Mercader Eixample, una casa con jardín

En el centro de Barcelona, el restaurante Mercader Eixample ocupa una casa de carácter modernista cuya identidad está estrechamente vinculada a su jardín. Este espacio exterior, convertido con los años en uno de sus principales atractivos, proporciona una particular sensación de recogimiento dentro de la ciudad. La reciente reforma, desarrollada bajo la dirección creativa de Ricard Trenchs, con Mariona Guàrdia como responsable del proyecto y la colaboración de Lorena Martínez, parte de esa condición para actualizar el establecimiento y recuperar algunos de los atributos que han definido históricamente su personalidad.

La intervención plantea una revisión de la distribución, los materiales, el mobiliario y la iluminación, manteniendo como referencia la atmósfera de una vivienda. El resultado articula tres ámbitos con identidades diferenciadas: el jardín, el comedor principal y un nivel inferior concebido como un espacio íntimo para reuniones y celebraciones.

Un jardín que define la identidad del lugar

El proyecto conserva el jardín como uno de los elementos centrales del restaurante, aunque introduce cambios destinados a reforzar su presencia vegetal y mejorar las condiciones de uso. La vegetación existente continúa envolviendo el espacio, mientras que el nuevo mobiliario exterior aporta mayor confort y una imagen de conjunto más definida.

El rojo terracota, adoptado como nuevo color corporativo, aparece en toldos, detalles cerámicos y distintas piezas de mobiliario. Su presencia establece una relación cromática entre los elementos arquitectónicos y el entorno ajardinado, contribuyendo a construir una identidad reconocible.

Las antiguas piezas de exterior, ligeras y de escasa presencia visual, se sustituyen por otras de mayor entidad. Esta decisión modifica la percepción del jardín y refuerza su condición de estancia al aire libre, integrada en la experiencia cotidiana del restaurante.

Recuperar la entrada de una casa

Uno de los cambios fundamentales se produce en la planta principal. Las antiguas barras de bebidas y preparación en frío, situadas originalmente junto al acceso, se desplazan para liberar la entrada y modificar la primera impresión del visitante.

Tras subir la escalinata, el recorrido desemboca ahora directamente en un comedor de carácter doméstico. La reorganización permite que la llegada al establecimiento resulte más acogedora y que las funciones de servicio queden integradas en una distribución menos expuesta.

El comedor adopta una configuración en L y mantiene conexiones visuales con la cocina y la barra. Esta disposición permite incorporar la actividad gastronómica al ambiente general sin convertir las zonas de trabajo en protagonistas de la sala. El mobiliario, por su parte, responde a criterios de flexibilidad: las mesas pueden reorganizarse para acoger desde comidas de dos personas hasta reuniones de grupos más numerosos.

La paleta cromática contribuye a establecer una continuidad entre el jardín y el interior. Una tonalidad verde suave recorre paredes, techos y elementos técnicos, generando una base uniforme sobre la que se incorporan diferentes materiales y acabados.

La madera natural, el pavimento oscuro y el cuero marrón aportan calidez, mientras que las superficies lacadas en terracota, el blanco y el travertino introducen contrastes de color y textura. El acero inoxidable aparece puntualmente en mesas, sillas, luminarias y detalles, incorporando un registro contemporáneo que equilibra el carácter tradicional del conjunto.

La iluminación y los objetos construyen la atmósfera

La reforma presta especial atención a la iluminación como herramienta para organizar visualmente el comedor. Los apliques de pared proporcionan una luz indirecta y envolvente, mientras que las luminarias suspendidas permiten destacar mesas y rincones concretos.

En el centro de la sala, una gran lámpara de geometría facetada adquiere especial protagonismo. Su presencia establece una referencia visual dentro del comedor y contribuye a relacionar la composición interior con el jardín.

Otro de los recursos utilizados para recuperar el carácter doméstico del establecimiento es la incorporación de vitrinas de suelo a techo. Inspiradas en los muebles tradicionales destinados a guardar la vajilla, estas piezas muestran cristalería, objetos y elementos decorativos, integrando el propio menaje en el proyecto de interiorismo.

Fotografías en blanco y negro, un gran espejo y diferentes objetos completan la ambientación. Su disposición busca transmitir la sensación de un lugar construido progresivamente, donde las piezas conviven con naturalidad y participan de la identidad del espacio.

La combinación de estos elementos permite recuperar una cierta dimensión residencial sin renunciar a las necesidades funcionales de un restaurante contemporáneo. La escala del mobiliario, la distribución de las mesas y la iluminación favorecen distintas formas de ocupación y permanencia.

Una bodega urbana bajo el comedor

El nivel inferior propone una atmósfera claramente diferenciada de la planta principal. Los muros de piedra y los techos abovedados constituyen el punto de partida de un espacio de carácter recogido, cuya iluminación contenida acentúa la materialidad de la arquitectura existente.

Grandes cortinas de terciopelo en tono visón, fotografías de gran formato y una selección de mobiliario flexible configuran un ambiente próximo al de una bodega urbana. Su organización permite adaptar la sala a distintas necesidades, especialmente reuniones privadas y celebraciones.

El contraste entre ambas plantas amplía las posibilidades de uso del restaurante. Mientras el comedor principal se caracteriza por su luminosidad y conexión visual con el exterior, el sótano ofrece unas condiciones de mayor intimidad. La diferenciación responde tanto a las características arquitectónicas de cada nivel como al programa previsto para sus espacios.

La reforma de Mercader Eixample encuentra su coherencia en el tratamiento conjunto de estos tres ambientes. El jardín conserva su protagonismo, la planta principal recupera la escala acogedora de una vivienda y el nivel inferior incorpora una alternativa para encuentros de carácter privado.

Con esta intervención, Ricard Trenchs y su equipo actualizan el establecimiento a partir de los elementos que ya formaban parte de su identidad. La distribución, los materiales y el mobiliario contribuyen a preservar la singularidad de una casa rodeada de vegetación, integrada en el tejido urbano de Barcelona y adaptada a las necesidades actuales de la restauración.

Ficha técnica
  • Proyecto: Restaurante Mercader Eixample.
  • Ubicación: Barcelona, España.
  • Año: 2026.
  • Dirección creativa: Ricard Trenchs.
  • Responsable de proyecto: Mariona Guàrdia.
  • Colaboración: Lorena Martínez.
  • Cliente: Mercader Eixample.
  • Fotografía: Maria Algara.
  • Estilismo: Elefante Studio.

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