Join the Pipe o cómo sobrevivir al plástico

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El envenenamiento sistemático del planeta

Para fabricar una garrafa de cinco litros de agua se involucran directa o indirectamente hasta 3,5 litros de agua y si este envase no se recicla debidamente vagará por ríos y cunetas entre 100 y 700 años hasta desaparecer por completo. En este largo e invisible proceso de degradación se liberan al medioambiente sustancias tóxicas como antimonio o formaldehído. Es aquí donde reside la verdadera tragedia, porque no solo se trata de la cantidad de agua empleada en la producción de millones de botellas cada día, sino del envenenamiento sistemático del planeta en el proceso de descomposición.

Historia, presente y futuro

Todo el plástico producido desde su invención en 1909 está aun entre nosotros, atascado en un desagüe, camuflado en la arena de la playa, flotando en atolones gigantes en medio del océano o, peor aún, acumulándose lenta y para siempre en algún rincón de nuestro organismo. Solo en 2010 se vertieron a los océanos ocho millones de toneladas de plástico desde 192 países con salida al mar y se espera que para el año 2025 esta cifra se duplique.
De los 80.000 tipos de plástico registrados, uno de los más conocidos es el destinado a la fabricación de botellas de agua, el tereftalato de polietileno o PET. Esta variedad, creada por J. R. Whinfield y J. T. Dickson en 1941, posee cualidades positivas para el negocio del agua embotellada pero esconde otras muy negativas para la salud.

Holanda y el plástico

En países como Holanda, sin ningún tipo de problemas de escasez de agua ni infraestructura, cada día se tiran en los vertederos medio millón de botellas. Y aunque la sociedad va adoptando poco a poco el habito de reciclar, en el caso puntual del PET, el remedio se antoja peor que la cura. La exposición prolongada a la luz solar, a temperaturas elevadas o simplemente al mero paso del tiempo, provoca en el PET la liberación de sustancias tóxicas como ftalatos, antimonio, formaldehído y acetaldehído que contaminan tanto su contenido como el medioambiente. Por esta razón, fabricar PET a partir de PET reciclado no parece una muy buena idea. Si este
material es tan peligroso, ¿por qué seguimos usándolo? La respuesta está a mitad de camino entre la avaricia de algunos y la dejadez de otros.

Soluciones

De la consternación que producen datos como estos nace Join the Pipe, una organización internacional fundada por Gerardo Vallen y Lorenzo de Rita que promueve el consumo de agua de grifo, advierte de los problemas que acarrea a corto y largo plazo el agua embotellada y, gracias a donaciones y a la comercialización de sus productos, proporciona a poblaciones de diferentes lugares del planeta un suministro continuo y seguro de agua potable.
Join the Pipe, autoproclamados como la “primera comunidad de bebedores de agua de grifo”, nace en 2009 en los Países Bajos, un territorio que, lejos de sufrir escasez de agua se encuentra en permanente riesgo de inundación. El primer paso de la compañía, y con seguridad su mayor acierto, fue la creación de Pipe Bottles, una colección de botellas de agua reutilizables cuyo diseño imita las diferentes secciones de una tubería.

Join the Pipe o cómo sobrevivir al plástico
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El diseñador Mark Schulte, cofundador del estudio holandés Dwars, con sede en Ámsterdam, es el responsable de la concepción de Pipe Bottles. Esta colección está compuesta por seis piezas distintas cuya mayor particularidad reside en que, gracias a la incorporación de un sistema de bayoneta, las botellas ofrecen la posibilidad de unirse una a otra indefinidamente hasta formar una tubería. De esta manera, el trabajo de Schulte, ganador de la edición 2010 de los Dutch Design Award en la categoría packaging, representa con acierto el sueño que mantiene en movimiento los engranajes de Join the Pipe desde su fundación y que a través del tiempo se ha convertido en su grito de guerra: “Construir la tubería de agua potable mas larga del mundo”.

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Producción

Pipe Bottles está producida en TritanTM, un copoliéster creado por la compañía química estadounidense Eastman que se caracteriza por su transparencia, su alta resistencia tanto a temperaturas extremas como a productos químicos, y por estar libre de Bisfenol A, más conocido como BPA, un compuesto tóxico que, aunque prohibido en muchos países, sigue presente en productos plásticos de uso cotidiano.
De un tono azulado, la capacidad de las botellas que componen la colección varia según el modelo. En la superficie de la tapa a rosca que cubre el pico vertedor, se muestra en relieve el logotipo de la compañía. Mientras que una versión resumida de la historia de Join the Pipe, grabada en un parche de goma blanca, descansa en el fondo de cada envase. Por último, una abrazadera, también de goma blanca, facilita la sujeción y el transporte.

