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Edgar León: Protocolos

Muestra en Teorética, San José, Costa Rica, abril-junio 2011

El artista contemporáneo es un colector de objetos de la cultura urbana, da largas a las miradas puestas en las vías de la ciudad; ahí, en el espacio urbano, rastrea productos, marcas, cava entre las estratificaciones del lenguaje las palabras -evidencias del existir social cuando no nos bastamos a sí mismos y por ello nos reunimos en la ciudad adoptando un lenguaje-, y, como el artista anda tras encontrar lo que él entiende por arte y calza dentro de su discurso –tal y como lo expresa Yourcenar respecto al “catador de belleza” en las Memorias de Adriano-, “termina encontrándola donde quiera”: en una fotografía que quizás miró montada en una valla, en un cartel que detona en su imaginación, en una vitrina, en las vidrieras de los edificios, o que encuentra en el ícono de un auto en particular (en su caso el vocho), en una pieza del mobiliario, o cualquier otro objeto de la cultura material.

Al relacionar dichos objeto o imágenes engatilla significados y los entreteje, los acumula, los repara en su visión o protocolos que construye para nosotros sus espectadores, afanados en recrear dicho proceso de (in)formación para acrecentar el conocimiento, con nuestras lecturas, con la poesía propia pero estimulada a través de la suya de creador. Se dice que las palabras son enormes vacíos a ser llenados con nuestras interpretaciones, que no son las mismas para todos, y de ahí la riqueza del compendio que se orquesta al visitar esta muestra en particular, que activa nuestras emociones.

En la década de los años ochentas del siglo pasado, pregunté a una pianista nacional, cuál era el significado de crear en el arte musical, cuando se tiene una notación donde están registradas todas las ideas del compositor; ella me contestó que lo interesante está en el desafío que le presenta la lectura de la pieza, cuando descubre resquicios por donde colar su creatividad y acrecentar, tanto la expresión, como la técnica.

Sede de Teorética, San José, Costa Rica. Fotografía cortesía del artista

Sala blanca, donde se muestra su pintura. Fotografía cortesía del artista.

Sala blanca, pintura. Fotografía cortesía del artista.

Dice el curador de la muestra, Joaquín Rodríguez del Paso, que Edgar León es un colector impulsivo de objetos de la cultura urbana contemporánea. Foto cortesía del artista

Conducirse en la incertidumbre

Con su investigación, Edgar León, Costa Rica 1968, desde hace tiempo viene escrutando pistas de la ciudad, lo hizo en grandes metrópolis como en la ciudad de México D.F. cuando fue estudiante de maestría en la Academia de San Carlos, lo hizo en París en su estadía en esa capital cultural europea, quizás visitando pasarelas para captar cientos de rostros ataviados de tantas interrogantes del vivir actual, o cuando capturó las imágenes que se sucedían en el filme de la memoria colectiva, sin nombre, porque conlleva ese importante carácter de la actualidad. Pero, ¿para qué saber? No será mejor fluir en la deriva que él colecta para nosotros, mediada, documentada, resistida a permanecer en el transcurrir que gira como la rueda de la fortuna. Es mejor no saber, digo, pues quizás si sabemos no nos resulte tan hermoso lo encontrado en su propuesta, lo que asimilamos por sí mismos al pasar una a una delante de cada pieza, dejándonos anclar por los garfios de la interpretación del arte que nos halan hacia las profundidades del desasosiego del vivir y del sentido de complejidad actual.

"Mil colores", empaques de plástico para productos de tienda del vestir. Fotografía cortesía del artista.

 

Notaciones del no saber

En la muestra Protocolos, comisariada por Joaquín Rodríguez del Paso, todo este sistema de imágenes y objetos son partes de esos rastros intrincados por el artista para inyectar la dicotomía de dónde está el asunto del vivir o del morir, de la nada o del fin, del gozar o sufrir siendo espectadores y sujetos de los estímulos que nos mueven en dicha notación visual o cartografía de situaciones; avistando dentro de los pasos del recorrido, o simplemente despejando significados de un gran crucigrama, o lo que yo llamo “deriva” donde conectar lo anudado con esos objetos que se vuelven significativos sólo en el conjunto, nunca solos, sumados o aislados.

"Ancla vochos" de Edgar León. Fotografía cortesía del artista

"Folcklore", instalación en la muestra Protocolos, de Edgar León.

Instalación de la sala negra. Foto cortesía del artista

Insisto, para concluir, en la porosidad existente entre lo que consideramos arte y lo que no lo es, entre el objeto arte y el producto funcional o industrial que se escala hacia lo estético, para jugar, para construir lenguaje, o mejor dicho para llenar esos vacíos de las palabras con las conexiones y, en tanto espectadores, con la poesía interior de cada uno de nosotros.

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