La columna de Joan Costa en Experimenta

La columna de Eugenio Vega: El mayor de los milagros se produce ante mis ojos

“Cuando veo las transmisiones televisivas, tengo la impresión de que el mayor de los milagros se produce ante mis ojos, algo que hará que no pueda olvidar nunca lo extraño que es este mundo” (James Ramsay MacDonald, primer ministro del Reino Unido, 1930).

I

Hace algo más de medio siglo comenzaron en España las emisiones regulares de televisión en color a pesar de que el Gobierno nunca llegó a publicar el decreto (redactado en 1969) por el que adoptaba el sistema PAL de Telefunken. La industria llevaba años presionando a la Administración para que ayudase a un mercado que daba signos de estancamiento porque el número de televisores en blanco y negro difícilmente iba a crecer más. Era necesario crear nuevas necesidades de consumo mediante una tecnología innovadora que, por otra parte, habían adoptado ya varios países europeos.

El primer acontecimiento deportivo producido en color por Televisión Española (y emitido a toda Europa) fue el partido de vuelta de semifinales de la Copa de Europa de Fútbol que disputaron el Real Madrid y el Ajax de Ámsterdam en el estadio Santiago Bernabéu el miércoles 25 de abril de 1973. Visto el partido medio siglo después, cabe señalar dos hechos relevantes: el primero de ellos, la pobreza del juego del Ajax (a pesar de Johan Cruyff), demasiado llamativa como para que un equipo así pudiera ganar tres Copas de Europa, una detrás de otra; el segundo, la advertencia que al inicio del encuentro hacía el locutor, Juan Antonio Fernández Abajo, señalando la cortesía del Ajax que había renunciado a su equipación habitual: sus jugadores lucirían camiseta y pantalón rojo para no ser confundidos con los del Real Madrid en las pantallas de los televisores.

En aquellos tiempos de transición tecnológica, la producción televisiva desarrolló un concepto, el de la doble compatibilidad, para tranquilizar a la audiencia que seguía pegada a las viejas pantallas monocromáticas (Hurrell, 1973). Las emisiones en color debían poder verse en receptores en blanco y negro, y las emisiones en blanco y negro debían ser igualmente visibles en los nuevos televisores en color. La compasión con los televidentes era obligada porque el precio de la nueva tecnología era inalcanzable para la mayoría de la gente, por mucho que se vieran presionados por la industria y su publicidad, no podían comprar un televisor en color ni en el mejor de sus sueños. En 1975 no había más de 50.000 receptores PAL en toda España, y gran parte de ellos estaban instalados en bares y cafeterías.

La columna de Eugenio Vega: El mayor de los milagros se produce ante mis ojos
Carta de ajuste para sistemas de televisión en color PAL. Ebnz (CC BY-SA 3.0).

II

 Esta situación de convivencia civilizada duró hasta que en los años noventa desapareció la banda de VHF para las emisiones convencionales al tiempo que algunas plataformas (Canal Satélite Digital y Vía Digital) comenzaron a emitir con tecnología numérica a través de satélite. Sin embargo, esas emisiones vivían en un mundo aparte (el de la televisión de pago) que poco tenía que ver con esa otra televisión que ocupaba la atención de la gran mayoría de los espectadores más de tres horas al día. 

El verdadero cambio llegaría con una tecnología digital que no necesitaba de satélites para su existencia. La TDT, la televisión digital terrestre había hecho su primera aparición en 1999, durante la primera legislatura de Aznar, con el objetivo (como siempre) de reanimar el consumo. Sin embargo, las iniciativas que surgieron al amparo de ese marco normativo (Quiero TV, Veo Televisión) no llegaron a captar suficientes espectadores como para sobrevivir dignamente. 

El gran cambio del ecosistema televisivo se produciría en 2005: el Gobierno socialista concedió a La Sexta el permiso de emisión, permitió que Canal Plus se convirtiera en Cuatro (un canal en abierto), comenzó a retirar la publicidad de Televisión Española y dio un impulso definitivo a la TDT. Como parece lógico, el objetivo de estos nobles propósitos era activar el mercado (dejando casi toda la publicidad para las cadenas privadas) y atender las demandas de numerosas empresas de comunicación que no tenían canales de televisión que llevarse a la boca. 

En pocos meses, el Gobierno vio cómo se incrementaba la venta de decodificadores y de receptores digitales y de qué manera la TDT permitía dar (pequeñas o grandes) satisfacciones a un número creciente de operadores que deseaban tener una licencia de emisión. Todos pensaban que una cadena de televisión seguía siendo (como en el pasado) la gallina de los huevos de oro. El entusiasmo por esta sincera labor de regeneración nacional llevó a la Administración en 2007 a adelantar el apagón analógico (previsto inicialmente para 2012) al mes de abril de 2010, en plena Semana Santa. Como cabía esperar, durante un tiempo, la venta de receptores digitales dio un respiro al mercado, pero la crisis económica hizo que el cuerno de la abundancia no impulsara con la necesaria intensidad esa creación de riqueza digital que el país esperaba como agua de mayo. 

