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Anagrama

No soy más que la suma de mis experiencias, de mis recuerdos, de mis escritos, de mis pasados, de mis presentes, de mis proyectos, de mis suspensos, de mis éxitos y por encima de todo de mis ideas. Todas esas ideas tienen consecuencias (1) ; soy las consecuencias de mis ideas, de la misma manera que de las ideas de otros. Así mismo algunas ideas son las consecuencias que hemos tenido para el futuro.

Un futuro predicho en tiempos de crisis como un mañana prometido bajo la bandera del emprendedor. Para aquellas personas que navegan con esa palabra como estandarte, ya sin mucho importar las palabras que haya detrás. Ese futuro que fue prometido para todos, igualdad de posibilidades y sin embargo no es esto lo que vemos en las calles.

Hemos creado una generación de huérfanos de la utopía, criados en sueños y en posibilidades que algún día nos devolverán la mirada. Esa hornada resultado del odio de aquellos amantes de la estadística y el dinero, es aquella de la que nos quejamos y sin embargo nos negamos a observar.

¿Quién es el emprendedor? ¿A quién hace esta palabra?

Se mira a los exitosos como ejemplos, se nos dice: “ellos sí, imitadlos, sed como ellos”

Es el éxito esa parte del sistema que nos hace integrarnos en el método. No sólo el éxito, sino todo tipo de éxito. Condenando a los perdedores o tan solo a aquellos que no podían perder nada, reservándoles un destino especial. Porque hoy en día solo puede ser emprendedor aquel que puede perder. Los perdedores, aquellos que no tienen no pueden ganar porque perder significa arriesgarlo todo, tienen reservado ese destino especial.

Generando así una barrera que diferencia, a través de la palabra hecha acto.

Son el deshacer de hoy, aquellos diseñadores que no teniendo nada deben empeñarlo todo para ser aquello que se espera de ellos. Sin posibilidades sin futuro, con nihilismo corriendo por las venas, se espera de ellos que sean nuevo parangón, nuevo mañana, nuevo paradigma vacío, que innoven, que busquen lo nuevo.

Se les sirve un dinero, que siempre ha pagado bien las facturas (2) para derrotarlos, para anclarlos a su miseria; y una culpa, con la que rellenar sus corazones en el fracaso que los hará dóciles.

No es existencialismo cuando todo carece de sentido. No hay nada a que aferrarse en la negritud oscuridad de la frustración, pensamientos y negaciones que rodean la mente. Tenemos palabras para darnos coraje, pero es a esos huérfanos de la utopía a quien nadie presta atención. Son todas aquellas personas que se han quedado atrapadas en tierra de nadie, que su mirada nos recuerda el fracaso de todos. Que no siendo marginados, que aun teniendo las mismas oportunidades que todos nosotros, son lo demás.

Una generación de individuos que han crecido al amparo de las familias, muy pacíficos y por lo general conformistas que como sea que fuera posible, se ven atrancados en un desempleo que no creen suyo, ni quieren hacerlo y en un futuro que ven ausente en sus horizontes.

Para nuestra nueva escoria no existe la lucha de clases o las vicisitudes del profesional. Se lo han arrebatado. Solo pueden ser parte de ese sistema que tanto daño les ha hecho viendo cualquier paso dentro del propio sistema como un paso a la independencia o el éxito, no como la inscripción dentro de aquello que los ha convertido en lo que son.

Se ha perdido aquello de: Pensar la vida, vivir el pensamiento (3).

Se nos pide actuar,

Quizás por ello se piensa pero no se vive el pensamiento (4)

 

 

 

 

(1) Naomi Klein, The Shock Doctrine

(2) First Things First Manifiesto 2000

(3) Pedro García Olivo: twitter @PGarciaOlivo

(4) Ibíd.

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