónde lo aplica en el torrente proyectual? Sería suficiente leer esas líneas para captar su postura estética respecto a lo propuesto y construido, como también su función en este caso como un espacio para contemplar una herencia de rasgos tan genuinos: Creemos –publica el arquitecto en el comentado blog-, en una arquitectura sencilla que se integra a sus alrededores ofreciendo espacios públicos y áreas verdes pero que a su vez se aprovecha de su condición de museo (una de las tipologías y programas arquitectónicos que con mayor facilidad permite la creación de un punto de referencia) para sobresalir del resto del tejido urbano y marcar el sitio.

Edificio tal y como se muestra hoy en día. Foto LFQ. 

Este acercamiento esclarecedor sobre el carácter de un edificio dedicado a revalorar y en muchos casos redescubrir nuestras culturas autóctonas originarias, y -que complementa mi anterior post “Costa Rica Nuevo Museo del Jade”-, me vuelve a sumir en el alma misma del museo y en esa luminiscencia que baña lo más recóndito de los espacios y los pliegues, cortes o modelados topológicos de las piezas exhibidas, me motiva a creer en la existencia de un algo poderoso aún no descubierto y que apenas atisbamos por esas grietas donde se descubre otra piedra más –metáfora de la piedra partida por un rayo de luz que conceptualiza el Arquitecto Diego van der Laat-, ¿acaso será la piedra angular que cierra el arco en tensión de la historia y enigmas que se ciernen sobre esta enorme cultura que los conquistadores, sin saber comprender los tesoros de su arte y su valor intrínseco para la cultura de la humanidad, y que llamaron equívocamente “tierra de indias”? La interrogante es válida a manera de colofón de este nuevo post y comentario, implica recordar al ensayista contemporáneo Yunishiró Tanizaki en su “Elogio de la sombra” cuando nos habla sobre el sensible tratamiento del claroscuro y el trasluz en la arquitectura vernácula japonesa, cuando advierte que una piedra fosforescente dispuesta en la profunda oscuridad, emite una señal inequívoca de existencia, irradiación que expuesta a plena luz pierde toda su fascinación de joya preciosa, en similar condición –concluye el referido ensayista-, la inminente belleza pierde su enigma si se le suprimen los efectos de la sombra.

 

 


  

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Luis Fernando Quirós

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Costa Rica Nuevo Museo del Jade

08.06.2014 | 10:28

Visitar el nuevo Museo del Jade -Instituto Nacional de Seguros-, es un “complejo vitamínico” con conocimientos de nuestros pueblos originarios: sus formas de convivencia, arte, diseño, pensamiento, gastronomía, sociedad y cultura, a través de la amplia producción de objetos que nos legaron, encontrados en las innumerables excavaciones arqueológicas en distintos puntos de la geografía nacional.

El proyecto del edificio estuvo a cargo de el arquitecto Diego van der Laat, inspirado en la piedra de jadeíta o la nefrita, tal y como la hallaron en aquel material geológico existente en esta región desde tiempos inmemoriales. La configuración minimalista exterior del edificio asemeja el jade mismo, con sus cortes hendidos en diagonales que atraviesan la irregularidad de las fachadas trazando enormes triángulos o pirámides. Laura Rodríguez –directora del Museo- expresa que es precisamente la tecnología del jade la que genera la tipología adoptada para la arquitectura del edificio, el cual se localiza en el centro mismo de la ciudad, a un lado de la Plaza de la Democracia, el Museo Nacional, la Asamblea Legislativa y en contrapunto visual con el verdeazul de las montañas sureñas que enmarcan el paisaje urbano de nuestra capital.
La circulación interna activa el recorrido personalizado, para un espectador que va probando los númenes que ofrece cada sala, acercamiento a la experiencia educativa en la cual se utiliza tecnología de punta para estimular todos los sentidos: vista, audio, tacto, y el orientarse entre los visto y asimilado en nuestros sistemas cerebrales activados para el aprendizaje y la emoción de reconocerse en lo expuesto por el museo.

Tres diversas piezas de jade, la del centro es el ave bicéfala que origina la marca o isotipo del museo. Fotografías de Gloriana Valverde y LFQ. 

Aspectos museográficos de las distintos espacios expositivos. Fotografía LFQ. 

