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TERMINAL: Arte Joven

Dentro de las manifestaciones del “arte contemporáneo”, las expresiones de los artistas más jóvenes son puntos importantes a observar, por un lado reconocer el común denominador dentro de sus prácticas de producción y sus maneras de comprender los asuntos creativos, por otro, advertir hacia dónde redirecciona el arte en la actualidad, a qué fronteras se dirige, considerando la alternativa de que los bordes hoy en día son muy porosos entre sí; aquello que es un fin, una meta, un estado final, demostrará un intersticio por donde fluirá un nuevo inicio, y eso precisamente es esperanzador.

Nuevo espacio TERMINAL, en San José Costa Rica. Foto LFQ.

Lo exhibido en el espacio TERMINAL se gesta gracias a la inusual alternativa que un artista aventajado y también joven como Fabrizio Arrieta, se propone abrir para estas nuevas generaciones del arte costarricense. Ahí nace mi interés en esta aproximación, pues de alguna manera sigo de cerca el trabajo de los jóvenes, lo hago para sentir sus pulsaciones en esos encuentros con la materia, que aunque siempre será la misma es tratada de manera distinta, con nuevas herramientas, técnicas y abordajes: la animación digital, el videoarte, el arte urbano, el grafiti y otros encajes para la pintura, el dibujo, el grabado, la instalación. Además me interesa en tanto asumen un lenguaje que aunque es el mismo de todos, resuena con otras acentuaciones al discurso conceptual, con distintas puntuaciones que inciden al percibir su arte y lo hacen ver quizás más áspero, con una carga poética emergente de una interioridad acuciosa ante los grandes conflictos del ser en esta coyuntura de la segunda década, primer centuria del tercer milenio.

Evento de apertura. Foto cortesía de TERMINAL.

Considerando el título Recuerda mi nombre, trece artistas se propusieron asumir el desafío de cargar a ese espacio de sus –como dije- pulsaciones, las cuales atañen a la vida, y en toda vivencia cotidiana coexisten el amor o el desamor, como también un desmedido frenetismo en el acontecer, con una dosis de sensualidad o erotismo, pero también de pensamiento, intertextualidad, percepciones del otro y sobre todo del cuerpo del otro, tal y como apreció Roberto Guerrero en su texto de presentación de la muestra; un cuerpo que no olvida y son sensibles las cicatrices de sus encuentros o desencuentros, lo que conforma historia personal en cada uno disparados para afectar a los observadores que visitan Terminal: Un Yo que llega desguarnecido ante el desparpajo del mundo, la agresividad proveniente del afuera y cotidianidad, pero de repente, al ingresar, uno se ve sumido en un campo de fuerzas cuyos vectores son símbolos del inminente vivir, repito, como la sensualidad y el éxtasis –tal y cual lo apreciara Georges Bataille en L´Erotisme (4ta Ed. 2005), es suma de sumas: El erotismo es uno de los aspectos de la vida interior del ser humano. En este punto solemos engañarnos porque buscamos fuera el objeto del deseo-, además del lenguaje de-construido, que devela distintos matices de la interioridad y nos conectan a las experiencias íntimas tenidas con dichos objetos-símbolos, como es el caso de “Sin título, de la serie Sueños Húmedos” de Gabriel Moreno, propuesta que nos provocan sea un gesto de desagrado o de asco, o al contrario, anclan en la “carnalidad” de cada quien.

“Sin título, de la serie Sueños Húmedos” de Gabriel Moreno. Al fondo pintura de Roger Muñoz. Foto LFQ.

Espacio TERMINAL. Foto cortesía de TERMINAL. 

