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Arte Salvadoreño Contemporáneo: La Generación del Encierro

El Lavo V de Teorética ofrece la muestra La generación del encierro, arte salvadoreño contemporáneo, curaduría: In Situ (Mauricio Esquivel y Jaime Izaguirre), con los artistas Colectivo Arca, Abi Reyes, Jaime Izaguirre, Javier Ramírez, Luis Conejo, Mauricio Esquivel, Mayra Barraza, Melissa Guevara, Rodrigo Dada, Sandra Leiva, Virginia Cortez y Walterio Iraheta. El evento es componente de “EMERGENCIA: Contextos Volcánicos” y el programa “Organización-En–Residencia” de la Fundación Teorética de Costa Rica.

Entre otras aproximaciones a la cultura urbana actual donde intensifica el rol del diseño, la arquitectura y el arte, me motiva indagar sobre la naturaleza de esas expresiones que llamamos arte contemporáneo, y sobre todo la producción creativa de los jóvenes artistas que aportan a esa cultura; zona de incertidumbres tan desafiantes, pero que me encienden, activan en mí muchas interrogantes, como tratar de explicarme ¿cuáles son las motivaciones de dichos jóvenes creadores?, ¿dónde se originan esas visiones de lo urbano en particular y una sociedad vulnerable?, y ¿qué les activa a enfrentarse o posicionarse delante de un arte que redimensiona el signo de los materiales, lenguajes y espacios donde clava la espinita para intentar comprender sus significados?, pero, sobre todo ¿cómo y dónde se gestan las ideas que llevan a crear sus imaginarios y simbolismos?

Sala con la muestra "Generación del encierro: arte salvadoreño. Foto LFQ.

La muestra en Lado V de Teorética ofrece intensos anclajes, en su mayoría me detuvieron a observar y esculcar dichos significados, a preguntarme sobre sus repercusiones de lo que el colectivo titula “La generación del encierro” en El Salvador actual, nación afectada por el embate de la guerra durante el último tracto del siglo pasado, la aparición de las agresivas maras, el incontrolable trasiego de drogas, el fenómeno de la migración y hasta las adversidades de la misma naturaleza. La propuesta repercute con signos presentes no sólo de San Salvador, sino en las demás capitales del istmo centroamericano, sacudidas por situaciones de violencia, pobreza, robos, secuestros, cuando al habitante urbano no le queda más que refugiarse en una tirante sensación de paz, la que irradia su propia intimidad pero paradójicamente encerrado tras rejas o bajo el control de todo tipo de mecanismos de seguridad privada.

Los significados no están del todo a flor de piel en las piezas exhibidas e incluso algunas discursan con la fogosidad de los opuestos: La fotografía “Limbo”, 2013, de Rodrigo Dada, admite interpretar ciertos grados de libertad con tres rostros juveniles flotando en las aguas de una piscina, sin embargo, nadie conoce en qué condiciones se encuentran y si el perímetro de la aparente libertad esté cercado de púas, o lo que implica la cámara de video en esta sociedad mediada o vigilada ante la acuciosa mirada del poder. La segunda pieza del autor es “Serie Loop”, donde una mano masculina pareciera inerte ante las contingencias del día a día, sin embargo al mirarla con detención se advierte un pulso marcado por el golpe de su muñeca.

Melissa Guevara,  "Sin título, 2014, vértebra humana metalizada sobre almohada”. Foto LFQ.

Lo tematizado por curadores y artistas centralizan ese carácter de la cultura urbana en estas décadas iniciales del siglo XXI, mediada por la tecnología que instiga a la discordia –como predijo Mischerlich ya en la década de los sesentas del siglo anterior-, en un forcejeo de caracteres de identidad que impiden reconocer al vecino, paradoja de la Era de la Comunicación, cuando la existencia de mecanismos comunicativos es la más amplia jamás conocida, en similar medida estamos inmersos en la incomunicación, sucede incluso cuando una pueril mirada del otro ofende, puede que hiera o hasta pervierta.

Al focalizar esta exposición, me invadió otra paradoja: las propuestas -que por lo general suelo fotografiar yo mismo para acompañar estos comentarios-, en “La generación del encierro” no logré hacerlo, en tanto al estar cautivas tras el material del enmarcado -otra manifestación del signo de encierro, en este caso de la imagen-, me devolvían la mía, con la cámara en mano tratando de traspasar el vidrio para captar mejor los contenidos.

 Virginia Cortez, “Sin título 2014” . Fot6o LFQ.

La fotografía de Walterio Irhaeta titulada “Diálogo con Magritte, de la serie mis pies son mis alas 2008”, en tanto el calzado ayuda a desaparecer de la escena en cuestión, pero a veces se nos quedan perdidos delante del azul firmamento, como si nada ocurriera ante la gran pantalla escenográfica del trajín de la vida.