Las Salas del Umbral y del Jade
La primera es un espacio al lado del gran vestíbulo -de ingreso gratuito para todo púbico- se tiene el primer contacto con el jade, ahí -en dicha Sala del Umbral-, observamos la piedra bruta de considerable tamaño que demuestra la técnica de elaboración de el mineral. Mediado por la tecnología, la Sala del Jade, explica qué es el material y el carácter de dualidad central a las expresiones del arte de nuestros ancestros; además se nos ubica en una noción de temporalidad nada rígida, más amigable, asumiendo la no linealidad del pensamiento de aquellas culturas orgánicas sumidas en la más profunda naturaleza, fértil, fecunda, creativa, que les dotó de lo necesario para la subsistencia armónica con la diversidad de caracteres del entorno.

Disco con esgrafiados de la escritura ideogramática de la Cultura Maya. Fotografía LFQ. 

Conjunto de cabezas en diversos jades. Fotografía LFQ. 

Las Salas del Día y de la Noche
Con intensos estímulos visuales provenientes de todas las nociones espaciales: arriba, abajo, adelante, atrás, izquierda y derecha, se nos ilustra la vida en el bosque, el río, el aire benéfico que abre las claves sensoperceptivas dispuestas a conocer sus formas de vida dependientes de la caza, la pesca, la agricultura de verduras y tubérculos como su principal fuente alimenticia, pero también ilustra el trabajo artesanal en la fabricación de los utensilios de uso doméstico y del ceremonial funerario. La Sala de Noche intensifica el misterio, el simbolismo de los objetos cuando se nos sume en las vivencias oscuras evocando los sitios donde moran los espíritus del inframundo y su influencia en la vida de la comunidad.

Tres distinta vasijas cerámicas con diversidad de lenguajes, resalta la unión de dos formas cilíndricas y su tratamiento de superficie. Fotografía LFQ. 

La Sala de la Memoria
Se habla de la herencia, del vivir en sociedad y gestar cultura: la música, la danza, la sexualidad, el juego, el ritual y su cosmogonía. El visitante se siente estimulado a esculcar y descubrir la historia en la vivencia personal, en el ejercicio creativo sumido en ese entorno histórico de abundantes insumos perceptivos a través de los mismos objetos de lítica, gres y metales que distinguieron la creatividad de dichas etnias que poblaron la región Chorotega, el Valle Intermontano Central, el Caribe y la región del Diquís.

Vasijas cerámicas las cuales destacan por los gestos de sus rostros. Fotografía LFQ. 

¿Cómo empoderar al espectador?
Hablando de la memoria y arribados a este culminar del recorrido, se recuerda el ave bicéfala, de singular y sutil figura abierta que define los caracteres de dualidad de estas manifestaciones autóctonas, apreciada en la Sala del Jade y que se convirtió en la marca o isotipo del museo. La directora Laura Rodríguez explica que para estimular dicho carácter emocional del espectador, precisa la estrategia museográfica adoptada, que es de carácter envolvente; implica al visitante a reconocerse en el bosque, ante la fuerza evocativa de los objetos en su medio natural y poder descubrir por sí solos la conexión. Se trata, explica -“de una aproximación al museo y a la colección rompiendo aquellas antiguas barreras de los museos entre el objeto y el espectador”. Hoy se invita al espectador a experimentar los materiales y los objetos en las zonas de juego y misión educativa, donde se nos estimula y recuerda que somos bienvenidos al museo -por ejemplo-, expresados en los lenguajes de las distintas etnias de la Costa Rica indígena actual.

