La columna de Joan Costa en Experimenta

La columna de Eugenio Vega: El infierno de Dante

“Rule, Britannia! Britannia, rule the waves,
Britons never, never, never shall be slaves” 

I

Dante’s Inferno (El infierno de Dante), un telefilme dirigido por Ken Russel, fue estrenado por la primera cadena de la BBC el viernes 22 de diciembre de 1967. Mediante una confusa estructura no lineal, el relato cuenta la difícil relación del pintor prerrafaelita Dante Gabriel Rossetti con la artista y modelo Elizabeth Siddal entre 1849 y 1863.

Desde siempre, el interés por los prerrafaelitas se ha fundamentado en la idea, quizá exagerada, de que impulsaron un movimiento de renovación artística y social frente a la mentalidad hipócrita y mojigata de la Inglaterra victoriana. Su vinculación con William Morris y el Arts & Crafts ha reforzado aún más esta creencia y ha contribuido a ver en ellos un antecedente de las vanguardias del siglo XX.

 Por otra parte, la producción audiovisual de los años sesenta que tenía como asunto la era victoriana buscaba en el pasado una certidumbre que hiciera frente los cambios de una Inglaterra conmocionada por la descomposición del imperio y las reformas iniciadas tras la llegada del laborismo al Gobierno en 1964. Las primeras leyes contra el racismo y a favor de la igualdad de género impulsadas por Harold Wilson provocaron un fuerte rechazo entre los sectores más conservadores. Los vagos recuerdos de la del pasado evocaban, por el contrario, una edad dorada en la que Britania gobernaba el mundo.

La columna de Eugenio Vega: El infierno de Dante
Imagen promocional de Dante’s Inferno en la que aparecen Judith Paris y Oliver Reed. BBC.

Como sucede tantas veces, a pesar de los esfuerzos por ambientar una historia en un tiempo lejano, Dante’s Inferno no puede ocultar que fue rodada en los años sesenta. Recordaba Phyllis Dalton, la responsable de producción de Doctor Zhivago, que en el cine de época todo puede resultar creíble menos los peinados, sobre todo, los femeninos. Poca gente es consciente de que la cinta de David Lean se filmó (principalmente) en Madrid, Soria y Salamanca. Sólo algunos saben que para simular la nieve que rodea la dacha en que Yuri y Larisa viven su romance se usaron lonas de plástico blanco debido a la poca nieve que cayó en España a principios de 1965. Pero cualquiera puede afirmar en que época se hizo la película con solo ver el peinado de Julie Christie (Benson, 1995).

Algo de eso pasa con Dante’s Inferno. Judith Paris, la protagonista, recuerda más a una joven de la época de los Beatles y Peter Blake que a las mujeres de la era victoriana. El Pop Art está tan presente que el pintor Derek Boshier interpreta a John Everett Millais. Además, la película tiende a transmutar situaciones complejas, en ocasiones, indefinibles, para adaptarlas a los gustos del momento.

II

Si algo definió a la hermandad prerrafaelita fueron las peculiares relaciones afectivas de gran parte de sus extravagantes miembros con sus esposas y amantes. Su rechazo a las viejas prácticas artísticas (representadas por Turner y otros artistas de la generación anterior) no trajeron consigo de una nueva manera de entender el papel de la mujer en la vida social. 

John Everett Millais se casó con Effie Gray a quien el ingenuo John Ruskin había repudiado a poco de hacerla su esposa por motivos que produce sonrojo volver a recordar. Tras demostrar su virginidad, Effie Gray pudo contraer matrimonio con Millais con quien llegaría a tener varios hijos. Pero la sociedad victoriana la condenó de por vida por la pusilanimidad de un intelectual malcriado desde niño por su propia familia. La reina Victoria no quiso que Effie asistiera al funeral de su segundo (y verdadero) marido cuando falleció en 1896. Solo gracias a la mediación de la princesa Luisa, hija de la soberana, fue posible que pudiera despedirlo como merecía (Cooper, 2011).

