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Diseño holandés, la revolución no se fabricará en serie

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Se vive la resaca de los 90 y el diseño de los Países Bajos se pregunta sobre su presente y futuro. Aquellos fueron tiempos de provocación y diversión, de búsqueda. Hoy se vive con la certeza de que sigue intacta la imaginación que caracteriza al diseño neerlandés. El reto es darle un enfoque más pragmático a aquel impulso social creativo.

 

Ambient Experience, escáner para mascotas.


Revolución del diseño

¿Qué hacer cuando una revolución llega a su fin? ¿Se instituye la ideología libertadora como la nueva doctrina y se suprime cualquier forma de disenso? ¿Se instaura una revuelta permanente? ¿Se toma el control de las antiguas estructuras de poder y se integran en la nueva ideología? ¿O se niega uno a aceptar que ha habido una insurrección y se observa a toda persona ajena al proceso con un ojo paranoico? Estas son las preguntas que exigen respuesta de todo revolucionario, incluso cuando su campo de batalla sea tan insignificante como el del mundo del diseño, en el que a nadie en realidad le importa qué silla ha hecho saltar por los aires la noción tradicional de asiento en la última edición de la feria del mueble o si los tejados acabados en punta son retrofascistas o astutamente futuristas. Así es que ahora que Droog Design está en todas partes y la idea de que debemos volver a ensamblar las formas en lugar de inventarlas se ha convertido en un nuevo tipo de ortodoxia, ¿qué va a ser de la revolución del diseño neerlandés?
 

Exposición Open Borders, encargada por Lille Capital Cultural Europea 2004, Francia.


El avenamiento de la novedad

Desde luego, el llamamiento a un regreso al orden es fuerte. Este está siendo liderado por el Instituto Premsela y su director, Dingeman Kuilman. En una sucesión interminable de debates y discusiones, panfletos y publicaciones, entrevistas y encuentros, Kuilman subraya la urgencia de que los diseñadores neerlandeses dejen de hacer el tonto, dedicándose a la creación de piezas singulares hechas a mano, y comiencen a poner su talento al servicio de la industria. Sólo de esta forma, apunta Kuilman, podrán los diseñadores ocupar un lugar útil en nuestra sociedad y podrá el Reino de los Países Bajos, un estado pequeño con pocos recursos naturales, competir en la economía global. Apuntando a algunas de las grandes corporaciones, como Philips y Pastoe, que han contratado a diseñadores de talento para crear objetos susceptibles de ser fabricados en serie, proclama que este es el futuro del diseño. Sin embargo, no es sino un regreso al pasado. Lo que la coalición de diseñadores autodenominada Droog Design consiguió en Milán en 1993 fue mostrar al mundo que existía una alternativa al concepto de diseño como industria de servicios cuya misión es ayudar a las grandes empresas a crear productos cada vez más eficientes y vendibles. Además, esta visión alternativa no cometió el error de convertirse en arte por el arte. No se trataba de crear objetos ideados única y exclusivamente para ser vistos y admirados, sino de nuevas calibraciones críticas de los rituales de la vida diaria que proponían establecer una relación distinta, a través de un entorno físico y artificial, con las estructuras de poder dominantes. Y lo hizo con inteligencia y humor, con un toque ligero y una buena dosis de ingenio. Rechazando la avalancha de imágenes y nuevas formas que nos inundan a diario, Droog hizo honor a su nombre y anunció el avenamiento de la novedad y la disecación del diseño para dar paso a un acto crítico más condensado.

 

Bling Bling, Frank Tjepkema, 2002.


