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Miniaturización: operaciones del diseño

El diseño de productos, en su afán y tarea de desarrollar objetos que permitan digerir los avances tecnológicos, ha sido seducido frecuentemente por una de las ‘operaciones del diseño’ más conocidas: la miniaturización

Este fenómeno modificador de la morfología de los objetos fue muy evidente en el paso de los productos electro-mecánicos a mecanismos que incluían sistemas electro-electrónicos. Las superficies de interacción con aparatos de esa primera generación estaban conectadas física y visualmente con su principio de funcionamiento. Cuando la electrónica toma el mando en estos principios, las áreas de contacto, manejo y control, ya no responden a la fuente principal de la operación. De allí, vimos durante mucho tiempo como el espacio de trabajo de los diseñadores de producto pasó del diseño de una superficie conectada con el funcionamiento, a una topografía que debería permitir la operación de los sistemas, pero huérfana de alguna pista para su forma final. Se modificaron las estrategias formales en el desarrollo de los productos.
 


Casio Serie WR, 1982. / Timex 80, 2009.

Con la miniaturización, este proceso parece regresar a ese estado inicial, donde la superficie está cada vez más cerca del mecanismo. Pero esta vez a un dispositivo que, de forma casi invisible, ejecuta operaciones que no tienen una conexión analógica con su principio de funcionamiento y si con la operación que realiza. Con la secuencia de las tareas, con las funciones. Estas interfaces en los objetos electrónicos han tenido que ser diseñadas con el concepto de uso y manipulación como principal recurso para la configuración de la forma y con el uso de otras estrategias que permitan hacer lecturas de su morfología. Que permitan la comprensión de los relatos de estos nuevos artefactos.

Pero esta operación de compresión de la piel de los objetos y de sus partes tiene un límite posible: el cuerpo humano. Las capacidades físicas de las personas, en todos sus sentidos, imposibilitan que este fenómeno lleve los productos a niveles de baja lectura y de incapacidad de operación. Así veíamos a finales de la década del setenta y principio de los ochenta la aparición de pequeñas calculadoras como parte de las prestaciones en relojes de pulsera. La única satisfacción que se podía tener era esa posibilidad de contar con una calculadora miniatura, en el mejor estilo de agentes de espionaje, pero que en realidad solamente podían ser utilizadas eficientemente con el uso de un lápiz o algún objeto puntiagudo, lo que producía un maltrato evidente en los botones.

La industria japonesa invadió los mercados con productos que tenían esta nueva función en un objeto tradicional y de uso personal. David Galbraith documenta 15 clásicos de relojes con esas características, como una colección de objetos con malas interfaces de usuario.

Por un lado, estábamos en presencia del auge en la industrialización de productos y en la globalización de los mercados. Productos que pusieron en crisis la industria de relojería tradicional, por los volúmenes de producción y la movilización de los stocks. De esta manera, comenzaron a ofrecer a las personas nuevas funciones, nuevos productos en mercados conocidos.

A mediados de los ochenta, y probablemente con mucha influencia del movimiento postmoderno, aparece la idea de convertir los objetos en espacios de exploración de otros placeres en el uso de los productos. Los minúsculos botones de esos objetos miniatura fueron sustituidos por otros grandes y visibles, y muchas veces con formas toscas o formalmente inesperadas. Con un espíritu funcional, aunque formalmente irreverente, Ettore Sottsass diseña la muy famosa Calculadora Columbia.


Calculadora Columbia diseñada por Ettore Sottsas en 1982.

También, en 1987 la empresa alemana Braun coloca en el mercado la Pocket Calculator ET66, diseñada por Dieter Rams y Dietrich Lubs, un modelo que reivindicaba la función primaria del trabajo numérico en un objeto limpio, sencillo de comprender, de botones grandes y simples de usar. Este producto fue el rediseño de la serie que comenzó con el modelo ET22 desarrollado por el mismo equipo de Braun en 1976.


Pocket Calculator, Braun ET66, 1987.

Estos dos últimos ejemplos son hoy íconos del diseño de una época. La ET66 es probablemente uno de los productos más copiados en todo el planeta.

Muchos otros ejemplos de objetos han sido el foco de este proceso. Actualmente, esa miniaturización de las interfaces ha tomado al menos dos caminos completamente diferentes. Por un lado, y en un sentido estrictamente funcional, estas interfaces compartes los recursos de manipulación con espacios de interacción digital. Nuevas formas de interacción que replantean los límites físicos del cuerpo y sus posibilidades. Algunas veces con operaciones cíclicas en el uso de las metáforas, como en este ejemplo de la calculadora de Apple.


Calculadora usada actualmente por los sistemas OS de Apple.

Por otra parte, se colocan en el mercado objetos de culto que ciertamente tienen grandes seguidores. Objetos que se venden con etiquetas de vintage, pero que en algún momento representaron los verdaderos gadgets.


Casio DataBank DBC-32D. Objeto de culto. 2008. 

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