Dante Gabriel Rossetti, que unía a su condición de artista innovador los defectos de la burguesía victoriana a la que pertenecía por derecho propio, trató a Elizabeth Siddal de forma caprichosa e injusta. Fascinado por su belleza, Rossetti intentaba casarse con ella pero Elizabeth se resistía porque era consciente del rechazo de la familia del pintor (especialmente su madre) a que esa relación prosperase y se convirtiera en algo serio. Lizzi, como era conocida por casi todos, había sido descubierta como modelo mientras trabajaba cosiendo sombreros en una tienda de Londres. Su familia, de clase mucho más modesta, vivía apartada de la agitación bohemia de la que se alimentaban los pintores prerrafaelitas.

La columna de Eugenio Vega: El infierno de Dante
La familia Rossetti hacia 1863. De izquierda a derecha, Dante Gabriel, su hermana Christina, su madre, Frances Mary Lavinia Rossetti, y su hermano William Michael. Fotografía de Lewis Carroll. National Portrait Gallery.

Lizzi era, además, una artista notable que dejó tras de sí una serie de dibujos y pinturas, hoy casi olvidadas, pero de indiscutible interés. Ni siquiera los pintores que conocían su obra consideraron que una mujer de su posición mereciera mayor reconocimiento.

Tras conocer a Rossetii, posó para otros artistas de la hermandad prerrafaelita en obras muy conocidas. La más famosa de todas ellas fue, sin duda, Ophelia de John Everett Millais. La pintura representa al personaje femenino del Hamlet shakesperiano que se ahoga tras caer de un sauce (Shakespeare, 1959). Millais dedicó mucho tiempo a copiar del natural las formas vegetales que tanta presencia tienen en el cuadro. Pero, para pintar la figura, hizo que Lizzi flotara vestida en una bañera llena de agua simulando su ahogamiento. A fin de hacer más llevadera la situación de la modelo, el pintor colocó unas velas debajo de la pila para calentar el agua. Pero, cuando estas se apagaron, el frío llegó de manera irremediable al cuerpo de la joven sin que Millais se diera cuenta, tan concentrado como estaba en su (extraordinaria) obra. Lo peor es que, tras ese incidente, Elizabeth enfermó seriamente y, aunque llegó a recuperarse, las secuelas afectaron para siempre a su delicada salud.

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John Everett Millais. Ophelia, óleo sobre lienzo, 76 x 112 cm. 1852. Tate Britain, Londres.

En 1860, Lizzi Sidall y Dante Gabriel Rossetti contrajeron finalmente matrimonio en una ceremonia a la que no acudió ningún familiar. A partir de ese momento, su salud empeoró definitivamente por lo que, para calmar sus dolencias, empezó a consumir láudano, una sustancia que le produjo una fuerte dependencia. Aunque viajaron a Francia en busca de un clima más benigno donde reponerse, no mostró mejoría. Para colmo de males, dio a luz a una niña que nació muerta. Cuando falleció en 1863, muchos pensaron que se había suicidado y afirmaban que su marido había destruido una nota en la que ella daba a entender esa posibilidad. Fue enterrada junto con unos poemas que Rossetti había escrito para ella.

Pero, con el paso del tiempo, y temeroso de que el deterioro de su visión fuese a mayores, Rossetti exhumó el cuerpo de su difunta esposa para recuperar los papeles con los que fue sepultada. En 1870 publicó un libro que fue objeto de una severa crítica: uno de los poemas, Nuptial Sleep (Sueño nupcial), describía a una pareja que quedaba dormida después de hacer el amor (Rossetti, 1870, 193). Para los ambientes literarios de entonces no era otra cosa que un pernicioso ejercicio de literatura pornográfica que ofendía la moral por su erotismo y declarada sensualidad.