Rediseñar nuestro mundo

Esto no significa que en la actualidad no haya buenos diseñadores trabajando en los Países Bajos cuya obra merezca la pena. El éxito reciente, al menos en Europa, de los productos Philips –la cafetera Senseo, su enorme gama de máquinas de afeitar y su equipo médico, todo ello diseñado por un equipo interno– sugiere que los diseñadores neerlandeses pueden ser tan buenos como los de cualquier otro país a la hora de conceptualizar, simplificar y optimizar la eficiencia de un aparato electrónico. Si bien la mayor parte de estos diseños se producen dentro de las propias corporaciones multinacionales, su presencia en el país ha dado lugar a la apertura de estudios como el de Khodi Feiss, el antiguo N/P/K o el actualmente americano Springtime, que son capaces de competir al mismo nivel internacional que los innumerables diseñadores que sacan provecho de los ciclos mucho más rápidos de diseño y producción resultantes de los cambios operados en la tecnología informática y el mercado. No obstante, no es esto lo que distingue al país. Lo que realmente contribuye a nuestra comprensión del porqué de este diseño es, precisamente, la habilidad de esos primeros diseñadores que irrumpieron en la escena internacional en la década de los noventa, procedentes de esta pequeña nación, con la intención de mostrarnos una forma alternativa de reaccionar hacia esos sucesos. Lo que la obra de Hella Jongerius, Marcel Wanders, Richard Hutten, Jurgen Bey, Piet Hein Eek, Tejo Remy y los demás diseñadores que se dedicaron a coleccionar formas, imágenes y materiales de su entorno para darles nuevo uso y significado en ingeniosos collages o colecciones meramente útiles (una silla hecha con trapos desechados, una esponja convertida en un jarrón, floreros tradicionales construidos a partir de una combinación de cerámica, cinta de embalar y plástico) proclamaba era que no tenemos por qué crear más a partir de la nada, agotando recursos naturales preciosos en el proceso, sino que podemos rediseñar nuestro mundo y hacerlo mejor… y más divertido. Droog Design lo sigue haciendo. Hoy día el colectivo es más formal: ocupa un conjunto de edificios históricos en el centro de Amsterdam, donde tiene una tienda y desde donde organiza seminarios y cenas en las que, por ejemplo, Nike puede conocer a los jóvenes diseñadores del país. Se ha convertido en una institución. Esto significa que es, hasta cierto punto, conservador. Tiene un punto de vista determinado que pregona como si fuera una doctrina. La proclamación más exhaustiva de esta ideología tuvo lugar el año pasado en Lille, en la exposición Open Borders (fronteras abiertas), en la que Droog reunió a una serie de diseñadores de todo el mundo dedicados a producir piezas de tipo Droog. La exposición no sólo puso de manifiesto el mensaje ecológico latente en las manifestaciones anteriores, sino que lo hizo de forma estridente. El diseño, en opinión de los fundadores de Droog, Renny Ramakers y Gijs Bakker, debería ayudarnos a conservar, a ser autosuficientes y a manipular la naturaleza en lugar de agotarla (en sí un enunciado no exento de polémica para una agencia institucional).

Cafetera Senseo de Philips.


Maria Blaisse

En tanto que Droog se convierte en un grupo más definido e internacional, una generación más joven de diseñadores neerlandeses amplía su campo de experimentación, mientras que algunos de los artistas que llevan innovando todo este tiempo se convierten en objeto de atención internacional. Probablemente el caso más notable sea el de Maria Blaisse, una artista que durante décadas se ha movido en el cruce de caminos entre el arte, la performance y el diseño industrial. Blaisse es conocida principalmente por su trabajo con cámaras de neumático, piezas que transforma en sombreros y otras prendas de vestir y que convierte en la parte central de performances, a menudo en colaboración con coreógrafos. Elegantes pero pervertidillos, estos desechos industriales resucitados en forma de críticos accesorios de moda siempre parecen estar fuera de lugar, tanto por su materialidad como por la sensual abstracción de su material artificial hinchado.
 

Rag chair de Tejo Remy, 1991.


Claudy Jongstra

Otro ejemplo de una diseñadora algo mayor que está empezando a despuntar es Claudy Jongstra, quien lleva años trabajando con su propio rebaño de ovejas en el norte del país para crear alfombras y piezas tejidas con un carácter especialmente brillante pero igualmente primitivo. Su obra huele, literalmente, a artesanía, pero también tiene una escala y calidad decorativa que la hace apropiada para entornos estériles como vestíbulos de edificios. A medida que ha ido madurando, su trabajo se ha vuelto cada vez más elaborado y autorreferencial, y ha comenzado a recibir cada vez más atención en el exterior.