La chamana, cuerpo femenino cerámico. Fotografía cortesía de Gloriana Valverde 

Mi lectura reinterpretativa 
Esta percepción de un museo para todos, amigable, donde las cédulas digitales fueron dispuestas según consideraciones ergonómicas y las edades de los distintos visitantes, para aprender y deleitarse con su amplísima colección, ofrecen la alternativa de generar otros abordajes e incluso brindar al espectador la opción de seguir su propia reinterpretación, paralela, más personal, como la que motiva mi comentario, sesgada quizás y en mi caso hacia el diseño, donde el objeto utilitario o simbólico imbrica un fuerte rasgo minimalista, poroso, en tanto referencia a otras culturas de la humanidad, y que nos dice que nunca estuvimos ni estamos solos, en una noción de globalidad que enmarca hasta los confines de la historia local, no como la actual noción engendrada por las presiones hegemónicas eurocentristas. De alguna manera activa la discusión sobre aquella teoría de cómo fue poblada La Tierra, cuando se dice que los primeros habitantes llegaron por el estrecho de Berig para poblar este continente; sin embargo, también abre espacio a la contrateoría, de que pudo ser a la inversa, o sea que fueron nuestros ancestros los que en esos flujos migratorios liminares se esparcieron por todo el planeta. Lo cierto es que muchas de las piezas colectadas por este museo nos conectan con distintos estratos de la universalidad del arte a través de los vestigios arqueológicos, y aunque estos pueblos originarios no conocieran la siderurgia del hierro -exceptuando la magistral elaboración del oro-, lograron con las técnicas vernáculas símiles sorprendentes, de enorme valor para reconocer sus talentos, creatividad y dominio de la técnica.

Distintas piezas cerámicas que se distinguen por la riqueza de los tratamientos que van desde un agudo minimalismo hasta lo profuso de los signos y texturas propios del arte de nuestros antepasados. 

En esta reinterpretación intuí una zona que tiene que ver con los gestos observados en los rostros de las vasijas y otros utensilios, donde uno advierte la afectación quizás por la conmoción ante ese universo que tenían por delante, o incluso la algarabía en las festividades en las cuales exacerbaron los acicates: ¿la chicha o la droga? ¡Cómo se parecían a las sociedades actuales!

En otras, me sorprende el dominio del modelo formal, la configuración del cilindro o la esfera, de las intersecciones y cortes entre conos, cilindros y esferas para generar superficies de transición inusitadas, de genuinas tipologías morfológicas, además de los lenguajes cargados a los engobes, esgrafiados y otros acabados que les permitió el uso de tan singulares materiales y técnicas autóctonas.

En ese recorrido por las diversas salas me detuve a contemplar una y otra vez la fuerza del disco con aquellos esgrafiados de la escritura Maya, sorprendente y sin igual, interroga una vez más acerca de las fortalezas de su crucial evolución que nos posibilita comprender la historia antigua del continente, y en especial la de este estrecho –que llamamos istmo centroamericano-, que reúne las grandes culturas de Mesoamérica y la Inca. Y, aunque desde el enfoque arqueológico no se pueda hablar de “piezas emblemáticas” –aspecto que me lo recuerda la directora Laura Rodríguez-, en tanto todas, por pequeñas o simples que parezcan poseen igual valor científico y cultural, pero salta a la vista la fuerza de la “mujer jaguar”, la “chamana”, que devela un signo distinto del rol social de la mujer en aquellas sociedades ancestrales. 

 Piezas de piedra en las que se distingue el platón trípode de sutil minimalismo y manejo armónico de la proporcionalidad y la geometría. Fotografía LFQ. 

Desde otro ángulo de mi enfoque, descubrí concepciones y manejos geométricos en temas de armonía muy genuinos, como aquel platón trípode en piedra expuesto en la Sala del Acopio, caracterizado por su pureza minimalista, razón presente también en los objetos para sentarse, en las mesas ceremoniales y otros productos que nos engullen en la especulación y el pensamiento deductivo sobre el significado del uso de los objetos en aquellas culturas originarias, centrales en las investigaciones antropológicas contemporáneas para dilucidar quienes somos, de dónde venimos y por qué somos como somos.

 

 

  

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Luis Fernando Quirós

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Diseño: técnica y cultura

04.06.2014 | 10:14

Existen productos que emergen de un enjambre entre técnica, manejo material -a veces de profunda tradición ancestral-, y la cultura misma del lugar; tienen que ver además con gastronomía, costumbres y tradiciones locales. Tal vez, el ejemplo mas cercano es el pejibaye, cuyo uso remonta a los pueblos originarios, quienes lo cultivaron como insumo de sus raíces e identidad.
La madera de palma de pejibaye, chonta dura o Bactris gasipaes, se cultiva en zonas bajas y cálidas del Caribe costarricense, en especial en la comunidad de Tucurrique, a 6 kilómetros de Juan Viñas, cabecera del Cantón de Jiménez, provincia de Cartago -775 metros de altitud sobre nivel del mar-, dista a 53 kilómetros en un recorrido de unas dos horas y cuarto, desde la ciudad de San José, capital del país.



