Puente, de Iurij Cussianovich: productos e identidad

Puente, de Iurij Cussianovich: productos e identidad

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Puente es un proyecto del diseñador costarricense Iurij Cussianovich con artesanos nicaragüenses para la creación de productos cerámicos, textiles, mobiliario a partir de materiales naturales y auténtica carga de identidad cultural.

Una de las facetas del diseño contemporáneo —manifiesta desde los albores de este siglo XXI, e incluso antes cuando en la década de los noventas del siglo anterior se hablara de “Otredad”, “Yo soy Tu” y el Multiculturalismo, con la ruptura de paradigmas que representaban altas murallas para la producción creativa ahora derribadas—, fue la faceta de devolver nuestras miradas hacia la tierra y nuestras raíces. Cultura y naturaleza fueron comprendidas como un binomio indivisible de enorme potencial de frente a un producto de diseño muy elaborado industrialmente, pero costoso de producir, como el Good Design y la High Tech, no solo como valor económico sino de costo ambiental. De pronto nos percatamos que delante a esa escalada de la fabricación seriada y sofisticación tecnológica, carecíamos de un equilibrio emocional e implicación con el cotidiano a través del gesto evocador de los objetos de uso, que nos recuerden como aún tenemos pulso, necesidades muy humanas, así como memoria de un entorno natural y cultural que nos empodera.

Productos Puente en cerámica artesanal. Foto cortesía de Puente.
Iurij Cussianovich: productos e identidad. Foto cortesía de PUENTE.

Premisa de diseño

Al celebrar la primera centuria del arte aplicado a la industria -recordando las palabras del crítico cubano Gerardo Mosquera, las primeras vanguardias en el arte y la Bauhaus-, entre toda esa ecología del producto industrial, apreciamos lo hecho a mano, lo sencillo, sin grandes complicaciones técnicas o formales, pero cargado con un lenguaje tolerante con el nuestro, lo ambiental y cultural. Ante esta alternativa de reinvención estética, los jóvenes diseñadores de productos como Iurij Cussianovich, quien se propuso constituir “Puente”, no solo la marca sino un puente literal que nos permite migrar hacia otros territorios de lo creativo y la memoria, donde recordar y evidenciar ese profundo equilibrio intrínseco a nuestra naturaleza e identidad humana.

Iurij Cussianovich: productos e identidad. Foto cortesía de PUENTE.

El sentido del diseño

Comenta Iurij que a inicios de la década de los dos mil su padre trasladó la sede de trabajo a la vecina Nicaragua, y él -recién graduado de la escuela de Diseño de Productos de la Universidad VÉRITAS-, buscando oportunidades para desarrollar emprendimientos, visitó una zona de ese país llamada “Pueblos Blancos”, entre otros San Juan de Oriente y Santa Catarina; lo sorprendió sobremanera cómo cada lugar elaboraba una artesanía en distintos materiales naturales: maderas, cerámicas, textiles, cueros, entre otros.

Pasaron los años madurando la idea en tanto la alfarería nicaragüense era un buen producto, pero requería impregnarle la visión del diseño para impactar no solo sus procesos de fabricación sino agregarle consideraciones de mercado y comunicación: que aquellas características típicas de lo artesanal, cuando todos los productos se parecen, fueran superadas, pero llegar además a la raíz, a la esencia misma del producto.

Iurij Cussianovich: productos e identidad. Foto cortesía de PUENTE.

Encontró una beta potencial para trabajar técnicas con esas materias vernáculas y constituir un verdadero puente con el universo de la web: crear una tienda virtual en la cual comercializar los productos. Fue hasta inicios del año anterior 2017 que decidió establecer el nexo. Lo primero que hizo fue pedir muestras a los artesanos de San Juan de Oriente e imbricando sus ideas de diseño observar cómo se extendía ese “arco” de la marca al mercado norteamericano. Una vez que contó con los productos puestos en el espacio a comercializar, participó con gran éxito en la “Jersey City Project Market”. La idea central de su emprendimiento era visibilizar al artesano al consumidor de ese carácter de productos en el mercado exterior, desde esa óptica propiciar circulación y flujo a través de ese intersticio que abría el proyecto: vincular gente, técnicas, materiales, todo resuelto con el sentido y estética contemporánea.

Iurij Cussianovich: productos e identidad. Foto cortesía de PUENTE.