Joris Laarman

El diseñador que prometía iniciar su propia revolución es Joris Laarman, cuyo proyecto de fin de carrera en la Academia de Diseño de Eindhoven (la escuela que avala el avance de la revolución Droog con mayor rigor y eficiencia) anunciaba un nuevo amanecer de las formas barrocas. Su diseño –un radiador compuesto de elementos en forma de arabescos que siguen el trazado en esquina de una pared– fue prestamente adoptado por Droog (si bien todavía no se ha podido fabricar en serie debido a su complejidad intrínseca). El aspecto de este radiador coincide con el redescubrimiento del rococó y del barroco hecho por Philippe Starck y la exposición de cerámica Nymphenburg organizada por la tienda Moss de Nueva York. En él, las formas rígidas de la revolución parecen disolverse en el regocijo voluptuoso de la victoria. El diseñador argumenta que esta exuberancia deriva de la necesidad de disipar el calor de forma más eficiente, mientras que el objeto combina la deformación de un tipo familiar con el redescubrimiento de la idea de que el diseño puede transformar nuestra concepción del espacio y el buen gusto. Laarman ha seguido explorando su interés en lo ornamental en un proyecto para la exposición Deliciously Decadent organizada en el Museo Leeuwarden en 2004 y en la colección Limited de jarrones fabricados en serie, pero también ha ideado diseños más estrechamente relacionados con la línea de abstracciones construidas con materiales reutilizados que caracteriza la obra Droog.

Hotel Lloyd, cubre ventanas, fieltro sobre aluminio, Amsterdam, Claudy Jongstra, 2004.


Maarten Baas

Otro diseñador joven que ha llevado la revolución un paso más allá con una idea singular es Maarten Baas, quien optó por quemar un objet trouvé, una silla, y fijar el resultado carbonizado con epoxy con el fin de convertirlo, una vez más, en un mueble utilizable. Cuando el objeto era de gusto indefinido y ornamentación recargada, la obra se insertaba perfectamente dentro de la tradición Droog, aunque la violencia de sus acciones no formaba parte de las características de reutilización de la obra anterior. Posteriormente ha ampliado la serie para incluir versiones calcinadas de piezas clásicas diseñadas por Rietveld y Hoffman, creando colecciones de reproducciones fabricadas en serie de lo que en otro tiempo fueron piezas de coleccionista. Aunque la idea es conceptualmente ingeniosa, cabe preguntarse cuánto tiempo seguirá funcionando.


Segunda Generación

En paralelo, Droog-istas de segunda generación como Niels Klavers, Bertjan Pot y el dúo formado por Niels van Eijk y Miriam van der Lubbe siguen indagando en las posibilidades inherentes al enfoque Droog. Desde los bolsos de mano en forma de pistola hasta los jarrones hechos con piezas de tubería industrial, estos trabajos combinan el humor con la reutilización de materiales y formas. Los mejores ejemplos también envuelven el comentario social con una elegancia que refuerza y debilita el mensaje al mismo tiempo. Un flujo casi inagotable de este tipo de diseñadores parece proceder de la Academia de Diseño de Eindhoven. Aunque a estas alturas el público ya está familiarizado con los trucos de su oficio, los mejores ejemplos de su obra siguen sorprendiendo y deleitando.

Lencería para mujeres con un pecho, MarlyMade, Marly Huibregtse, 2004.


Marcel Wanders

Tampoco se debe olvidar a los líderes de la revolución. Algunos de ellos, como es el caso de Marcel Wanders, han seguido su propio camino en busca de fama y fortuna en el mercado internacional. En la actualidad, Wanders es un artista polifacético, más conocido por su diseño de bares, hoteles y restaurantes alrededor del mundo que por sus productos, así como director de una colección de diseño llamada Moooi (una deformación de la palabra neerlandesa para bello o hermoso). Aunque en ella se pueden detectar ecos de su interés en la reutilización de materiales y formas, desde motivos decorativos hasta sillas barrocas, la colección también comienza a asemejarse a una línea tradicional de mobiliario moderno, cuyos componentes minimalistas adoptan estándares aceptados. Wanders ve sus interiores como lugares para una experimentación marcada por el collage y la superposición de imágenes y formas fabricadas en serie, mientras que Moooi es el espacio donde busca vender la revolución.

Me and My Beretta, Niels van Eijk y Miriam van der Lubbe, 1999.


Hella Jongerius

Hella Jongerius también ha comenzado a integrar sus diseños con los del mundo internacional del mueble, concibiendo productos para fabricantes tan importantes como Vitra (un banco alargado), Maharem (un material llamado Repeat Fabric) y, más radicalmente, Ikea. Para este último diseñó una serie de jarrones fabricada en China. A Jongerius le fascinó la forma en que los productores locales (operarios) lograron fabricar en serie sus aplicaciones flotantes de motivos decorativos. Por una parte, parece que encontró la forma de prolongar la tradición Droog para abarcar la reutilización de motivos existentes con formas nuevas integrándola con técnicas de producción en serie, pero por otra, cabe preguntarse adónde ha ido a parar la relación entre estas estrategias y el comentario social que hacían. Para Jongerius, los productos de Ikea han sido un intento de mantenerse en la cresta del mundo flotante de imágenes disponibles que integran formas antiguas con tecnologías modernas, tanto de producción como de distribución, pero para la mayoría de los consumidores no son más que objetos bonitos y baratos. Sea como fuere, Jongerius ha anunciado que no volverá a trabajar para Ikea.
 

