La columna de Joan Costa en Experimenta

La columna de Eugenio Vega: Historias de (la Futura) Filadelfia

Una dalia cuidaba Sevilla
en el parque de los Montpensier
Ataviada de blanca mantilla
parecía una rosa de té
Romance de la Reina Mercedes (Quintero, León y Quiroga, 1948)

I

Hace casi diez años, un importante diseñador (cuyo nombre no consigo recordar) se quejaba, tras impartir una conferencia, del poco apoyo de las instituciones públicas al diseño y de las consecuencias de ese desinterés para la imagen del país.

Puso dos ejemplos que le parecían relevantes: el primero, la gráfica (lamentable) de los vehículos de la Policía Nacional, obra de un enemigo declarado de la tipografía, de la heráldica y del sentido común; el segundo, la vestimenta de la selección de baloncesto, de aspecto tan pobre que no podía compararse con nada parecido: “en la NBA, los equipos cuidan al detalle el diseño de la ropa, ¡hasta Philadelphia lleva mejores camisetas que la selección española!”, añadió refiriéndose a los Sixers, un equipo, por entonces, perdido en medio de la tabla en la Conferencia Este. 

Como a muchos (diseñadores y aficionados), le parecía incomprensible el “torpe aliño indumentario” con que la selección se movía por esos mundos de Dios en el siglo XXI, y no le faltaba razón. No era extraño ver a los jugadores vestidos de trapillo en otros tiempos, cuando los fracasos eran tan frecuentes, pero no parecía que el equipo formado en torno a Pau Gasol se subiera al podio de tantos torneos con una vestimenta que más parecía la del OAR de Ferrol cuando descendió a Primera B.

Sin embargo, en 2011, en la final del Eurobasket, la selección sacó de la pista a aquel equipo repleto de atletas que era la Francia de Parker y Diaw. Por extraño que parezca, de nada les sirvió a los jugadores franceses saltar a la pista con el nombre de su país compuesto en Futura (la escritura de las grandes ocasiones). A pesar del efecto benéfico que, en todos los órdenes, produce una adecuada elección tipográfica, los jugadores de Vicent Collet volvieron a perder con España.

II

El prestigio de la Futura es innegable. No en vano, los tripulantes del Apolo 11 dejaron en la superficie lunar, una placa, compuesta en la letra diseñada por Paul Renner con un mensaje de buena voluntad para los extraterrestres que visitaran aquel desolado paraje con motivo de sus merecidas vacaciones:

“Los seres humanos del planeta Tierra pusieron su pie en la Luna por vez primera en julio del año 1969 después de Cristo. Venimos en son de paz en nombre de toda la humanidad” (NASA, 2019).

Sabido es que los selenitas (de cualquier edad y condición) no soportan el descuido tipográfico por lo que no podía dejarse al azar la composición de tan importantes textos. Además, era obligado elegir una tipografía, ajena a todo ornamento, que expresara el espíritu de la modernidad que caracterizó (para su desgracia) al siglo XX.

Según Wolfgang A. Hartmann, antiguo gerente de la fundición catalana Neufville, la Futura que finalmente utilizó la NASA debía tener su origen en Barcelona:

“La placa que los astronautas Armstrong, Aldrin y Collins habían depositado en la superficie lunar, en conmemoración del acontecimiento, llevaba un texto para el que se había utilizado el tipo Futura. Este tipo fundido en plomo se había exportado a Estados Unidos exclusivamente por Neufville, desde la última contienda mundial, por lo que llegamos a la conclusión de que el centro espacial de la NASA había escogido justamente nuestro tipo para documentar la primera visita a un planeta (sic) extraterrestre” (Hartmann, 2000, XVIII).

Enterados de tan importante suceso, Franco y el príncipe Juan Carlos convocaron en audiencia a los directivos de Neufville para que les hicieran entrega de sendas réplicas de la famosa placa en un entrañable acto (Hartmann, 2000, XIX). 

Por otra parte, las siguientes expediciones colocaron un rótulo parecido con mensajes tan poco comprometidos como el de la primera ocasión. En la de 1972, la última de las misiones tripuladas, podía leerse el siguiente mensaje: 

“El ser humano completó sus primeras exploraciones de la Luna en diciembre del año 1972 después de Cristo. Que el espíritu de paz con el que llegamos se refleje en la vida de toda la humanidad” (Harriss, 2017).