 

Carácter y comunicación

El programa estético que se proponía para la marca “Puente” era resaltar ese valor atemporal del producto, que no fuera desechable como lo es gran parte de lo que se consume en la actualidad, si no un objeto relevante que el usuario quisiera conservar en su entorno, casa u oficina. Hoy en día, cuando todo parece ser descartable, un objeto evocativo es como un candil que se dispone en alto para alumbrar nuestras estancias y entorno, pero que irradia estética y emocionalidad. La naturaleza del branding de marca y la gráfica de las piezas buscaba enmarcar ese gesto noble de nuestra herencia: una base neutral, minimalista, pero que estimulara la memoria, hiciera evocar y sentir esas historias de los artesanos puestas en el producto, que lo relatado en los momentos de producción y fabricación lo proyecten y compartan al futuro usuario. Una memoria que nos conecta a vivencias de los pueblos y la tierra, como es la historia de este istmo, frontera sur de la gran Mesoamérica. Un diseñador actuando como palimpsesto, cavando entre las estratificaciones de dicha memoria para sacar a flote esos flujos de identidad.

Iurij Cussianovich: productos e identidad. Foto cortesía de PUENTE.

Avistar hacia el acontecer

Esta zona geográfica y cultural fue habitada por los Chorotegas, quienes elaboraron con fortaleza la arcilla, sobre todo la cerámica policroma, aprendida de la etnias migrantes que en el siglo IX y X bajaron del norte mesoamericano debido a las tensiones sociales y culturales, lo cual conllevó la extinción de la gran civilización Maya. Testimonio de esta influencia es la adopción en la cerámica chorotega de la representación de Quetzalcoatl o “serpiente emplumada” tan propia de su mitología. Los pueblos originarios de esta zona antes de la llegada de aquellas hordas migrantes, era la etnia “chipcha” (emparentados con los aborígenes actuales que pueblan Talamanca, cordillera al sur de Costa Rica), quienes cultivaban ese carácter de alfarería, simple, si se quiere tosco, pero de alto valor utilitario, que en particular es el carácter estético observado por Cussianovich para esta propuesta.

Iurij Cussianovich: productos e identidad. Foto cortesía de PUENTE.

Esa mirilla abierta por el producto “Puente” –principal preocupación para su diseñador: motivar una lectura interior, referenciar, evocar-, mantuvo en mi mente la reciente muestra “Vida y Muerte en el Valle del Jícaro”, 2017, del Museo de Jade y la Cultura Precolombina en San José, donde se podía entablar y deducir estas conclusiones, observando la orientación de los arqueólogos respecto a los vestigios hallados en Jícaro, golfo de Papagayo, allá en la norteña provincia guanacasteca y frontera con Nicaragua.

Pero también, ese carácter de objeto y su gráfica de líneas me motivan revisar las vivencias de quienes conocen la experiencia de ir al campo a conseguir los materiales, las tierras y arenas, como en el caso costarricense de la cerámica del Guanacaste, en San Vicente de Nicoya, Guaitíl de Santa Cruz, y el cantón de La Cruz. Me viene además a la mente una de las alfareras de antaño, un monumento al arte ancestral, doña Zoraida Grijalba, fallecida en años recientes a una edad avanzada, quien me relataba a inicios de la década de los dos mil cuando visité el Museo de la Cerámica Chorotega, que esta práctica creativa representó, junto al cultivo del maíz, la única manera de agenciarse el sustento para los artesanos de su pueblo y su familia; ella evocaba su infancia y adolescencia, cuando su padre cargaba la carreta con comales y ollas de arcilla, para ir a venderlas a esas interminables rectas de los caminos terrosos de la bajura, giras que les tomaba hasta quince días en ir y venir.

Iurij Cussianovich: productos e identidad. Foto cortesía de PUENTE.

Conclusión

De manera que la propuesta “Puente” posee dicho rasgo de ser ventana para evocar, mirar al pasado y complacerse por un tiempo que nos parece borroso delante de la agitación actual donde lo descartable inunda el comercio, el entorno habitacional y de trabajo; pero productos como éstos prevalecen. Ayer se vendían en aquellos caminos terrosos y candentes de sol, hoy van a grandes centros comerciales y a tiendas de lujo, o migran en internet. Pero además, el proyecto es ventana para vincular, o recargar de energía a nuestros bríos ante tanto desparpajo y desesperanza de una crisis compleja, donde vamos al garete, pero como nos demuestra Iurij, aprendiendo a remontarla (Rider on the storm, recordando también aquella bella canción de los setentas del grupo rockero The Door).

Además de la cerámica, la marca produce telas multiuso con fibras, cromática y técnicas textiles con esos rasgos de las artesanías regionales, y muebles con maderas como la de la planta del café, o del gran árbol que lleva el nombre de esa provincia: Guanacaste (Enterolobium cyclocarpum), un signo de esperanza y regocijo cultural e identidad, el cual por sus añosas raíces clavadas en el terreno de lo propio, y esos gruesos troncos que a veces ceden a la intemperie o ventiscas de las llanuras de esa región del Pacífico Norte, caen pero son reinventados con la visión creativa y pensamiento crítico del diseñador, al lado del artesano, quien sabe sacarle esos brillos y jaspes, e impregnarles los valores culturales que les distinguen.

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