III 

Ni Effie Gray ni Elizabbeth Siddal gozaron de la aprobación de la sociedad victoriana. Tampoco la mujer de William Morris encajaba en las estrechas pautas de conducta que caracterizaron aquellos tiempos que parecían eternos. Con el siglo XX, llegaría el lento declive del imperio británico. Britania terminaría siendo un mito del pasado, una nación inconsciente que despertó de un profundo sueño cuando Estados Unidos le recordó las deudas contraídas por la ayuda recibida durante la guerra. Pero la era victoriana fue siempre la referencia para la construcción de esa comunidad imaginada que era el nuevo Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte. El recuerdo de su esplendoroso pasado parecía ocultar las disputas entre clases bajo un orden que parecía inmutable. 

En cierto modo, Dante’s Inferno, al igual que Civilisation de Kenneth Clark (1969) o Upstairs, Downstairs (Arriba y abajo, 1971) alimentaron la nostalgia de un tiempo que nunca habría de volver y que, tal vez, ni siquiera existió. Las convulsiones sociales de los años sesenta y las crisis económicas de la siguiente década, hicieron inevitable el retorno emocional a un pasado reinventado por las obras de ficción que contribuyó a la llegada de Margaret Thatcher al poder.

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La casa familiar de la familia Rossetti en una inquietante fotografía tomada en 1908, cuando la calle había cambiado ya su antigua denominación de Charlotte Street por la de Hallam Street. Imagen de autoria desconocida.

IV

En el último episodio de la tercera temporada de Upstairs, Downstairs, emitido en enero de 1974, los guionistas ponen en boca de uno de los protagonistas, una sincera declaración de desconsuelo. Mientras los londinenses celebran el inicio de la Primera Guerra Mundial con una alegría desbordante, Richard Bellamy, diputado conservador en la Cámara de los comunes, comenta que toda esa exaltación “no es otra más que el fin de ese agradable orden de cosas que he conocido, vivido y amado” (Hawkesworth, 1973). Bellamy era consciente de ser un arcaísmo andante en un mundo que se enfrentaba sin saberlo a las grandes tragedias del siglo XX (Freedman, 1990, 85), una reliquia victoriana que aún veía con esperanza los ideales regeneracionistas del Arts & Crafts. 

En julio de 1914, Edward Grey, ministro de Asuntos Exteriores del Reino Unido, dejó una frase para la posteridad que ha permitido olvidar su discreta carrera política y que resume el final de una era llena de contradicciones: “Las luces se apagan en toda Europa; no volveremos a verlas de nuevo encendidas en lo que nos queda de vida” (Edward Grey, 1914).

Referencias

Cooper, Suzanne (2011) Effie: The Passionate Lives of Effie Gray, John Ruskin and John Everett Millais. Nueva York, St Martin Press.

Benson, Scott (1995) Doctor Zhivago, The Making of a Russian Epic. Turner Home Video.

Freedmann, Carl (1990) “England as Ideology: From Upstairs, Downstairs to A Room with a View”, en Cultural Critique.

Grey, Edward (1929) Twenty Five Years, 1892-1916. Nueva York. Frederic A. Stores Company.

Hawkesworth, John (1973) “The Sudden Storm”, en Upstairs, Downstairs. London Weekend Television.

Hilton, Timothy (1970) The Pre-Raphaelites. Londres, Thames & Hudson.

Laxton, Richard (2014) Effie Gray. Sovereign Films.

Rossetti, Christina Georgina (1908) The Family Letters, with some supplementary Letters and Appendices. Londres, Brown, Langham & Co.

Rossetti, Dante Gabriel (1870) Poems. Londres, F. S. Ellis.

Ruskin, John (1851) Pre-Raphaelitism, edición publicada por The Knickerbocker Press, 1891.

Russel, Ken (1967) Dante’s Inferno: The Private Life of Dante Gabriel Rossetti, Poet and Painter, BBC.

Shakespeare, William. (1959) Hamlet. Cambridge University Press (edición de John Dover Wilson).

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