III

Jugadores de la selección española de waterpolo (vestidos con sus mejores galas) en los momentos previos a un encuentro contra Gran Bretaña durante los Juegos Olímpicos de Londres, jueves 2 de agosto de 2012. Fotografía de Adam Russell, Creative Commons CC BY-SA 2.0.
Jugadores de la selección española de waterpolo (vestidos con sus mejores galas) en los momentos previos a un encuentro contra Gran Bretaña durante los Juegos Olímpicos de Londres, jueves 2 de agosto de 2012. Fotografía de Adam Russell, Creative Commons CC BY-SA 2.0.

Aunque la vestimenta con la que la selección española afrontó la final del Eurobasket de 2011 era tan poco atractiva que no parecía posible caer más bajo, lo que sucedió el verano siguiente dejó claro que cualquier cosa puede empeorar. Con motivo de los Juegos de Londres, el equipo olímpico del Reino de España acudió a convocatoria tan histórica ataviado de la manera más estrafalaria. Alguien tuvo la brillante idea de coser un ornamento amarillo salido de un muestrario de William Morris & Co. sobre un capote de Juan Belmonte. Fue inevitable (dado el carácter peninsular tan dado a la broma) que se hicieran comentarios, a veces crueles, sobre aquel disparate.

Para colmo de males, el azar (por decirlo de algún modo, dado el sistema de competición) quiso que España y Francia se volvieran a enfrentar en la eliminatoria de cuartos de final del torneo con parecido resultado, pero con peor ambiente. Probablemente, el hecho de que los franceses no hubieran rotulado con Futura sus camisetas fue causa, no solo de su derrota, sino de que el partido terminase como el rosario de la aurora con Batum sancionado por una agresión flagrante a Navarro. 

Dos días después, España jugó (y perdió) la final contra Estados Unidos. En una entrevista para una televisión norteamericana, Gasol aparecía vestido con la indumentaria del equipo olímpico, añadiendo una nota de color a la decepción del momento.

IV

Aunque el diseño no resuelve ciertos problemas, es un instrumento esencial para explicar los cambios y señalar el camino que conduce a ellos. Pero, los equipos renuevan su vestimenta, no solo para mostrar su voluntad de mejora, sino porque la venta de camisetas es un negocio importante. Hasta tal punto es así, que los ingresos generados por la imagen de los deportistas supera con creces los proporcionados por el negocio estrictamente deportivo. David Beckham ganaba en su años en el Real Madrid unos cien millones de euros al año, pero sólo una décima parte correspondía a su salario; el resto llegaba del patrocinio de las marcas comerciales y también de la venta de camisetas, aunque su demanda no se correspondiera con la incidencia del jugador inglés en el terreno de juego (Torres, 2006). 

Con los años, Philadelphia  no solo siguió mejorando su imagen y su vestimenta, también llegó a su plantilla Joel Embid para que los aficionados pudieran soñar con algo más que perder en la primera ronda de los playoffs. Cuando, en 2019, se enfrentaron a Toronto Raptors (We the North), otro equipo en ascenso, parecía que lo tenían todo para hacer algo histórico: sus camisetas con la expresión Phila en la parte frontal, eran señal inequívoca de un futuro promisorio. Pero el cántaro se rompió en cuanto llegó a la fuente. No se sabe cómo, en el último segundo del séptimo partido contra Toronto, Kawhi Leonard consiguió hacer un tiro desesperado desde la esquina que dejó el balón dando vueltas sobre el aro antes de que entrara, eliminara a los Sixers y dejase a los aficionados completamente desconcertados.

Dicen algunos que, al final del encuentro, pudo verse a Marc Gasol dando ánimos a Embid; otros, en cambio afirman que le decía, simplemente, que el hábito no hace al monje, ni siquiera en algo tan banal como el deporte.

Referencias

Hartmann, Wolfgang A. (2000) Prólogo en Burke, Christopher. Paul Renner, maestro tipógrafo. Valencia, Campgraphic.

Harriss, Kathryn. (2017) ‘Peace and hope for all mankind’: the stellar legacy of the last moon landing, en The Conversation, 24 de enero de 2017.

NASA Administration. (2019) July 20, 1969: One Giant Leap For Mankind.

Torres, Diego. (2006) “Los miedos de Beckham” en El País, martes 19 de septiembre de 2006.

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