La columna de Emilio Gil en Experimenta. Hoy:

La mano y la interfaz

La comunicación entre un ser humano y un ordenador se realiza por medio de una interfaz. El proceso natural creativo analógico es vista, cerebro y mano. 

El ordenador como instrumento conceptual no es muy útil. No es idóneo para generar ideas. No hay nada más poderoso para pensar, reflexionar y crear que la vista, el cerebro y las manos. Cuando comienza el proceso creativo, un diseñador traslada su pensamiento a un primer boceto, aunque este todavía sea borroso. En la secuencia el cerebro va avanzando y ese pensamiento se convierte en otro boceto más definido y, aunque pudiera parecer lo contrario, el que se mantenga todavía borroso no es algo negativo. Pueden necesitarse una serie de soluciones intermedias que avanzan en una dirección pero que todavía no han llegado a la solución definitiva.

El ordenador cristaliza las ideas de forma excesivamente definida. El instrumento propicia la precisión: dibuja una forma o aplica un color, incluso antes de poder entrar en una dialéctica creativa. Tan pronto se arranca trabajando con el ordenador ya hay que hacerlo de forma precisa antes incluso de poder mantenerse en un proceso dialéctico que es algo connatural a la especie humana. Tenemos la idea de que el lugar del aprendizaje está en la cabeza pero no es así, está en todo el cuerpo. 

Conviene reflexionar en la separación entre causa y efecto. Cuando dibujamos con las manos una línea hay una relación causal directa. Algo que no ocurre al utilizar una interfaz digital en el que la mano actúa, pero de una manera diferente a cuando utilizamos un instrumento de escritura o dibujo. Cuando se oprime un botón y aparece un tipo de letra determinado o se cambia el color de algo, se produce un resultado sobre el que no se ha profundizado lo suficiente precisamente por la facilidad de la herramienta con la que se trabaja. Las posibilidades tecnológicas eliminan el sentido de un universo estable: si haces esto sucede aquello y para el ser humano es conveniente comprender la relación entre la causa y el efecto, algo que se produce de forma inmediata cuando trabajamos con la mano: la mejor interfaz posible.

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