La noticia del fallecimiento de José María Cruz Novillo marca un punto de inflexión en la historia del diseño en España. Con él desaparece no solo uno de los grandes pioneros de la disciplina, sino también una de las mentes más lúcidas y coherentes a la hora de entender el diseño como sistema, lenguaje y construcción cultural.
Hablar de Cruz Novillo es hablar, en gran medida, de cómo se ha construido el imaginario visual contemporáneo en España.
Un diseñador que estructuró la mirada colectiva
Nacido en Cuenca en 1936, Cruz Novillo desarrolló su carrera en un momento en el que el diseño, tal como hoy lo entendemos, apenas estaba configurado como profesión. Su decisión en 1965 de abandonar Publicidad Clarín —donde era director creativo— para fundar su propio estudio no fue solo un paso empresarial: fue un gesto fundacional.
Desde ese momento, su trabajo se convirtió en una referencia imprescindible para entender la identidad visual de instituciones públicas y privadas en España. Su firma está detrás de algunos de los símbolos más reconocibles del país, como Correos, PSOE, el periódico El Mundo, Renfe, Repsol, el Tesoro Público o la cadena COPE, entre muchos otros. Y también del escudo y la bandera de la Comunidad de Madrid.
Lo notable no es solo la cantidad, sino la permanencia: muchos de estos signos siguen vigentes décadas después, demostrando una cualidad esencial en su trabajo: la capacidad de trascender modas para instalarse en la memoria colectiva.
“Llevo 60 años siguiendo el mismo procedimiento: primero pensar y luego dibujar. Nunca dibujes sin tener la idea en la cabeza o en el corazón. La operación creativa o creadora es inventar el sistema, no la ejecución del resultado final. Me ha interesado siempre la creación de lenguajes. Me interesan los elementos susceptibles de serializarse o de combinarse.”

Diseño como sistema: rigor, síntesis y tiempo
Cruz Novillo no entendía el diseño como un ejercicio formal aislado, sino como un sistema de significación. Su obra, caracterizada por Síntesis extrema –reducción a lo esencial sin pérdida de identidad–, rigor geométrico –con estructuras claras, casi matemáticas– y vocación pública –el diseño al servicio de lo colectivo–, así lo expresa-
En este sentido, su trabajo conecta con una tradición moderna europea, pero adaptada a un contexto español que en los años 60 y 70 estaba todavía en proceso de construcción visual.
Su influencia no se limita a los logotipos. También diseñó billetes para el Banco de España, desarrolló identidades para ministerios y participó en proyectos culturales de gran visibilidad.
“Debo referirme a la mas notable característica común de todos mis trabajos, cualquiera que sea su género, técnica, materia, dimensión… y es la transversalidad, formal, temática, espacial y temporal que hace que sea posible para mí abordar la realización de obras pertenecientes a ciclos separados entre sí a veces por varias decenas de años.”

Más allá del diseño: arte, investigación y tiempo expandido
Reducir a Cruz Novillo al diseño gráfico sería injusto. Su trayectoria artística es igualmente sólida y profundamente experimental.
Desde su exposición en la galería Skira de Madrid en 1972, su obra plástica —pintura, escultura y grabado— ha estado presente en contextos internacionales como la Bienal de São Paulo (1977) o ferias como ARCO, FIAC, Art Cologne o Art Basel.
Uno de los proyectos más radicales de su carrera es el “Diafragma Dodecafónico 8.916.100.448.256, opus 14”, una obra de duración estimada en 3.392.732 años. Más que una pieza, es una declaración conceptual: el diseño y el arte como estructuras que trascienden la escala humana del tiempo.
Ahí aparece otra dimensión clave de su pensamiento: la relación entre diseño, música, matemática y percepción.
“El diseñador es un arquero que lanza la flecha con el propósito de acertar en el centro de la diana; el artista lanza la flecha y, en el lugar donde se ha clavado, pinta la diana. (El diseñador clava la flecha en la diana. El artista clava la diana en la flecha).”
Maestro, referente, institución
A lo largo de su vida, Cruz Novillo también desempeñó un papel activo como formador y divulgador. Fue profesor invitado en instituciones como la Universidad Francisco de Vitoria, la Universidad Internacional Menéndez Pelayo y la Escuela de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Madrid.
Fue presidente de la Asociación Española de Profesionales del Diseño y miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.
Su trayectoria fue reconocida con algunos de los máximos galardones como el Premio Nacional de Diseño, la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes (2012), el Premio Laus de Honor (2023), otorgado por la ADG-FAD… pero más allá de los premios, su verdadero reconocimiento está en algo menos visible: haber contribuido a definir una cultura visual compartida.
“El diseñador infunde (debe infundir) alma a los objetos. El objeto del diseño es el diseño del objeto. El diseñador convierte objetos en conceptos, el artista convierte conceptos en objetos. Diseñar es poner las cosas en su sitio. El arte es un viaje de ida, el diseño es un viaje de vuelta.”

Cruz más Cruz: continuidad y legado vivo
En 2007 funda junto a su hijo, Pepe Cruz, el estudio Cruz más Cruz en Madrid. Este gesto no es menor: habla de continuidad, de transmisión generacional y de una forma de entender el diseño como práctica viva, no como legado cerrado.
Memoria editorial
Desde Experimenta hemos tenido el privilegio de acompañar y difundir parte de su pensamiento y obra.
En Experimenta Libros dedicamos una entrega de la serie Iberoamérica Gráfica: Maestros a su figura, una colección dirigida por Sonia Díaz, Gabriel Martínez y Felipe Taborda, que busca precisamente reconocer a quienes han construido el mapa del diseño iberoamericano.
Asimismo, somos editores de Confluencias. Supersignos gráficos. Félix Beltrán y Cruz Novillo, escrito por Sonia Díaz y Gabriel Martínez, una publicación que pone en diálogo su obra con la de Félix Beltrán, otro referente imprescindible del diseño en lengua española.
Ambas publicaciones no solo documentan su trabajo, sino que ayudan a entender su pensamiento: el diseño como sistema de signos, como construcción cultural y como herramienta de sentido.

Una ausencia que redefine el presente
La desaparición de Cruz Novillo no es solo la pérdida de un diseñador. Es la pérdida de una manera de entender la profesión: rigurosa, comprometida, estructural.
En un contexto contemporáneo donde el diseño a menudo se diluye en lo efímero, su obra nos recuerda algo esencial: que diseñar no es solo comunicar, sino construir significado duradero.
Su legado no está únicamente en los símbolos que creó, sino en la forma en que esos símbolos siguen operando en la vida cotidiana de millones de personas.
Y eso —en última instancia— es el mayor logro al que puede aspirar un diseñador. Porque cuando el diseño deja de notarse, pero sigue funcionando, es cuando realmente ha pasado a formar parte de la cultura.
“Diseñar es crear. Yo no concibo que se pueda ser diseñador ni que se pueda ser artista sin la voluntad específica de innovar.De crear. Crear en el mundo del diseño es una especialidad; hay otras: realizar, redactar, fotografiar, filmar, «tipografiar», ilustrar… A crear, cada cual en lo suyo.¡No copiar nunca nada! Esta sí que es una revolución pendiente.”
Cruz Novillo ya no está, pero su obra —precisa, silenciosa, estructural— seguirá hablando durante mucho tiempo. Probablemente, durante más tiempo del que cualquiera de nosotros pueda medir.