La pieza “Sin título, 2014, vértebra humana metalizada sobre almohada” de Melissa Guevara, evoca esas épocas de masacres, guerras, dictaduras y maras, gestos evidentes de una historia cercana de El Salvador –pero, como se dijo-, nada aislada si abrimos el visor hacia el resto de naciones del área, y aquel resto humano dispuesto sobre una almohada roja, se vuelve trofeo en esa lucha cotidiana por subsistir.

Los platos de Virginia Cortez, “Sin título 2014” fijan mi pensamiento en el sentido de la mesa, subvertido por el aparente vacío, pero con cierta pericia visual se aprecian sutiles trazos impresos en blanco, incertidumbre que discursa sobre el estado de vernos, con las miradas de frente ante la mesa, amenazados por la corrupción de lo externo que intenta colarse hacia los íntimos adentros.

Jaime Izaguirre, “Cielos de bolsillo 2013”. Foto LFQ.

“Cielos de bolsillo 2013” de Jaime Izaguirre es una libreta de anotaciones con un trazo muy sensible, quizás silencioso de nubarrón, advertencia quizás de las contingencias de la naturaleza pero también de aquello que hace vulnerable la libertad, como el Caballo de Troya que podemos portar en nuestro propio bolsillo.

La pieza “Prelibri, de la serie Prelibri” de Abi Reyes nos vuelve a sumir en esos espacios de lo propio para discursar con nostalgia o extrañamiento por esos sentidos que entretejen los intersticios existentes entre las palabras, esas que a veces se rozan entre sí, nos penetran, o nos “muerden” hasta instigan.

Abi Reyes, “Prelibri, de la serie Prelibri”. Foto LFQ.

“Nadie, solo existen las personas que he besado” 2012. Foto LFQ.

En el recorrido de las salas advertí esos seres dibujados por el Colectivo ARCA, mostrando sus miembros o exhibiendo posiciones en un espacio donde a pesar de demostrar una mejor posición admitida por la sociedad, nos retrotraemos ensimismados o conmocionados y por ello deambulan por los resquicios o reptan por el repello de las paredes.

“Nadie, solo existen las personas que he besado” 2012, es un texto impreso en papel bond del cual hay un buen fajo dispuesto sobre un banco. “Nadie” nos deja desguarnecidos intentando saborear el gusto y perfume del último trago de un buen tinto, como aquel vino de Costantino Kavafis en “Recuerda cuerpo”: “recuerda cuanto te amaron…”, “cuántas miradas se posaron en ti”.

Mayra Barraza, Retratos. Foto LFQ.

Conmovedoras, las miradas de los retratos de Mayra Barraza, me recordaron sus trabajos de los años noventas cuando dibujó a los mareros, quizás hasta las tizas quisieran diluirse en esos trazos transparentes de la psique de cada personaje, o cualquier otro miembro anónimo de esta sociedad incomunicada donde advertimos gestos y especulamos significados.

El dibujo en mixtas de Luis Cornejo “Melting carrot 2013”, recrea o quizás “encierra”, a través del poder de la imagen, impresiones de revistas entremezcladas con íconos del comic, animados, videojuegos, o retratos construidos desde las posturas que facilita la fotografía digital, recursos con los cuales reconstruye la idea de los clásicos retratos al óleo, y a sumirnos en una reflexión sobre el tiempo, el que de alguna manera puede afectar a los personajes.

Luis Cornejo “Melting carrot 2013”. Foto cortesía de In Situ.

Mauricio Esquivel. "Estéticas del encierro". Foto cortesía In Situ.

“Estéticas del encierro” 2014 es una fotografía digital de Mauricio Esquivel. El mismo autor explica: “The Innocent Eye Test”, es una pintura de Mark Tansey de 1981 que presenta una escena en la que una vaca se presenta a observar un conocido cuadro del barroco holandés de Paulus Potter, llamada “El Toro” (1645). La reinterpretación juega con la escena y la vaca de juguete mirando a un toro, para invitarnos al juego de ver, buscar y reconocer esos nuevos paisajes o escapes ante la incertidumbre que genera lo externo.

A manera de cierre de este comentario quisiera decir que escribir sobre arte contemporáneo -como muchas de las cosas que suceden al interior de esta caparazón que protege nuestros pensamientos y entendimientos-, es un acto libre pero sesgado; subsisten fricciones, choques y tensiones que tratan de acomodarse a lo visto, analizado e interiorizado; activan el cuestionamiento y la emocionalidad de lo observado y que se recuerda, enciende la certeza o se crispa la duda y las interrogantes que me plantee al inicio, y por ello investigo sobre la fuerza impresa por los mismos artistas para contestármelas.

  

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