Tucurrique, visto desde los cerros cercanos donde su cultiva la palma del pejibaye. Foto LFQ. 

Pincelada de su historia
El antiguo “Cuquerrique” es un altiplano asentado en las montañas del Sureste del Valle Central, lindero Norte de la cordillera de Talamanca. Desde tiempos inmemoriales fue habitado por la tribu de los “pococes”, desaparecida con la llegada de los colonizadores. A finales del 1500 el asentamiento fue jefeado por Fernando Correque. Como etnias huetares orientales, trabajaron la piedra, pero también armas y utensilios hechos con la madera de la palma de chonta.

Petroglifos descubiertos en la finca donde se cultiva el pejibaye. Foto LFQ. 

Los pobladores actuales fabrican muebles y objetos para el hogar o la oficina, pero también se distinguen por su gastronomía durante la famosa feria anual del pejibaye, es cuando brindan amplia diversidad de recetas autóctonas, hechas a partir de la nutritiva harina.



Madera de cañón del pejiballe. Foto LFQ. 

Materia prima de la madera de pejibaye. 

Herramientas del taller donde se observa al diseñador Rodolfo Morales trabajando. Foto LFQ. 

Producción de muebles
El Comité Agrícola Cantonal, encabezado por Walter Prado, abrió un espacio taller para la investigación y el diseño de productos, a cargo del reconocido diseñador Rodolfo Morales quien desde los años noventas del siglo pasado, utilizaba esta madera en la confección de joyeros, cajas y otros productos con fuerte rasgo cultural. Testimonio de esta importante producción, es la silla “Aborigen”, con la cual Morales obtuvo el Gran Premio de la Bienal del Mueble, organizada en el año 2010 por la Universidad VERTAS, evento que contó como miembro del jurado al distinguido diseñador catalán Ramón Benedito, además de la empresa española ROCA. Morales, además, ha mostrado sus productos en el Museo de Arte y Diseño Contemporáneo, en la Bienal de Saint Etienne, Francia, y en distintas ediciones de la Bienal iberoamericana de Diseño de Madrid, España, entre otros espacios de visibilización y circulación internacional del diseño.

Problemáticas de esta práctica creativa

Tuve la oportunidad de visitar el taller de Tucurrique para observar de cerca el trabajo de Morales quien prueba, junto a jóvenes aprendientes, diversas maneras de utilizar esa madera de cañón, cuya forma curva posibilita diversidad de articulaciones en objetos para el hogar, la oficina, el estudio. La dureza de la madera es extrema, Morales ha tenido que reinventar sus propias herramientas para trabajarla, además de tener que pensar en dispositivos de protección personal para el proceso fabril, pues las estillas son peligrosos proyectiles. Él dispone de tecnología apropiada para la fabricación de estos objetos buscando mayores estándares de calidad y estética. Pero quedé impresionado demás por las conductas de sostenibilidad y ecológicas, cuando un grupo de mujeres del lugar, encabezadas por doña Norma Sánchez separan la basura y desperdicios, habiendo pacas de cartones, empaques, envases y plásticos que luego surten a distintas industrias que los reciclan. En mi pensamiento surcan varias ideas para la reutilización de ese material y así incrementar los productos que oferte la comunidad.

 Diversos productos obtenidos en el taller, por Diká –Alina Leiva y Rodolfo Morales-, y su silla “Aborigen” 2010. Fotos cortesía de los diseñadores. 

Los muebles de Rodolfo Morales se comercializan en varias tiendas de San José, Altea, Kiosco SJ, entre otros. Foto LFQ. 

Muestra de diseños de Rodolfo Morales en Euromobilia, San José, 2010. Foto LFQ. 

Sin embargo las necesidades y las problemáticas son muchas, la situación geográfica posee sus fortalezas pero también amenazas, como el aislamiento del resto del Valle Central, y carencia de fuentes de empleo para las nuevas generaciones. Requieren de inversión y capital semilla y un real apoyo estatal e internacional. Las posibilidades de los materiales vernáculos y riqueza culturales debería remontar proyectos artesanales e industriales en la producción de series que proyecten esos caracteres y prácticas creativas que les distinga de otras comunidades.


 

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Luis Fernando Quirós

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