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Enálage

París,

Tokio,

Berlín,

Chicago,

Milán,

Madrid,

Londres,

Estocolmo,

Ciudades. Personas.

Una enumeración de ciudades. Diferentes Personas.

Mil y una sensaciones camufladas en las memorias de los lectores.

He citado unos núcleos urbanos más o menos representativos de la actividad humana, no deberían de tener mucha más repercusión de por sí. Algunos titulares, algunos twitteos, alguna novedad en facebook. Información corriendo de un lado a otro de esas ciudades, generando recuerdos, adjetivos y diversidades.

Pero al parecer esto no es sólo así, ni es sólo eso, si a cualquiera de nosotros se le ocurre pensar en el término global, o quizás conectados, el significado de todas estas palabras habrá cambiado radicalmente o por lo menos se podrán dibujar a través de un nuevo prisma o aproximación.

Hablar de globalización no es nada nuevo.

En un mundo como el actual, en el que ya existe gente que se autodenomina nativos digitales, gente que reside en más de un país o incluso dos en el mismo mes, en un mundo en el que puedes cambiar de husos horarios tantas veces hasta que puedas enloquecer. En ese mundo se puede decir, que se dan por sentados términos como el networking, la comunicación entre diferentes partes del planeta de forma casi instantánea…

De nuevo, no aporto nada nuevo…

Se da por sentado que es una forma de “hoy”, que ya existe y que es algo inevitable.
Estamos asumiendo como “reales”, como ciertas, muchas cosas. Se dan muchas cosas por “sentadas” ¿Somos, realmente, conscientes como diseñadores de las repercusiones de esa globalidad?

Para muchos de nosotros se están ampliando las barreras, ya no sólo se puede hablar de una forma local, o desde las mismas ciudades que mencionaba. Ahora se tiene que hablar de forma simultánea y desde diferentes lugares a la vez.

Vivimos en un proceso de homogenización. Un proceso del que somos parte activa como diseñadores. Proceso el cual elimina la diferencia y la transforma en diversidad. Los detalles dentro del mismo orden, de los mismos márgenes se convierten en algo curioso, folclórico, local… En herramientas de estilo y en formas de construcción y significación.

Qué más da tomarse un café en cualquier parte del globo, ¿cuáles son ahora los valores? ¿Qué aportan los individuos? Ahora se nos dice hasta cómo nos tenemos que sentir y se nos dirige en la dirección en la que deberíamos correr. Piensan muchas cabezas al mismo tiempo y desde distintos lugares, realizando muchos trabajos y lanzando muchas soluciones a muchos problemas…

¿Qué pasa con los diseñadores en todo esto?

¿Quién está definiendo el bien común y el interés general? ¿Nosotros? ¿La gente? ¿Las empresas, nuestros clientes?

Empezamos a exportar estos roles a países del que denominamos tercer mundo desde nuestra perspectiva y depositamos mucho “diseño” en ello.

Mucha práctica meditada, pero meditada desde dónde…

¿Realmente cometemos la “indignidad de hablar por otro” o estamos imponiendo nuestra forma de pensar a los demás?
 

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