Silver Spheres de Maria Blaisse, 1988.


Estética y tendencias sociales

Piet Hein Eek sigue creando montajes con desechos de madera, si bien en ciertas ocasiones utiliza tablas estándares, y Richard Hutten se ocupa, entre otros proyectos, de una nueva escuela de diseño en Corea del Sur. Mientras, otros diseñadores intentan integrar el mensaje social de Droog en formas más corrientes. Uno de los ejemplos recientes más notables es Focusspec, unas gafas ajustables, sumamente baratas, diseñadas por Industrial Design para los países del Tercer Mundo o, en una nota más irónica, el sujetador para mujeres con un solo pecho de Marly Huibregste. Por otra parte, diseñadores como Job Smeets, de Studio Job, muestran poco interés en el mensaje social y se acercan al arte pop con sus gigantescas ampliaciones de objetos de uso diario. Es posible que el mejor ejemplo de la combinación de estética y las tendencias sociales inherentes en la revolución del diseño neerlandés llevada adelante por un diseñador joven sea Bling Bling de 2002, un crucifijo creado por Frank Tjepkema combinando los logotipos de las empresas Fortune 500.

Black Circle de la serie Kuma Guna, Maria Blaisse, 1996.

Limited de Joris Laarman. Es parte de una marca que comprende otros productos sobre el concepto de límite.

Extrañamente familiares

Según parece, no obstante, la forma de asegurarse de que esta revolución subsista no es a través de la producción de más objetos, sino de su exteriorización en distintas manifestaciones. Es allí donde comenzó Droog y es allí donde sigue siendo más eficaz. Las muestras recientes, tanto en la feria del mueble de Milán como en Lille y otros lugares, han subrayado la importancia del diseño en calidad de actividad transformadora que nos permite cambiar nuestro mundo a través de acciones cotidianas. Esta noción ha sido recogida por museos de todo el mundo, desde la Walker Art Gallery (Strangely Familiar, 2002) hasta el museo que dirijo (Reality Machines, NAI, 2003). Li Edelkoort, la directora de la Academia de Diseño de Eindhoven, sigue proclamando la importancia de la experimentación en las exposiciones del trabajo de los estudiantes que organiza en la escuela y otros locales y en eventos como Armour (2003). Los productos neerlandeses que comienzan a aparecer en distintos interiores alrededor del mundo tienen el efecto de ser extrañamente familiares y desconcertantes a la vez, poniendo en duda la coherencia del hotel diseñado por Philippe Starck o la moderna sala de juntas en la que se encuentran.


Las barricadas del diseño

Así pues, la revolución no ha llegado a su fin, pero tampoco evoluciona con frenesí. Hierve a fuego lento, infiltrándose en escuelas y salones de exposiciones, pinchándonos en nuestro papel de consumidores a la vez que nos proporciona objetos que, a estas alturas, tras diez años de exposición, percibimos como cuasi bellos en un sentido tradicional. Queda por ver si ello cambiará la forma en que actuamos, pero al menos las barricadas del diseño frente a los servicios simples y uniformes siguen en pie, mental y físicamente. Es imposible usar un producto de diseño neerlandés sin pensar, soñar, temer o imaginar otras estructuras de la realidad. Esta es la esencia de lo que yo denominaría el diseño neerlandés. Por tanto, puede que la revolución ya no sea tan visible, pero la imaginación que caracteriza al diseño neerlandés sigue viva bajo los adoquines que nuestros diseñadores han levantado y convertido en collages de materiales encontrados.

Radiador Heat Wave de Joris Laarman, 2003.

Focusspec. Lentes ajustables para países en vía de desarrollo. Industrial Design & Engineering para la fundación Focus on Vision.

Tumble House, Koers, Zeinstra y van Gelderen, Strangely Familiar, 1998.


Publicado en Experimenta 54, bajo el título La revolución no se fabricará en serie. El avenamiento necesario del diseño neerlandés.

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