Experimenta #105. Usar

Diseñar para lo cotidiano, eliminando el ruido

Mientras las herramientas para crear son cada vez más sofisticadas y la capacidad de producir imágenes, objetos y experiencias parece ilimitada, la vida cotidiana continúa recordándonos que el éxito de un proyecto rara vez depende de su espectacularidad. Depende, sobre todo, de su capacidad para ser usado. De integrarse con naturalidad en los gestos, los tiempos y los hábitos de las personas. De resolver sin imponerse. De acompañar sin reclamar protagonismo.

Quizá por eso resulte oportuno volver la mirada hacia una palabra tan sencilla como decisiva: uso. Una palabra que parece evidente, pero que encierra una de las preguntas esenciales del diseño. Porque el diseño no encuentra su sentido en el momento en que se presenta, se publica o se premia. Lo encuentra cuando entra en contacto con la vida. Cuando alguien abre una puerta sin esfuerzo, comprende una interfaz sin necesidad de instrucciones, utiliza una herramienta de manera intuitiva o encuentra en un espacio la comodidad suficiente para permanecer en él sin advertir siquiera las decisiones proyectuales que lo hicieron posible.

El uso constituye el verdadero territorio del diseño. Es allí donde las ideas dejan de ser hipótesis para convertirse en experiencia. Allí donde los objetos revelan su inteligencia o ponen en evidencia sus limitaciones. Allí donde los proyectos comienzan una segunda vida, mucho más rica e imprevisible que la imaginada por quienes los concibieron.

Diseñar para el uso exige aceptar que ningún proyecto permanece intacto una vez que llega a las personas. Los usuarios reinterpretan, adaptan, simplifican, resignifican. Inventan maneras inesperadas de utilizar los objetos, los espacios y los sistemas. Corrigen aquello que el diseñador no previó y descubren posibilidades que nunca figuraron en el briefing inicial. Esa apropiación constante forma parte de la naturaleza misma del diseño. Más que controlar el comportamiento, diseñar consiste en ofrecer condiciones para que las personas desarrollen el suyo propio.

Las ideas y proyectos reunidos en este número dialogan, desde perspectivas muy diversas, con esa manera de entender el diseño. Algunos exploran objetos cuya inteligencia reside en su aparente simplicidad. Otros muestran espacios que favorecen nuevas formas de convivencia sin imponer recorridos. También encontramos servicios, identidades, interfaces y sistemas concebidos para acompañar antes que dirigir, para facilitar antes que deslumbrar.

Todos ellos comparten una convicción profunda: el diseño alcanza su mayor relevancia cuando deja de ser un acontecimiento extraordinario para convertirse en parte natural de la vida cotidiana. Cuando el objeto desaparece y permanece la experiencia. Cuando la forma deja paso al uso. Cuando el proyecto encuentra su verdadero sentido en la repetición de miles de gestos anónimos que, día tras día, construyen nuestra manera de habitar el mundo.

Porque estamos convencidos de que el futuro del diseño no depende de producir más objetos, más imágenes o más estímulos, sino de crear experiencias más serenas, más claras y más humanas.

En este contexto, Fundación IDA nos nos propone analizar en el artículo “Visible, invisible: el diseño como matriz para habitar la ciudad” cómo usar y moverse en una ciudad supone aprender a leerla; Daniela Quintana nos propone cambiar la escala y en su artículo “Habitar la obra” nos introduce en el ámbito de una exposición y cómo se estructura la dinámica del recorrido de una muestra en un museo; Eugenio Vega entrevista a Alice Rawsthorn, para quien diseñar es más que una profesión: es una actitud. 

Pablo Díaz nos trae el recuerdo del Magiclick y la materialidad de un nuevo uso; mientras que Marcelo Ghio en su artículo “Diseñar el gesto” nos acerca cuatro objetos que cambiaron la manera de interactuar con lo cotidiano.

Felipe Taborda nos acerca a la precisión suiza de la gráfica de Stephan Bundi; mientras que Lucas López nos presenta el arte caligráfico del excepcional Hamano Ryuho, y la fantástica obra de los ingleses 8vo; y Fabián Carreras nos invita recorrer las calles para ver cómo la gráfica urbana cambia el uso y el significado de los mensajes allí presentes.

También y como es costumbre, esta edición 105 de Experimenta, de 144 páginas, incluye las secciones Foco –con los 50 años de la creación del sillón POEM–, Deseo y 5Libros, además de una sección Reflexiona con cada vez más páginas y contenido, que incluye textos de Eugenio Vega, Rodrigo Martínez Rodríguez, José Manuel Mateo, Paula Fernández, Pablo Díaz, José Ramón López Gonzalo, y Mónica Cantó Primo. 

Finalmente, a modo de homenaje, publicamos una extensa entrevista inédita realizada por Marcelo Ghio a Jorge Frascara realizada en en los umbrales del año 2000 y que sigue siendo hoy tan vigente como lo era entonces.

Diseñar para el uso es, en definitiva, diseñar para las personas. Y hacerlo eliminando el ruido supone recuperar una de las virtudes más valiosas de nuestra disciplina: la capacidad de mejorar la vida sin necesidad de hacerse notar. Ese es, probablemente, el diseño que más perdura. El que, precisamente porque funciona, deja de reclamar nuestra atención para convertirse, sencillamente, en parte de nosotros.

¡Bienvenidos a Experimenta 105!

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