Lo que si sabemos es que ninguna de esas medidas contribuyó a mejorar la calidad de los programas pues si era difícil crear contenidos interesantes para los pocos canales que había hasta entonces, más difícil sería hacerlo para un mayor número de operadores. 

III

Tras el apagón analógico la tecnología de los receptores hubo de vincularse necesariamente a la de otros dispositivos (ordenadores, teléfonos y similares) que vivían sometidos a un proceso de obsolescencia tecnológica muy intenso. La mejora de las redes digitales permitió que la transmisión audiovisual en Internet pudiera competir con las emisiones de televisión hasta el punto de ocupar un espacio creciente en las preferencias de los espectadores. Netflix, Amazon, HBO, Apple TV, MoviStar Plus, Flixolé y muchas otras plataformas parecidas comenzaron a proporcionar contenidos de un modo que nada tenía que ver con los viejos y rígidos esquemas horarios de la televisión convencional. Cada quien vería lo que quisiera, cuando quisiera y donde le pareciera más conveniente. En consecuencia, el contenido audiovisual, lo que antes llamábamos televisión, dejó de ser el elemento de integración que había caracterizado la vida social en el último tercio del siglo pasado. 

Además, la gente joven (la esperanza del mañana) se fue alejando de los televisores para poner sus ojos (y su devoción) en todo aquello que podía ver en sus tablets y smartphones, sobre todo si era de manera gratuita. La frontera entre los contenidos de alta calidad y los disparates sin sentido se fue haciendo cada vez más difusa, un síntoma más de la decadencia de una civilización que se aproxima al abismo. No hay que olvidar que el primer video subido a YouTube en abril de 2005 (Me at the Zoo) recoge en sus escasos diecinueve segundos la visita de un joven a un parque zoológico;  un acontecimiento de tal trascendencia ha llegado a tener más de 270 millones de visitas aunque, comparado con otros vídeos posteriores, esa cifra no es nada del otro mundo (Heffernan, 2009). 

La diferencia fundamental entre aquellos tiempos en que Televisión Española empezó a emitir en color y los que ahora vivimos no está solo en la rapidez de los cambios tecnológicos y en las nuevas formas de consumo audiovisual, sino en la dificultad de la propia sociedad para asumir esas transformaciones y darles verdadero sentido. Los avances tecnológicos, que hacen posible la existencia de una industria en expansión, son el principal motor de la transformación de los medios y dejan en un segundo plano el interés por lo que difunden. Si algo puede hacerse, ese algo se convertirá en contenido audiovisual y dará sentido a alguna forma de intercambio económico.

La columna de Eugenio Vega: El mayor de los milagros se produce ante mis ojos
La aviadora Paddy Naismith durante una emisión en pruebas del sistema de color de John Logie Baird. Fotogafía de autor desconocido, 1941.

IV

En 2024 se cumplirá el primer centenario de la televisión. Habrán pasado cien años desde que John Logie Baird fuera capaz de transmitir la imagen de una persona de una habitación donde estaba una cámara a otra donde había un receptor. Algo más tarde, en 1941, su rudimentario sistema llegó incluso a emitir imágenes en color aunque fueran inestables y poco definidas (Baird, 2004, 142). Bien es cierto que su tecnología fue en pocos años superada por la de otras compañías y que pasó tiempo hasta que esos artefactos llamados televisores consiguieron difundir algo que tuviera interés para la audiencia. Pero Baird llegó muy lejos con lo poco que tenía a su alcance.

Los aparatos de televisión, que siguen ocupando su sitio en los salones de nuestras casas, han dejado de ser importantes como lo eran hace unas décadas. El mundo es distinto, las costumbres son otras, pero lo que vemos en las pantallas no es mucho mejor que lo que veíamos hace medio siglo, a pesar del inmenso desarrollo tecnológico que se ha producido en los últimos tiempos.

Referencias

Anson, Rafael et al. (1976) Anuario RTVE. Servicio de Publicaciones de Radiotelevisión Española.

Baird, John Logie (2004) Television and Me. The Memoirs of John Logie Baird. Ediimburgo, Mercat Press.

Dans, Enrique (2009) “YouTube no es lo que parece”, en enriquedans.com

Díaz, Lorenzo (2006) Cincuenta años de Televisión Española. Madrid, Alianza Editorial, TVE.

Heffernan, Virginia (2009) “Uploading the Avant Garde”, en The New York Times, 3 de septiembre.

Hurrell, Ron (1973) Television Graphics. Londres, Thames & Hudson.

Monzó, Roger (2015) “La evolución de las retransmisiones deportivas en televisión a través de las nuevas tecnologías: el fútbol como paradigma en España”, en Fonseca, Journal of Communication, 10(10).

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