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Anida: refugio de mar de la diseñadora Carolina Valencia

Conocer a la diseñadora y artista Carolina Valencia, me permitió afirmar que en adelante sus proyectos tenían que ser así, tenía que ser este: un refugio de mar, afectado por el simbolismo del caracol. Y explico por qué: el tema del penetrable y de la instalación con “productos de mar”, ya eran parte de su bagaje de cuando realizó sus estudios de Artes Plásticas en su Colombia natal. Pero además –en algunos de los cursos de su maestría en diseño en que fui su profesor–, realizó una profunda investigación de lo que para ella representa la línea curva, en la flora y fauna de la naturaleza, en la geografía terrestre, costas, ríos, nubes, pero también en los territorios de la morfología humana; lo hizo también revisando los trazos de su gráfica tan ataviada de estos caracteres y simbolismos.

En dicho trabajo pacientemente documentado, observé su particular rasgo en el juego de la curva y la contracurva sugerentes de sensualidad, de la suavidad del pétalo de la rosa; sin abandonar la idea de “trans/curso” o “prosesualidad” de sus proyectos, connotados además de signo de refugio, de nido, de copa del árbol protector. En ella, ese juego dinámico establece o traspone el concepto de interior-exterior de la línea que fluye, que no se queda jamás quieta buscando poros por donde alcanzar nuevos bordes. Fue, es, y será siempre acogedor, de una naturaleza amparadora ante las (in)clemencias de la vida.

 

Proceso de diseño observando la morfología del caracol rosa del Caribe, fotografías cortesía de la diseñadora.

Ojeada a su arte
En las exposiciones que he comisariado y en las cuales su trabajo artístico fue componente del “corpus” de las muestras, Carolina involucra el simbolismo de la rosa, con su fuerte trazo de la curva que va componiendo el espacio y brindando sentido a través del color, de los grafismos tan característicos suyos, y no ha faltado en sus acciones la presencia de su propia imagen “(des)ataviándose” quizás de la máscara o del maquillaje, que repito, la ampara ante tantas miradas que se posan en su indumento personal.


La propuesta Anida: refugio de mar, instalado en la playa, fotografías cortesía de la diseñadora.

El proceso Anida
La investigación que la llevó a madurar este proyecto es consistente, iniciada con dibujos, modelos, análisis topológicos y estructurales de la forma del caracol rosa proveniente del Caribe. Pero el paso de escala marcaba nuevos desafíos, estudiar la estructura (des)armable, las articulaciones, catar materiales cobertores que inspiraran ese sentido de transparencia y tersura, de piel de rosa pero a la vez coraza del caracol. Pues además, este es un proyecto que estudia el espacio y las relaciones entre el paisaje y el objeto, que se colocará en una playa sin agredir la concordancia biótica del entorno.

 
En la imagen la diseñadora Carolina Valencia anidando con su hijita Daniela, fotografías cortesía de la diseñadora.

Su vida y profesión
Colombiana de nacimiento y nacionalizada costarricense por corazón, desde hace unos diez años Carolina Valencia conforma el cuerpo docente de la Facultad de Diseño, Universidad Veritas, Costa Rica, donde obtuvo su Maestría en Estudios Teóricos del Diseño; además de ser una activa artista y diseñadora.


La propuesta busca la transparencia y textura de los materiales, pero también la limpieza y minimalismo en el tratmiento de la forma y del lenguaje; fotografías cortesía de la diseñadora.

Anida caracol
El concepto de “casa caracol”, que se lleva a cuestas, no es acaso el mismo que presentó en aquella muestra sobre lo íntimo, que expusimos en el Centro Cultural de México: era una valija que llevaba dentro su vida, la bitácora de su existencia –como artista y diseñadora–, contenedor que al abrirse dejaba ver los elementos que ella ama y con los cuales construye toda su manera de expresión; pero lo hace siempre entre velos, entre luces y transparencias, que son los componentes de su lenguaje tales como el recurso de la suavidad, el simbolismo de la sensualidad, pero en todos ellos es inminente el discurso del gran útero del mundo, que se penetra para encontrar bien/estar.
Evoco su instalación en la muestra Megafotografía 2009, Galería Nacional comisariada por Luis Chacón, en que creó un espacio para amparar el tronco de un árbol de “Roble de sábana” talado groseramente cuyas flores ella pasaba recogiendo y que fusionó –con el recurso de la fotografía intervenida con trazos– a su cuerpo expresando el concepto de la mujer-árbol.


La diseñadora Carolina Valencia, autora de Anida: refugio de mar; fotografías cortesía de la diseñadora.

La diferencia de este, con sus proyectos anteriores, es que el rojo transmutó en blanco, y que la forma o estructura del refugio es (des)armable y (trans)portable agregando su dosis de procesualidad, del fruto encontrado en el camino que siempre será distinto dependiendo del entorno donde sea instalado.

Vuelven a estar presentes sus aromas de rosa, sus texturas de esas arenas doradas o pardas costeñas, con transparencias de luz blanca, nítida, inmaculada, que estimulan nuestro espíritu sediento de paz, e inyectan nuestro “ánima motus” importante para el equilibrio de la psique tan atacada hoy día por la conmoción de vivir en la ciudad actual, y por ello se busca el mar, se busca el caracol, se buscan los perfumes de la naturaleza; como volver a anidar en el gran vientre materno –imaginario de esta artista-diseñador–, que nos devolvería renovados.

Imagen gráfica de la estructura que consta de piezas metálicas modulares, componibles y (des)armables. 

Luis Fernando Quirós, enero 2011

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