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Bogo, Carafe y Rainbow Package

Pipe Bottle cuenta con una línea destinada a restaurantes y al hogar. Diseñada también por Mark Schulte, está producida en gres blanco de grado A, un material cerámico vitrificado, duro, impermeable y refractario. Además de incorporar una tapa de silicona gris, esta serie incrementa su capacidad de forma notable.
De las entrañas de Pipe Bottles se desprenden tres líneas más: Rainbow Package, una colección conformada por cinco botellas de diferentes colores. Carafe, un juego de jarra y cuatro vasos de vidrio que si bien guarda ciertas líneas que evocan el proyecto original, se presenta como la versión más amable. Y por último Bogo, la variante más sobria pero con mayor peso social.
La colección Bogo, aunque básica, mantiene los estándares de calidad y ofrece los mismas prestaciones, es reutilizable, apta para almacenar alimentos calientes y fácil de limpiar. Al adquirir una botella Bogo (Buy One Give One), otra unidad comienza un viaje con destino a África, a algunas de las comunidades donde Join the Pipe esta presente.

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Más frentes

Otro de los frentes que tiene abierto Join the Pipe en su cruzada contra los plásticos y la injusta distribución de agua potable, la lidera Tap Water Station. Se trata de un surtidor de agua ligero, de alta calidad y de fácil instalación. Proyectado también por Mark Schulte, está pensado para suplir las necesidades que espacios ce- rrados como oficinas, escuelas y centros comerciales puedan exigir, y además, las de áreas públicas como plazas, parques y centros deportivos.
El surtidor está producido en dos tipos de acero, hierro fundido y EPDM, una variedad de caucho de alta resistencia a la abrasión y al desgaste de agentes atmosféricos. En la actualidad, en Los Países Bajos hay 450 surtidores de agua potable, fabricados e instalados de forma conjunta entre Join the Pipe y la compañía agua holandesa.

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Un panorama inquietante

Al otro lado del mundo, el papel que juegan los Tap Water Station en poblaciones de países en vías de desarrollo que por su geografía o situación socioeconómica sufren una escasez crónica de agua potable, es vital e inmediata. Porque ya no se trata de cambiar los hábitos de una sociedad acostumbrada al derroche de recursos natu- rales limitados, sino de la propia supervivencia.
Según un informe de las Naciones Unidas, en el mundo existen 884 millones de personas que no disponen de un acceso seguro y diario a un suministro de agua potable. Para entender la verdadera dimensión de este dato, es como si todos los habitantes de Europa se quedaran sin agua en sus casas, y que para conseguir apenas 20 litros, un miembro de una familia tuviera que caminar cada día seis kilómetros a través de territorios en guerra, exponerse a vejaciones de todo tipo y arriesgar su vida. Un panorama inquietante.

Otra consecuencia no menos importante de la privación de agua potable son las enfermedades relacionadas con la falta de higiene. Estas, como era de esperarse, repercuten con especial crueldad en los niños. De los 1,8 millones de muertes que se producen anualmente por enfermedades como la diarrea, 1,6 millones son de
niños menores de cinco años. Por esta razón, las intervenciones de Join the Pipe en las comunidades no solo se circunscriben a la entrega de botellas Bogo o a la implementación y puesta a punto de los surtidores. Join the Pipe ha dado un paso más allá con la construcción en escuelas de los Water Kiosk, unas
casetas de ladrillo y cemento que integran un aseo básico y ayudan a prevenir este tipo de enfermedades. Un ejemplo es el Water Kiosk en construcción en Nairobi, precisamente en la comunidad de Daho. Estiman que una vez finalizadas las obras, el suministro de agua potable beneficiará a cerca de 32.000 personas, entre los que se incluyen 12.000 niños en edad escolar.

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Joint the Pipe, mediante donaciones, la comercialización de sus productos a particulares y con la colaboración y respaldo de personalidades de diferentes ámbitos y empresas como Microsoft, ING o Ebay, ha completado con éxito 250 proyectos en Kenia, Tanzania, Congo, Mozambique, Gambia, Benin y Bangladesh.
Lorenzo de Rita, publicista italiano afincado en Ámsterdam con más de 20 años de experiencia en el sector, es la cara visible de Join the Pipe. En una ponencia organizada por TEDxAmsterdam dijo que en este mundo existían “magos capaces de transformar el agua de grifo en agua de manantiales cristalina con solo poner una foto de una cascada en la etiqueta del envase”, y agregó: “Recuerden, las botellas de plástico son para perdedores”.

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NOTA: Join the Pipe o cómo sobrevivir al plástico, es un artículo escrito por Cristóbal Páez publicado en el número 69 de Experimenta, un monográfico dedicado al diseño holandés. Puedes conseguir este número y muchos más en nuestra tienda online.

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