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MADC + Objetos

“D´aquí –ensayo para la construcción de una colección de diseño” / colectiva de diseño en las Salas 2, 3 y 4 y “Nunca es suficiente” ensambles de Walter Calienno / Sala 1.1. Octubre- Noviembre 2013.

El 3 de octubre 2013 el Museo de Arte y Diseño Contemporáneo (MADC) inauguró estas dos muestras, la primera es una exhibición la cual proyecta un singular título referido a lo nuestro: “D´aquí –ensayo para la construcción de una colección de diseño”, que nos refiere a lo que tenemos en casa, en sitios de trabajo, recreo o en la ciudad, expresión de lo local que motiva a comprender el significado de colectar, en este caso, diseño. El equipo curatorial formado por Fiorella Resenterra (directra del MADC), Valeria Rodríguez y Daniel Soto, crearon un entorno de aprendizaje, significativo, en tanto los objetos expuestos son componentes activos de la cotidianidad y del paisaje objetual en el cual vivencia nuestra manera de ser, de gestar pensamiento, y argumentar lo vivido para responder en última instancia a las preguntas centrales de ¿quiénes somos?, ¿qué, dónde y cómo lo hacemos? y quizás ¿de dónde venimos y hacia dónde vamos?

Objetos de la zona de la cocina. Sala 2 del MADC. Fotografía LFQ.

Activadores emocionales

La propuesta conjuga -en menor o mayor grado y en cada situación-, la experiencia tenida con lo expuesto, lo que encontramos en el espacio expositivo y en las paredes del museo que poseen un gesto familiar. Se vivencia una especie de “catexia”, cuando se carga de emociones al objeto del deseo o que se quiere para sí, o porque atañe a la añoranza, al extrañamiento, y por ello se guarda para siempre, protege, cataloga, documenta como fundamento de validarlo, inscribirlo en los registros de pertenencia. Al visitar el espacio museístico y cerciorarse que aquel objeto posee raigambre e interés cultural, nos empodera como espectadores, por ello hablamos de emoción: exaltación al reconocernos en esos signos de identidad.

Repaso por las salas del MADC, la Sala 2

Entre otros objetos, encontramos un hermoso “anafre” de carbón para cocción de alimentos – en el ayer ya algo lejano eran hechos de lata o contenedor para la “manteca” que se vendía en las pulperías o “tarro de aceite” (ya esas formas de comerció desapareció); el ambiente de este particular espacio arroja imágenes evocativas de las casas de antaño y una cultura de caracteres muy rurales: el fuego, el humo, el aroma cuando se quemaba la leña de maderas como el guajiniquil, la guaba, el poró, materias cercanas y tolerantes con la naturaleza, hoy se rememoran y encienden -al visitar la exposición- las sinestesias perceptivas por la capacidad humana de revivir las experiencias de un tiempo. Al fondo de esta sala, se observan diversos artefactos para la preparación de tortillas y toda esa cultura del maíz, la olla de aluminio de fabricación semi-industrial, que servía para cocer el maíz, los tamales, la “olla de carne”, entre otros motivantes que catapultan al sentimiento buscado por el equipo curatorial, de hacernos sentir en nuestro “charco”, en el más amplio estímulo de lo propio.

Zona del sentarse. Sala 3 del MADC. Fotografía LFQ. 

La Sala 3

Posee contextos específicos como son los modos del sentarse en el país: las poltronas, los banquillos, las mecedoras y las tipologías de textiles apropiados a esas formas del descanso popular, pero también atañen a otros productos y usos tales como las alforjas de cuerda de cabuya, los felpudos tejidos con subproductos de la industria textil y del comercio.

Zona del sentarse. Sala 3 del MADC. Fotografía LFQ. 

En esta zona de la muestra salta a la vista la reinvención del tradicional banquito de madera rediseñado por el mueblero Rodolfo Morales, cubierto con un singular tejido de doña Luz Alvarado oriunda de la Fortuna de San Carlos. También se exhibe la mecedora de hilos y alambrón de hierro, titulado asiento “barco de papel” de KTÚ, diseñadora Katherine Román, que cautiva, quizás por su fina concepción minimalista. Además, se aprecia la mecedora “mandarina” del diseñador industrial Luis Carlos Velázquez, de corte laser en cartón corrugado el asume el signo intrínseco en la forma curva que exacerba la sensualidad además del goce estético.

Tipologías de textiles. Sala 3 del MADC. Fotografía LFQ. 

Cestería y obetos del campesino. Sala 3 del MADC. Fotografía LFQ. 

En esa misma sala se exhiben las cestas “jaba” colectados en el Caribe Sur, fabricadas con cañas y bejucos por los artesanos de Bribrí allá en Baja Talamanca. Se expone un conjunto que refiere a las labores del campo: el “chonete”, el “machete” y el “garabato”, con dos pares de zapatos de esos usados en las nobles labores cotidianas de nuestros campesinos.

Objetos del Juegos. Sala 3 del MADC. Fotografía LFQ. 

Al fondo de esta sala, brota el imaginario vernáculo sobre lo lúdico, como el trompo de madera hechos de ron-ron u otras maderas duras o semiduras, y las mascaradas que nos sumen en la algarabía de las festividades populares justo cuando detona el “tri-qui tra-que” y se escucha alegre “farafarachín…” entonado por una “cimarrona” de pueblo.

La sala 4

Invita a apreciar los simbolismos colectivos de la comunicación de masas representados por la gráfica popular, aparecen los rótulos de pared de tiendas, bares, verdulerías, e incluso, un camioncito intervenido por esa astucia populachera que los convierte en obras de arte Pop rodantes. En las gradas de acceso a esta sala se exhibe un alfabeto de fuente tipográfica sintetizada y derivada de la rotulística tradicional costarricense.

Gráfica popular. Sala 4 del MADC. Fotografía LFQ. 

Aparece una instalación con los recibos que emiten los “guachis” -personas que se dedican a cuidar autos en las calles de la ciudad-, y en una chispeante gráfica se conjugan los decires de la jerga popular, provocadores de sentimientos de identificación con los valores del pueblo y de quienes obtienen el sustento diario en ese tramado urbano que denota crisis, pero donde también se advierte la sabiduría de sobrellevarla.

Ejercicio teórico investigativo

Los especialistas del museo repasaron la teoría de la comunicación, del diseño como sujeto de producción cultural, de la percepción sensorial y lo emocional como un bagaje insustituible en la acción del diseñador, quien es un importante actor social y cultural en esta compleja sociedad contemporánea.

Tremendo ejercicio el experimentado por este equipo: investigar para colectar, observar para exhibir, resguardar para argumentar aquellos valores que de simples o burdos objetos pasan, en adelante, a asumir una escala de valores dentro de lo patrimonial, noble y responsable tarea.

Para cumplir con esos fines los estudiosos del MADC convocaron a una colecta de ideas y objetos a través de redes sociales, apoyaron sus decisiones en un equipo de asesores externos a la institución. Méritos también por la acción museográfica y educativa al transparentar –como estrategia de lo mostrado-, una trama de datos técnicos, culturales, sociales e históricos, tan necesarios al tratar de elaborar el sentido: que la exhibición eduque, sorprenda al espectador quien emerge del complejo museístico con la convicción de valorar lo suyo.

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