De inmediato al ingresar a la sala me invadió el deseo de evocar aquel poema Recuerda Cuerpo de Constantino Kavafis cuando dice cómo brillaban,
recuerda, en los ojos que te miraban;
cómo temblaban en la voz, por ti. Nos toca otro punto sensible aquella pieza de Ariela Kader “Sin Título, Social Trash serie”, objeto/instalación, con las bolsas de basura y textos donde anidan memorias de cuerpos que pasaron de lado o con los cuales se compartió el nectar de la juventud, cuerpos que se amaron, sin embargo también se lanzan a la inmundicia –al basurero social a que refiere la artista-, como si nada hubiese sucedido o simplemente fueran subproductos de esta temible sociedad de consumo, sociedad del desecho donde el signo siniestro del poder nos marca hasta en el plano amoroso cuando existe el recambio. ¡Cómo no decir que existe pensamiento, en las frases adheridas a la puerta del baño, en esa territorialidad del lenguaje -de la muestra y de esta misma autora-, vuelvo a decir “de-construido”, quebrado, para intimidarnos y provocar la comprensión del significado de pisar a veces el filo del mundo. ¿Cómo no sentir afectada la sensualidad, ante los activadores emocionales dejados en cada pared, en cada ángulo y cruce de la sala, en cada plano ortogonal que dirige las miradas hacia muchos otros espacios, proposiciones y diálogos, como “los sueños húmedos” de Moreno -ya comentado-, que dirigen la atención hacia la pintura del bebé de Roger Muñoz –ícono tan utilizado por la publicidad en la venta de alimentos, aceites y lociones- pintado en óleo dentro de una circunferencia la cual de inmediato dispara la idea del condón, el latex que separa las carnes, la virilidad y fertilidad, tan vividas en la vida actual pero origen de tantos conflictos.

Espacio TERMINAL. Foto cortesía de TERMINAL.  

No pasan nada desapercibidos los vectores que imprime una patineta al desplazarse sobre el plano vertical de la pared y la plataforma de metal que lo catapulta desde el pavimento, intervención en el espacio de Olman Torres (Stand By), Miguel Castro y Kevin Mejía (Vagabond), la cual ensaya el día a día de tantos muchachos que ante la férrea disyuntiva antepuesta por la crisis e incomprensión social, se vuelve muralla y alternativa para marcarla con dichas improntas, para poco a poco derribarla. Tampoco puedo dejar de comentar la mesita de madera con sobre de vidrio, la cual enmarca una “Prueba de estado” grabada por Fernanda Matarrita, como para constatar el trabajo del taller en diálogo con la pieza múltiple “Osteogénesis registro óseo de un padecimiento colectivo”de Cristian Salablanca quien va al despiece múltiple para ensayar lo sucedido con el cuerpo colectivo de una sociedad en fase terminal. Me tocan los cuatro dibujos en la pared los cuales más que trazos son registros de una tectónica que retrata la evocación y el deleite también sensual, una mirada perdida que de repente tiznó la superficie del papel, “Actual size an loaded gun” de Marlon Robinson, pieza hecha con lubricante, semen, carboncillo y pólvora. De frente, un conjunto de tres visiones de Elisa Bergel “Buena idea” collage digital, evocan lo femenino, visión que desvanece en la pantalla de la imaginación donde regenera la estructura de repetición con su carga de sensualidad. Culmina esta zona de la exposición la columna y viga pintada con el gesto callejero del arte urbano colmado de color y signos de la calle por parte de Kevin Mejía, “Pasando por Chepe”, intervención urbana.

Espacio TERMINAL. Foto cortesía de TERMINAL.  

Evoco aquella animación que aunque son trazos de luz y movimiento en el poliedro de la virtualidad, también vivencian la vida y conviven en otra dimensión que no es la nuestra pero donde también existe la incertidumbre, la beligerancia y el combate ante el adversario: el corto animado “La máquina de esmegma” de Diego Arias y la proyección de Alejandro Bonilla “El funeral” 2014, cortometraje de animación 3D.

Otra de las piezas expuestas, en este caso sobre un soporte de madera de pino y pintura acrílica, levita el toque jocoso de “El Matrimonio” de Fabrizio Durán donde se reflexiona acerca del rol de la criatura que espera en la solitud, y que desdibuja la paz hogareña y la situación de la mujer agredida, y por otro, el “Sin título” de Andrés Gudiño, carboncillo sobre cartón con un sentido de mínima expresión de una idea juguetona pero crítica.

Espacio TERMINAL. Foto cortesía de TERMINAL.  

Para cerrar mi comentario vuelvo a reflexionar sobre el significado de abrir el espacio por parte de Arrieta, para que las nuevas generaciones de artistas tengan donde realizarse y comprometerse con el arte, argumentar su rol ante la crisis cultural en un país donde existen muchos museos pero las oportunidades para exponer son siempre escasas, sobre todo para estos grupos emergentes. Muchos de ellos son desconocidos, quizás esta sea la primera ocasión para aparecer en público, lo hacen con una marca de contundencia, sin embargo lanzan dardos a un vacío sin saber que al intentar dar en el blanco, puede que los vectores disloquen su curso y hasta se devuelvan, como el boomerang, cuya colisión inminente también nos hiere.

  

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